Edmundo Pérez Yoma y el arte de resucitar fantasmas
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
12 años atrás 4 min lectura
La frase de Hegel, que “la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa” y tomada por Karl Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, no deja de tener profundo sentido: las declaraciones de Pérez Yoma a una periodista del diario La Tercera, ha servido para resucitar viejos fantasmas de muertos, que se resisten a descansar en paz – dicen los parapsicólogos que este fenómeno se produce, fundamentalmente, en personas que han fallecido a causa de suicidio, o bien, violentamente, y no han podido completar su karma en la tierra – hecho que está ocurriendo en la vieja Concertación y aún con la más anciana idea del camino propio.
Junto con la confusión existente en el gobierno, lo que más daño le está haciendo a la Nueva Mayoría es el constante “penar” de estos dos fantasmas, el de la vieja Concertación, que se niega a descansar en paz, quizás en el purgatorio, lugar que le correspondería, y el del camino propio, que ha sido siempre una tentación de la Democracia Cristiana, desde su fundación, pero como analizaremos en este artículo, es tan solo una ilusión fantasmagórica.
La idea del partido transversal de revivir el triunfo de los autocomplacientes, la democracia de los acuerdos y la permanencia en el statu quo forma parte de las ilusiones de los antiguos concertacionistas, que están muy incómodos por el solo hecho de que el actual gobierno está empezando a cumplir su programa de gobierno, lo cual constituye una insensatez, pues para estos políticos pragmáticos una cosa son las ofertas en período electoral y, otra, muy distante es en la práctica de gobernar.
El sueño del pibe de los viudos de la Concertación sería que la Presidenta, su gabinete y la actual combinación política que la apoya, dejara de lado su “quijotesca locura” – como el personaje de Cervantes – y volviera a la “cordura”, es decir, como ocurrió en el primer mandato de Bachelet, entendiera que es necesario detener el curso de las reformas, o bien, transarlo con la derecha o, en el mejor de los casos, esperar un “mejor momento” para recolocarlas en la agenda.
La idea del “centro político” siempre ha sido un factor de complicación para diseñar las políticas de alianzas dentro de la Democracia Cristiana. Cuando tenía el 2% o 3% en el período de La Falange, era fácil sostener la idea del partido de vanguardia por encima de la derecha e izquierda – como lo sostenía Jaime Castillo Velasco – y luego, la experiencia de partido hegemónico, con Eduardo Frei Montalva demostró, hasta la saciedad, la imposibilidad de seguir el camino propio rechazando las alianzas, pues terminó, hacia el año 1969, en la fragmentación del partido.
Es posible que el fin del sistema binominal abra el camino del replanteamiento de las combinaciones duopólicas, dando lugar a un re-baraje del naipe que sea capaz de despertar las ilusiones del sector concertacionista, en el sentido de abandonar la “incómoda” Nueva Mayoría, que no lo es, como algunos creen, pues incluye a los comunistas que, en muchos aspectos son
Mucho más moderados, leales y responsables que cualquier partido de gobierno. El quiebre de fondo se ubica entre llevar a cabo las reformas o transarlas – una democracia de mayorías, o una democracia de los acuerdos -. Está por verse si la oposición de los huérfanos de la Concertación logrará doblarle la mano a la Presidenta o atreverse a profundizar las reformas.
Lamentablemente, para el ex ministro Edmundo Pérez Yoma la historia, que antes era tragedia – según la frase del filósofo alemán – hoy se repite ya convertida en farsa, pues el camino propio, que servía al sector freista, de los años 60, para disimular su anhelo de alianza con la derecha, hoy se convierte en una comedia que sólo puede representarla personajes como Andrés Velasco y su Fuerza Pública, movimiento integrado por muchos democratacristianos que, tarde o temprano, tendrán que elegir entre la flecha roja o esta sección de “los carabineros”. Por mucho que pataleen los personajes que añoran la vuelta de la Concertación al escenario político, tendrán que convencerse que ya murió, especialmente con la derrota de 2009; lo más sano sería, para el bien de la democracia, dejarla descansar en paz.
13/11/2014
Artículos Relacionados
Bachelet y Almagro: almas gemelas
por Angel Guerra Cabrera (México)
7 años atrás 4 min lectura
El obispo predica la parábola del gatopardo
por Luis Agüero Wagner (Paraguay)
18 años atrás 3 min lectura
La noticia desconocida en España: la nacionalización de la General Motors en EEUU
por Vicenc Navarro (España)
15 años atrás 5 min lectura
¿Engañados por segunda vez? De Iraq a Irán
por Marjorie Cohn (GlobalResearch)
20 años atrás 6 min lectura
1 Comentario
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.
La genialidad del soviético Yuri Knórosov y el desciframiento de la escritura maya
por Instituto Nacional de Antropología e Historia (México)
14 horas atrás
12 de octubre de 2026
«Revista Análisis. Crónicas inolvidables»
por Juan Pablo Cárdenas Squella (Chile)
1 día atrás
11 de octubre de 2026 «Juan Pablo Cárdenas nos entrega en este libro trazos de la historia de la revista Análisis, una publicación que fue fundamental en la lucha…
12 de octubre en Las Urracas de Emaus, Quinta Normal, 16:00 horas
por Comité Memorial Puente Bulnes (Chile)
12 horas atrás
12 de octubre de 2026
– 53 años de la masacre de 14 jóvenes y adolescentes de Puente Alto, ocurrida en el Puente Bulnes, incluyendo a La Motita, de 14 años de edad y 6 meses de embarazo.
¿Qué ocurría en el continente antes de la llegada de Colón a la Abya Yala?
por piensaChile
1 día atrás
11 de octubre de 2026
La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos.
La historia de Chile es una muestra fecunda de que los trabajadores no somos nada sin organización política, sin esos partidos o movimientos, sindicatos, etc., que defienden nuestros intereses de clase. De ahí la gravedad de que el PC o el PS, diciéndose de izquierda, revolucionarios inclusive, en los hechos se conviertan en los partidos más moderados, leales y responsables del gobierno para así resguardar la estabilidad de una «democracia» de muy baja intensidad.
Esos partidos deberían blanquear su posición ideológica porque si entendemos que una organización de izquierda lo que busca es el cambio- definido en sus propuestas programáticas a través de la participación popular- debo decir que ellos están lejos de serlo. Seamos claros: la finalidad de la izquierda es llevar a los trabajadores al poder para así construir el país que nos merecemos. De ahí que cuanto más amplios son los sectores de la clase que organizamos, más cerca estamos de realizar la tarea de una emancipación que no acepta el oportunismo. Por eso, la organización política del movimiento social es nuestra única opción y en ella nuestros maestros son fundamentales.