Alimentos desperdiciados en Latinoamérica son suficientes para nutrir 47 millones de personas
por ADITAL
12 años atrás 4 min lectura
En América Latina y el Caribe se pierden y desperdician más alimentos que los que son necesarios para satisfacer las necesidades nutricionales de las 47 millones de personas que aún sufren hambre en la región, señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El informe «Pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina y el Caribe”, de la Oficina Regional de la FAO, destaca que el 6% de las pérdidas globales de alimentos se dan en la región.
«Cada año la región pierde o desperdicia alrededor del 15% de sus alimentos disponibles, lo que impacta la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, reduce la disponibilidad local y mundial de comida, generan menores ingresos para los productores y aumentan los precios para los consumidores”, explicó el representante regional de la FAO, Raúl Benítez.
Benítez agregó que las pérdidas y desperdicios también tienen un efecto negativo sobre el medio ambiente debido a la utilización no sostenible de los recursos naturales. «Enfrentar esta problemática es fundamental para avanzar en la lucha contra el hambre y debe convertirse en una prioridad para los gobiernos de América Latina y el Caribe”, señaló Benítez.
¿Qué son y dónde ocurren las pérdidas y desperdicios?
Según la FAO, las pérdidas se refieren a la disminución de la masa disponible de alimentos para el consumo humano en las fases de producción, post-cosecha, almacenamiento y transporte. El desperdicio de alimentos se refiere a las pérdidas derivadas de la decisión de desechar alimentos que todavía tienen valor nutricional, y se asocia principalmente con el comportamiento de los vendedores mayoristas y minoristas, servicios de venta de comida y los consumidores.
Las pérdidas y desperdicios ocurren a lo largo de la cadena alimentaria: en la región, el 28% ocurre a nivel del consumidor; el 28% a nivel de producción, el 17% en mercado y distribución, el 22% durante el manejo y almacenamiento y el 6% restante a nivel de procesamiento.
Pérdidas en la venta al detalle
Con los alimentos que se pierden en la región sólo a nivel de la venta al detalle –es decir en supermercados, ferias libres, almacenes y demás puestos de ventaretail– se podría alimentar a más de 30 millones de personas, es decir, al 64% de quienes sufren hambre en la región.
Los alimentos que se pierden a este nivel en Bahamas, Jamaica, Trinidad y Tobago, Belice, Colombia son equivalentes a los que se necesitarían para alimentar a todos quienes sufren hambre en dichos países.
Antigua y Barbuda, Bahamas, Jamaica, Saint Kitts y Nevis, Trinidad y Tobago, Belice, Bolivia, Colombia, Ecuador, El Salvador, Surinam y Uruguay podrían disponer de alimentos equivalentes a los que necesitan para alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, si redujeran sólo ese tipo de pérdidas.
«Aunque es importante señalar que los países de la región disponen de calorías más que suficientes para alimentar a todos sus ciudadanos, la enorme cantidad de alimentos que se pierden o que acaban en el tacho de la basura es sencillamente inaceptable mientras el hambre continúe afectando a casi el 8% de la población regional”, explicó Raúl Benítez.
¿Cómo acabar con las pérdidas/desperdicios?
Existen formas de evitar las pérdidas y desperdicios en todos los eslabones de la cadena, principalmente mediante inversiones en infraestructura y capital físico, mejorando la eficiencia de los sistemas alimentarios y la gobernanza sobre el tema mediante marcos normativos, inversión, incentivos y alianzas estratégicas entre el sector público y privado.
Un ejemplo son los bancos de alimentos, los cuales reúnen comida que por diversas razones sería descartada para su redistribución, y que ya existen en Costa Rica, Chile, Guatemala, Argentina, República Dominicana, Brasil y México. La Asociación de Bancos de Alimentos de México, por ejemplo, rescato 56 mil toneladas de alimentos sólo en 2013.
La sensibilización pública también es clave, y se puede realizar a través de campañas dirigidas a cada uno de los actores de la cadena alimentaria, como lo realiza la Iniciativa global SAVE FOOD, una alianza entre la FAO, PNUMA y la compañía alemana Messe Düsseldorf. SAVE FOOD reúne a 250 socios, organizaciones y empresas públicas y privadas y lleva a cabo campañas en todas las regiones del mundo.
*Fuente: Adital
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Como siempre, se realizan los estudios, se buscan soluciones masivas a través de recursos políticos , inversiones, empresas nuevas y la correspondiente burocracia.
En mi comunidad todos tenemos desde hace 50 años una regla de oro:
Cada uno aparta, antes de empezar a consumir su plato, la cantidad de comida que no ingerirá.
Usted dirá lo que dije yo el primer día que la conocí: si en cada hogar, si en cada restaurante, si en cada regimiento, en los centros y patios de comida, cada comensal hiciese lo mismo, alguien tendría que dar un destino a eso que ocurre al menos dos veces cada día: ¿a quien se los doy?
En mi comunidad todo se aprovecha, porque como en la mayoría de las casas, hay recursos caseros: se refrigera, o se sirve en otro momento, o se recicla en sopas, se incorpora a otros platos en forma inteligente y creativa..etc.
También se pueden reparte entre algunos conocidos que siempre acuden a la puerta, se lleva o entega a instituciones que hacen servicio social…
Si fueran sobras de cocina, todo lo orgánico se va a un compostaje.
Es decir, desde la célula básica del consumo diario de alimentos, se realizan los proyectos mayores.
Pero, claro, eso de esperar que haya consciencia….es muy lento.
Claro….así no funciona una gran ciudad moderna.
¿Quien, en un restaurante, apartaría en un plato aparte y común, una fuente en cada mesa, lo que no ingerirá?¿No es acaso una falta de respeto si hago eso en otro lugar que no sea mi casa?
Horrible ¿cierto?
Se vería muy mal….
Mientras se encuentran soluciones – porque hay muchas posibles- yo practico la regla de oro.