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Maura Brescia y la leyenda del «fusil ausente» de Camilo Taufic 

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«La verdad no se avergüenza de nada, salvo de ser escondida»
Tertuliano

En mi artículo titulado: «El fusil de Presidente Allende no era un AK 47», publicado originalmente en las páginas virtuales de piensaChile, el 25 de julio de 2011, me propuse dar respuesta a una serie de interrogantes que aquella histórica arma planteaba a los investigadores de la muerte del Presidente. En realidad, aquel artículo era un desarrollo y puesta al día de algunas observaciones y conclusiones a las que yo había llegado en mi libro del 2006, titulado: Las muertes de Salvador Allende, cuya nota 126, ubicada en el recuadro de su página 141, se iniciaba con la siguiente frase: «Técnicamente hablando [el arma del Presidente no era] un fusil ametralladora sino un «rifle de asalto» AK (Avtomat Kalashnikova, es decir, (Arma) Automática de Kalashnikov), diseñado originalmente en 1949 por el legendario Mijail Timofeyevich Kalashnikov (1919-2013) para las tropas aerotransportadas soviéticas».

Aunque allí se contenían un par de errores, que corregí en el artículo del 2011, esta fue la primera vez que un investigador de la muerte de Allende se refería a las características técnicas de aquella arma. Este conocimiento era altamente importante, en primer lugar, para poder identificarla correctamente, porque entre quienes habían escrito sobre el tema existía un total desconocimiento de sus específicas características, por lo que, sin excepción, el arma del Presidente era confundida no solo por el público, sino también por los estudiosos, con otras de las armas concebidas y fabricadas posteriormente a la Segunda Guerra Mundial por el gran diseñador soviético.

A aquella ignorancia general se superpuso en el año 2006, una leyenda inventada (sí, inventada) por el conocido periodista Camilo Taufic, de acuerdo con la cual del fusil AK del Presidente, aquel que le había obsequiado Fidel Castro en su vista a Chile en 1971, «no salió ningún tiro el 11 de septiembre, ni el arma estuvo en La Moneda, al menos mientras Allende vivió. Desapareció el mismo día, y nunca más se la ha vuelto a ver, aparentemente destruida –junto a todas las otras pruebas físicas de las armas y proyectiles que pudieron intervenir en la muerte de Allende—por orden del general Javier Palacios, siguiendo instrucciones de la Junta Militar»(1).

Con el fin de suministrar alguna prueba de que el fusil de Allende no llegó a La Moneda la mañana del 11 de septiembre, Taufic puso como testigo a Joan Garcés, el Asesor Presidencial, quien supuestamente le habría confirmado a don Víctor Pey, el español dueño de El Clarín, y el más cercano amigo de Allende, que su fusil «nunca salió de El Cañaveral, siempre estuvo allí, expuesto en una pared del living». Para darle más credibilidad a su historia, Taufic agregaría los siguientes nuevos detalles: «la noche del 10 al 11 de septiembre, tanto Garcés como el periodista Augusto Olivares pernoctaron en Tomás Moro (la casa presidencial). En la madrugada (2) se trasladaron a La Moneda, tras los autos que llevaban al Presidente y su escolta, armados cada uno de sus integrantes con fusiles ametralladoras AKS. Estos eran 20 o 30, según distintas fuentes, pero el arma obsequiada por Fidel Castro seguía en el Cañaveral». De lo cual concluía finalmente Taufic:

«Así, en el mejor de los casos, la metralleta de Fidel quedó secuestrada en la Intendencia, aunque lo más probable es que nunca haya salido de El Cañaveral, como sostiene Joan Garcés. Pero desde la Intendencia o desde El Cañaveral pudo ser fácilmente trasladado ese AK a La Moneda, una vez concluida la batalla, disparar dos balazos a la muralla, atravesando el gobelino, e inventar la fórmula del suicidio de Allende con el obsequio de Fidel que propagandísticamente asociaba –y en forma subliminal- el final de la vía pacífica con el castrismo» (3). En otras palabras, Taufic le insuflaba una nueva vida a la vieja “teoría del montaje” de Robinson Rojas, introducida por éste, hace ya más de 40 años, en Estos mataron a Allende, su controvertido libro.

Tiempo después de leer el artículo de Taufic en La Nación, le pregunté yo en un correo electrónico a don Víctor Pey, si acaso era cierto lo que afirmaba aquél acerca del fusil AK del Presidente, y me contestó que él no estaba en condiciones de afirmar ni negar aquella historia.

Posteriormente, Taufic invocaría, también, como testigo de la verdad de sus afirmaciones a Max Ropert Contreras, el hijo sobreviviente de la Payita, quien durante la época previa al Golpe residía en la casa de El Cañaveral, en uno de cuyos muros colgaba el fusil de asalto del Presidente, y donde, supuestamente, habría quedado abandonado la mañana del 11 de septiembre. Pero ocurre que Max Ropert desmintió categóricamente las afirmaciones de Taufic, sin que, al parecer, ello haya constituido el menor obstáculo para que el conocido periodista continuara difundiendo su apócrifa historia del fusil AK que no habría llegado a La Moneda.

Camilo Taufic falleció en Chillán, el 9 de junio de 2012, a los 74 años de edad, víctima de un infarto al miocardio, pero su historia del fusil ausente ha vuelto a cobrar vida, una vez más, porque recientemente ha sido rescatada, remozada y reintroducida en el debate por Maura Brescia, en su reciente libro sobre el Presidente, titulado: Salvador Allende. La verdad de su muerte. «Mi Carne es Bronce para la Historia», según veremos a continuación.

Si se examinan las páginas 78 a la 83 del libro de la periodista chilena, en las que se reproduce aquella leyenda en forma enteramente acrítica, como si fuera la verdad misma, se observará que ella no menciona ni una sola vez en su texto el nombre de su creador. A tal punto llega la desfachatez de la autora que, incluso, en el índice onomástico de su libro figura sola una vez el apellido Taufic, (como citado en la página 160), es decir, en relación a la leyenda del «suicidio asistido» de Allende, otra de las historias producidas por la fértil imaginación de Taufic, con el fin de explicar lo que habría ocurrido en el Salón Independencia de La Moneda, la tarde del 11 de septiembre de 1973. Pero en aquel índice no se nombra ni una sola vez a Taufic, en relación a la leyenda del «fusil ausente». Por cierto, no se necesita ser muy astuto para darse cuenta que Maura Brescia no se hubiera atrevido a apropiarse en forma tan descarada del escrito de un conocido colega suyo, si no hubiera sabido de antemano que Taufic nunca podría denunciarla ante el Colegio de Periodistas, porque había fallecido.

La autora se refiere, de manera amplia, al fusil AK del Presidente en dos lugares diferentes de su libro: en el capítulo V, páginas 78 a la 83, y en el capítulo XII, páginas 149 a la 161. Con el fin de no extender demasiado este artículo, nos limitaremos hoy a examinar las páginas del capítulo V, y dejaremos para un segundo artículo el contenido del capítulo XII.

En las primeras dos líneas de la página 78, que lleva como subtítulo: Arma Emblemática, Maura Brescia introduce aquella leyenda inventada por Camilo Taufic en forma textual: «El fusil AK-47 regalado por el líder cubano a Salvador Allende nunca estuvo el 11 de septiembre de 1973 en manos del Presidente», pero se cuida de indicar la procedencia de aquel pasaje entrecomillado, que no es otro que el artículo de Taufic publicado el 2006 en el diario La Nación, bajo el título de «Todas las muertes del presidente Allende», que hemos identificado en más detalle en la nota No. 1 de este artículo. A continuación la autora trae a cuento unas declaraciones que habría hecho a la televisión el general Javier Palacios el mismo 11 de septiembre, frente al número 80 de la calle Morandé, según se nos dice, al atardecer de aquel trágico día, en las que junto con mostrar una ametralladora, que supuestamente habría sido un AK-47, el general afirmó que se habría tratado del arma utilizada por Allende para darse muerte. Maura Brescia procede entonces a reproducir un diálogo que tuvo lugar en aquella oportunidad entre el general Palacios y un cierto periodista que se encontraba allí. En él el soldado golpista intenta demostrar que aquella arma habría pertenecido efectivamente al presidente Allende, mediante el simple recurso de leer en voz alta la dedicatoria de Fidel Castro que, aunque no se lo dice, se habría encontrado grabada en su empuñadura. Finalmente, aquel periodista innominado le pregunta a Palacios ¿En qué lugar exacto apareció [aquella arma]?, y el general golpista le responde: «En manos del Señor Allende, en los momentos en que entramos a su oficina, cuando ya estaba muerto». Curiosamente, justo debajo del texto de aquellas declaraciones aparece una fotografía, de bajísima resolución, en la que se ve lo que parecieran ser dos soldados mostrando un arma que sostienen conjuntamente en sus manos, cuyas características es imposible poder determinar. Al pie de la fotografía escribió la autora la siguiente frase: «[El] general Palacios, muestra el arma que no coincide con el AK-47 regalado por Fidel Castro».

Se contiene aquí un significativo detalle digno de ser examinado, puesto que la autora sin duda lo sabe, lo declara y lo repite, más adelante en el Capítulo XII de su libro, como si fuera un gran descubrimiento suyo, que el fusil del Presidente no era un AK 47, sino un AKMS. ¿Pero cómo habría llegado a saber ella esto?, simplemente leyendo mi artículo «El fusil del presidente Allende no era un AK 47», citado al comienzo de este artículo. Pero si Maura Brescia conocía la conclusión central de aquel artículo mío, se pregunta uno, ¿por qué sostiene ella en el capítulo V de su libro que el arma del Presidente habría sido un AK 47? Lo mismo afirma la periodista en la siguiente página 79, donde escribe: «De acuerdo con el testimonio de Víctor Pey, el fusil AK-47, la auténtica arma obsequiada al presidente Allende en 1971 por el Comandante Fidel Castro Ruz durante su visita a Chile…». Si entendemos correctamente lo que allí se dice, según la periodista existirían dos distintos fusiles de Allende, uno auténtico y otro falso, que habría que distinguir e identificar correctamente. No trataremos de resolver este curioso enigma por ahora, pero queremos dejar constancia de él, que intentaremos resolver en un segundo artículo.

Volviendo a lo central, es manifiesto que toda la «información» contenida en los pasajes del referido capítulo hasta aquí reproducido, ha sido desplegada allí por su autora, con el fin de preparar el terreno para la gran «revelación» que viene a continuación, en la página 79, y que dice así:

«El asesor político de Allende, el abogado español Joan Garcés, frecuentaba tanto la casona presidencial de Tomás Moro, como el refugio de El Cañaveral, camino a Farellones. La metralleta obsequiada por Fidel Castro a Salvador, confirmo Garcés, nunca salió de El Cañaveral; siempre estuvo allí expuesta en una pared del living». Significativamente, la parte destacada de este pasaje es una frase textual tomada ilícitamente por Maura Brescia del artículo de Camilo Taufic antes citado. A continuación la autora describe, como si se tratara de algo salido de su propio caletre, la segunda «prueba» aducida por Taufic como confirmación de su leyenda del «fusil ausente», esto es, el supuesto testimonio de don Víctor Pey, en los siguientes términos:

«Esto fue reafirmado por Víctor Pey, quien señaló a la autora, que el arma permaneció expuesta como un trofeo en El Cañaveral, hasta las 7.30 horas del 11 de septiembre de 1973, cuando Miria Contreras la descolgó de la pared, [falta un trozo de texto aquí] en un recorrido que partió por Tomás Moro hasta la esquina oriente de La Moneda, y de ahí a la Intendencia». Cada uno de los detalles indicados por Maura Brescia, cumplen aquí, por cierto, la función de dar credibilidad a la historia apócrifa, concebida por Camilo Taufic, según la cual el fusil del Presidente no habría ingresado a La Moneda colgando de su hombro, sino que habría caído en manos de los golpistas, al ser detenido el hijo mayor de la Payita, por efectivos policiales golpistas, frente al edificio de la Intendencia. Aquella arma habría sido llevada en el vehículo de Enrique Ropert Contreras, junto con otras armas, con la intención de que fuera utilizada en la defensa de La Moneda.

Enfrentado a todo este constructo explicativo, cuyo creador es ocultado, y sin más apoyo que unas declaraciones no confirmadas de Joan Garcés y don Víctor Pey, decidí consultar directamente a este último, por tratarse de la única persona capaz de confirmar, o refutar, toda esta alambicada historia. Sirviéndome del Internet, el día 30 de junio del 2014, le hice al gran amigo de Allende las siguientes tres preguntas, que alternaremos con sus respectivas respuestas:

Pregunta No. 1.

¿Puede Ud. corroborar, o refutar, las afirmaciones hechas por Maura Brescia, como salidas de la boca de Joan Garcés, en el sentido de que él hubiera dado fe de que el fusil del presidente Allende fue dejado en El Cañaveral, la mañana del 11 de septiembre?

Respuesta: «No. No puedo corroborar ni refutar esas palabras, supuestamente dichas por Joan Garcés. Nunca he hablado con él de este tema».

Pregunta No. 2.

¿Es cierto que Ud. habría sido entrevistado por Maura Brescia acerca de este asunto (¿Cuándo habría ocurrido ello?), y que en dicha oportunidad Ud. habría reafirmado lo supuestamente dicho por Joan Garcés, y que, además, Ud. habría señalado en la misma entrevista que: «el arma permaneció expuesta como un trofeo en el Cañaveral, hasta las 7:30 horas del día 11 de septiembre, etc., etc.»?

Respuesta: «Que yo recuerde, no he sido entrevistado por Maura Brescia. Si así ha sido, no lo recuerdo. Lo que, sobre todo ello, recuerdo claramente es que Allende tenía en Cañaveral un AK con el que, en múltiples ocasiones, disparó desde la casa de Cañaveral, apuntando como blanco a una gran piedra, rodada, que estaba al otro lado del riachuelo. Yo también, estando con Allende, usé ese fusil apuntando al mismo blanco.

Nunca vi un AK en Tomás Moro. Allende salió, el 11 de septiembre de 1973, desde Tomás Moro a La Moneda. Elucubrando sobre lo que lo dicho implica, pensé, en la posibilidad de que el AK que tuvo Allende ese día en sus manos pudiera haber sido de los miembros de la Policía de Investigaciones. Hablé en una oportunidad con el comisario de esa policía que ese día fue a La Moneda, quien me dijo que, efectivamente, varios de sus hombres cargaron ese día un AK, de manera que si así hubiera sido, algunos de ellos pudo haberle pasado su arma a Allende, a instancias de éste.

Todo lo dicho lo hablé por teléfono con Taufic, en varias llamadas telefónicas que él me hizo desde Valparaíso, donde vivía. Leí después algún artículo de Taufic que se refería a esos detalles, recordando que alteraba, sin duda de buena fe, mis dichos. Sentí mucho aprecio por Taufic, en relación a la gran admiración que éste sentía por Allende».

Pregunta No. 3.

¿Es cierto que Ud. le dijo a Maura Brescia, en el curso de aquella misma entrevista, que el fusil AK 47 del Presidente “estaba montado sobre una estructura y culata fina (sic) de madera, como corresponde a un obsequio entre Jefes de Estado, etc., etc.?

Respuesta: «No reconozco esas palabras que supuestamente [yo] le habría dicho a Maura Brescia, a quien reitero que no recuerdo. En todo caso, nunca he entrado a describir los detalles del fusil AK con el que Allende puso fin a su vida, ni pensado si corresponde o no a un Jefe de Estado hacer un obsequio con tal o cual detalle».

Es cuanto puedo decirle respecto de lo solicitado.

Muy cordialmente,

Víctor Pey C.

Se pregunta uno, después de haber leído las precisas, informativas y hasta comprensivas respuestas de don Víctor Pey, ¿qué es lo que queda de la leyenda del «fusil ausente», inventada por Camilo Taufic, pero que posteriormente a su muerte fuera reciclada por su secreta y malagradecida discípula, doña Maura Brescia? Muy poco, en realidad, si es que queda algo. Haciendo uso de la famosa y sabia frase del Eclesiastés, a menudo mal entendida, podría uno exclamar: “Vanidad de vanidades, dijo el predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

Notas:

  1. Camilo Taufic, «Todas las muertes del presidente Allende», La Nación de Santiago, Sección Temas del Domingo, Semana del 10 al 16 de septiembre de 2006.
  2. Como lo hemos señalado antes, «En realidad el 11 de septiembre el Presidente [Allende] no se trasladó a La Moneda «de madrugada», sino entre las 7:15 y las 7:30 de la mañana». Véase: Hermes H. Benítez, «La verdadera muerte de Allende. Respuesta Camilo Taufic», Nota 4. Artículo publicado en piensachile, el 13 noviembre de 2006.
  3. Art. Cit., Ibid.
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4 Comentarios

  1. Mario Céspedes

    Sra Maura Brescia,

    Somos muchos los que hemos leido lo que se dice de sus practicas como autora.
    Usted no tiene nada que decir ?
    Los lectores esperamos que usted tome la palabra y explique su punto de vista.
    Parece evidente que las explicaciones que usted dio al Tribunal Etico de la Region Metropolitana de su Colegio, y que fueron bien recibidas por éste, no satisfacen a los lectores.
    Le hemos pedido al Fiscal que aclare algunos puntos esenciales pero hasta el momento no hemos recibido ninguna respuesta.
    Quizas usted acepte darnos con claridad su version de los hechos.
    Esperamos que no debamos concluir que quien calla…

  2. Maura Brescia

    Con el colega Ernesto Carmona Ulloa fuimos ambos, a las 8 de la mañana del mes de junio de 2012, a una reunión en el departamento del Sr. Victor Pey ubicado cerca de la Plaza Nuñoa. Ahi permanecimos alrededor de un hora, en la cual le pregunté acerca del fusil AK-47. El Sr. Pey dijo lo publicado en mi libro y agregó algo puntual: En un cerro cercano había una piedra pintada blanca, a la que disparábamos para hacer puntería».
    En agosto de 2010 y noviembre de 2011 me reuní con el Sr. Joan Garcés en su departamento madrileño, ocasiones en la cual abordamos los temas que fueron publicados en mi obra..
    Igualmente, en mayo de 2011, me reuní con el Sr. Enrique Ropert Contreras en el hospital San José, el cual declaró las materias que está publicadas en mi libro.
    Es la primera vez que respondo a las diatribas del filósofo Sr. Benitez, quien se cree el dueño intelectual del caso del Presidente Allende. Si no lo hice antes, es porque no me interesa seguirle la corriente a una persona egocéntrica, descentrada y obsesiva, la cual por sus deterioradas condiciones psiquicas, en mi parecer, no vale la pena tomar en cuenta.

  3. Mario Cespedes

    Sra Maura Brescia,
    Los lectores debemos agradecerle su mensaje.
    Su mensaje quiere decir que usted nunca copio en su libro un texto de un articulo o de un libro del Sr Hermes H Benitez sin citarlo ?

  4. Hermes H. Benítez

    A los lectores:
    Que no se engañe nadie, lo que Maura Brescia se propone al impugnar las declaraciones de don Víctor Pey, es dejar «colgando» la duda. Como no existe una grabación, o un video, de aquellas supuestas entrevistas, se busca crear la impresión de que habría una especie de empate. Pero, ¿a quién deberían creerle los lectores? ¿A don Víctor Pey, o a quien ha sido denunciada y encontrada culpable de: «… irrespeto por la propiedad intelectual, de negligencia manifiesta y falta de rigurosidad en el uso de comillas para denotar autoría de fuentes?» Resolución No 1. del Tribunal de Etica y Disciplina del Colegio de Periodistas de Chile, Santiago, 28 de mayo 2014.
    Hermes H. Benítez.

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