El modelo chileno constituye la más radical expresión, de lo que uno de mis mejores amigos, Jorge Vergara, llama “la utopía neoliberal”. Ni Margaret Tatcher, ni Ronald Reagan pudieron instalar, íntegramente, este modelo – mal que mal, los países anglosajones gozan de una democracia, aunque deficiente -. En Chile, el cerdo-carnicero Augusto Pinochet pudo instalarlo, apoyado por Jaime Guzmán Errázuriz y los gremialistas de los Chicago Boys, y a sangre y fuego. Lo que más repugna a la gente decente es que los concertacionistas no sólo mantuvieron el modelo impuesto, sino que también lo profundizaron.
El mercado en Chile invade toda la vida humana – ahora nos referiremos al tema de la Salud, donde se juega la vida y la muerte – y, si no cuenta con dinero y, además, tiene la mala suerte de enfermarse, su muerte será prematura, pues caer en un hospital público es, prácticamente, ingresar al pabellón de la muerte, donde lo tratarán con menos consideración que a un perro, por ejemplo, y, como se sabe, es muy difícil que se cumplan los compromisos adquiridos por el Estado, a través del programa AUGE. En invierno, da pena ver cómo los servicios de urgencia están atestados de niños y ancianos, que claman por un mínimo de dignidad.
Personalmente, acusaría a los ministros de Salud precedentes pues, a mi modo de ver, son gravemente responsables de la Salud Pública – en la época de la república era una de las mejores de América Latina, y hoy de las más privatizadas del Continente – ya que el 70% del gasto en salud lo hace las personas y su familia, y un 30% el Estado.
El ministro Jaime Mañalich se ha convertido en el prototipo del Atila privatizador que, además de ser un doctorcillo prepotente y antipático, ha cumplido, durante los cuatro años de gobierno del plutócrata Sebastián Piñera – que todo lo medía en dinero – con la destrucción de lo poco que quedaba de la Salud Pública – si fuera parlamentario, hace mucho tiempo hubiera reunido a diez colegas para acusarlo constitucionalmente – y la Concertación que nunca tuvo coraje frente a la derecha, continúa en la duda de si someterlo a una comisión de investigación – que sirve de muy poco – o de acusarlo constitucionalmente. Cada se acerca más a la fecha límite de 90 días, para presentar una acusación constitucional.
El prontuario de este ex ministro de Salud es bastante extenso: en primer lugar, gastó $1.200.000 por día-cama en clínicas privadas, que ascendió a la suma de 20.000 millones de pesos, a favor de estas instituciones – $6.000 millones se destinaron a la Clínica Las Condes, donde él era el director antes de asumir la cartera de Salud, y Sebastián Piñera, uno de sus socios principales – caso muy reprochable moralmente, pero que se entiende en un gobierno completamente anómico.
En segundo lugar, – tal vez – engañó al Presidente de entonces, en los estertores de su mandato, haciéndole creer que iba a colocar la primera piedra de un hospital modelo para Puente Alto, cuando apenas habían hablado de un centro especializado de salud, incluso con financiamiento aprobado, que hasta ahora no existe. No sólo fue una burla para las autoridades edilicias y los senadores de la zona, sino, sobre todo contra la dignidad de los maltratados pobladores.
En tercer lugar, los hospitales concesionados han resultado un desastre, en especial el de Maipú y La Florida, incluso, los cuatro senadores actuales de la Región Metropolitana, de los cuales dos pertenecen a la Alianza, han manifestado serias críticas al gobierno de Piñera, en especial a su mismo del ramo, a causa de la pésima gestión de las concesionarias de estos hospitales.
La revolución en Salud es tan necesaria y urgente como en Educación; en la primera se juega la vida de los chilenos y, en segunda, su futuro. Se calcula que el gasto en la reforma en Salud bordea los dos puntos de PIB, es decir, una suma cercana a seis mil millones de dólares – como puede verse, los ocho mil doscientos millones de dólares que pretende recaudar la reforma tributaria, no alcanza a cubrir los gastos en salud – en consecuencia, los pacientes, tanto niños como ancianos, están condenados a ser humillados.
11/05/2014
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Al gobierno plutocrático del pasado poco o nada les puede interesar que unos niños moquillentos, mujeres y hombres con los pies rajados, estén 24 horas esperando atención médica primaria.Debemos reconocer algunas cosas. Nunca la Salud Pública ha sido buena, siempre hemos tenido una salud para privilegiados y otra para el perraje, pero ahora se nota más , simplemente porque al entrar al modelo neoliberal, se profundizó el afán casi maquiavélico de las grandes corporaciones de Salud privada, y el desmedido amor por el dinero de la gente que asiste a estos megasalud y las grandes potencias en salud que tenemos en Chile.La baja ética con la que actuó el deslenguado señor Manalich, en todo su mandato deja en evidencia lo que todos sabíamos cual más, cual menos que siendo un servidor de las grandes oligarquías, poco podría interesarle el elefante blanco de la Salud pública. Es una verguenza que este señor haya tomado la barca de una de las cosas más sensible que tiene el ser humano ¡ su salud ! y sin querer coincidir con lo que dice este señor Gumucio, creo que el dicho para los hospitales cuando una se enferma y debe solicitar esos servicios tendría que decir lamentablemente » los que van a morir te saludan » porque de protección a la sanidad es cero..Más encima este médico ,nos deja con el agua hasta el cuello, con camas de hospitalización en clínicas donde ellos mismos tienen sus grandes y encomiables acciones invertidas..¿Así quien no se hace rico? A costa de lo que sea, pasando por sobre la dignidad de los que tenemos menos y no tenemos otra alternativa ,o nos morimos en casa. Aunque creo que es más barato morirse en casa y después que un matasano venga a entregar el certificado de defuncion y constatar la muerte. ¿ para que vamos a asistir al festival del maltrato, de la mediocridad de algunos hijos de Hipócrates?