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Un nuevo año y las mismas tareas 

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En la época que va desde el golpe de Estado con su tiempo de horror y de desapariciones hasta más o menos el año 2006 perdura esa ideología de la antipolítica y de la falta de compromiso por lo que nos pasa. La situación cambia gracias al movimiento popular surgido a partir de las batallas estudiantiles que hacen colapsar lenta pero progresivamente la manera de hacer política del régimen. Lo interesante es que a partir de aquel protagonismo de los estudiantes, con la irrupción de los mismos en la escena nacional, no hay duda que veremos la caída del paradigma neoliberal.
De hecho, con el nuevo protagonismo de los sujetos políticos venidos de la cultura popular somos cada vez más los trabajadores que entendemos que los dominantes (por la concepción de la política que avalan) renunciaron hace tiempo a la soberanía y al bienestar común. Lo hacen porque aunque la voluntad del pueblo es la base de la independencia ellos la reprimen al tiempo que destruyen el sistema productivo en favor de las corporaciones: devastaron la industria nacional, endeudaron al país para financiar la evasión de capital, dilapidaron nuestro patrimonio y redujeron la inversión y nuestros salarios. Así y todo hoy la Nueva Mayoría se atreve a hablarnos de “reforma” laboral.
Con el neoliberalismo prevalecen algunos modos de control que reivindican variadas formas de degradación de la soberanía popular y del bien de todos. Es decir, existe un régimen que es democrático solo en lo formal porque las decisiones de mayor trascendencia, las de carácter tanto políticas como económicas que racionalizan un modo de crecimiento y de desarrollo, son instrumentadas en la práctica por la lógica del Consenso de Washington. Estamos en la época en que la política comprometida con la soberanía es reemplazada por nuevas formas de gobernar ligadas a la gestión y lucro privado.
El requisito central para que este desastre sea posible, es decir, para que la supresión de la política en términos de acción libertaria sea real, se debe a la imposición del libertinaje de los mercados. Primero a través de la violación de los derechos humanos de cuanto opositor se le cruzara por el camino y posteriormente, en esta etapa, a partir de maneras más refinadas de control. Entonces, el proceso de pérdida de la soberanía que tuvo lugar hace cuatro décadas consolida el predominio de las transnacionales en todos los ámbitos. Mientras esto pasa la política como verbo del cambio desaparece humillada por el nuevo dogma dominante que reivindica la preeminencia del mundo corporativo.
La concentración económica que tiene lugar a partir de ahí produce que esos actores- las transnacionales y los grupos que representan- se hagan con un considerable poder de veto y de decisión, con la consiguiente pérdida de nuestra soberanía en relación a los asuntos estratégicos de Chile. Por desgracia, la preponderancia del capital extranjero en la economía conlleva una serie de otros aspectos críticos que se sintetizan en que las corporaciones en cuanto a sus estructuras productivas internas representan de forma clara una distribución del ingreso muy regresiva en términos de justicia social y de igualdad de oportunidades. La lucha sigue en el 2015.

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