Sobre el 70 aniversario de la rendición de Japón

15 de agosto de 2015

Fue una mala decisión lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki – a pesar de que todavía lo aprueba el 56 por ciento de los estadounidenses-, [1] y acabar con la vida de cientos de miles de civiles que fueron vaporizados o abrasados tras las explosiones nucleares que partieron el mundo y dejaron escrita con “tinta negra [2]” una de las páginas más macabras de la historia de la Humanidad.

¡Hiroshima, mon amour! (o los fantasmas descarnados que vieron "los hibakusha")
A-Bomb Dome. Monumento de la Paz de Hiroshima. La estructura más próxima que aguantó la bomba atómica.
Poco antes de ordenarse el genocidio, el presidente estadounidense Harry S. Truman [3] escribía en su diario:

Hemos descubierto la bomba atómica más terrible de la historia de la humanidad. Es la destrucción masiva que se predijo (¿por algún profeta?), -después de Noé y su fabulosa Arca-, en la Época de Mesopotamia.

La ciencia daba la oportunidad de demostrar a “los japos” que había nacido un imperio, muy superior a todos los anteriores, que en menos de lo que canta un gallo podía reducir a cenizas, a la nada, “al enemigo”. Así se inauguró “Apocalypse Now”: la Era del exterminio masivo de civiles.

Sobre Hiroshima cayó la bomba atómica “Little Boy” (El muchachito) el 6 de agosto de 1945 y, tres días después, “Fat Man” (El gordinflón) [4] arrasó Nagasaki. Se cree que en ambas ciudades murieron unas 260.000 personas [5], de las cuales 120.000 perecieron al instante, muchas de ellas vaporizadas, y otras 60.000 sucumbieron en los minutos y horas posteriores. El resto fallecería en las semanas, meses o años venideros.

¡Cuántos japoneses hemos matado en un instante! ¡Dios mío! ¡Qué hemos hecho! – escribió Robert Lewis, copiloto del bombardero “Enola Gay” [6], en una carta dirigida a sus padres tras contemplar el infierno que surgió de la entrañas de Hiroshima tras la explosión que convertiría la ciudad, de unos 350.000 habitantes, en una espectral urbe crematoria en la que “deambulaban ejércitos de fantasmas”.

En Hiroshima, los diez mil grados que se alcanzaron en un diámetro de dos kilómetros respecto al “punto cero” fundieron metales y granito, y desintegraron a miles de personas que se encontraban en ese radio. A pesar de la censura de los ocupantes, se han conservado fotografías de “sombras nucleares” [7]. Se trata de hombres y mujeres que dejaron su estampa, en pilotes o bancos, de pie o sentados. La hora de la explosión ha quedado inmortalizada, ya que todos los relojes se pararon a las 08:15 de la mañana.

Algo similar ocurrió en Nagasaki, cuando el bombardero “Bockscar”, que no pudo arrojar al “Gordinflón” sobre el centro de la urbe, ya que el cielo estaba nublado y se estaba agotando el combustible, dejó caer al “Fat Man” sobre un barrio periférico del Valle de Urakami, lugar de emplazamiento de la ciudad [8].

Ese mismo día, el 9 de agosto, el presidente Harry S. Truman justificaba con estas palabras el lanzamiento de la bomba atómica:

La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar la vida de miles y miles de jóvenes estadounidenses”.

Los supervivientes de las explosiones, conocidos como “los Hibakusha” (los bombardeados), narran que por las calles deambulaban “legiones de fantasmas”, hombres, mujeres, niños y niñas, que “sin carne entre los huesos o sosteniendo la piel que se les caía a tiras”, trataban de alcanzar los ríos “para refrescarse” o se derrumbaban con sus extremidades deshechas o derretidas.

A las víctimas habría que añadir los miles de niños que nacerían con deformaciones y malformaciones en las semanas, meses o años después de las explosiones nucleares. Los supervivientes y sus descendientes no quieren hablar de ello. Es como si no existieran, como si fueran sombras de lo que nunca fueron o serán.

A las víctimas habría que añadir los miles de niños que nacerían con deformaciones y malformaciones

El 15 de agosto, cuando los norteamericanos bombardeaban Tokio, el emperador japonés Hiro-Hito pidió la rendición en una inusual alocución por radio que duró cuatro minutos y medio. En la memoria de los nipones han quedado estas palabras:

Ha llegado la hora de deponer las armas. Estoy dispuesto a soportar lo insoportable y sufrir lo insufrible (en aras de la paz)…”

Poco después Harry S. Truman anunciaba en la Casa Blanca, ante una multitud de periodistas y altas personalidades:

Japón se ha rendido. Ya podemos traer a los chicos a casa”.

Los estadounidenses, los aliados, la prensa, la radio, el cine, los voceros etc., han repetido hasta la saciedad, durante décadas, haciendo caso omiso a “la voz de la conciencia colectiva” que el bombardeo nuclear fue necesario para salvar vidas. Muchos siguen polemizando sobre el asunto. Algunos nunca lo hicimos, siempre tuvimos claro que fue un error. Y los errores, pronto o tarde, se acaban pagando.

¡Oh, Hiroshima Mon Amour! ¿No era posible librar la batalla final de otra forma, (la guerra ya estaba ganada [9]), para no dejar semejante agujero negro en las esperanzas, cada vez mas vapuleadas, de la humanidad?

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para gritar que no es bueno que los europeos se hayan convertido en perritos falderos de EEUU y que, como en los carneros de Panurgo, copiemos todo lo que viene de allí. Así, cuando el más borrego se tira al precipicio, gran parte de los españolitos le imitan y balan de éxtasis en el vacío.

Javier Cortines
http://www.nilo-homerico.es/

Notas

[1Fuente: Pew Research Center (EEUU, 2015). Se añade que un 34 por ciento de los estadounidenses, muchos de ellos jóvenes, condenan los citados bombardeos nucleares. Si hay futuro, está en ellos.

[2Alusión a la lluvia ácida o negra (black rain) que cayó tras las explosiones.

[3Harry S. Truman (12 de abril de 1945-20 de enero 1953).

[4La primera bomba “Little Boy” era de uranio. La segunda “Fat Man” (Gordinflón) era de plutonio. La que cayó sobre Nagasaki era de mayor potencia, pero causó “menos víctimas” al impactar en un barrio periférico de la ciudad.

[5Son estimaciones, las cifras varían de una fuente a otra.

[6En el “Enola Gay” había ocho tripulantes, incluido el copiloto Robert Lewis y el piloto Paul Tibbets.

[7Huella que dejaron las víctimas tras vaporizarse.

[8De unos 240.000 habitantes.

[9Alemania se rindió el 7-8 mayo de 1945, dependiendo de la franja horaria.