«Autodefensas en Michoacán: una lucha a muerte… por la vida»
por Víctor M. Toledo (México)
12 años atrás 5 min lectura
Dos declaraciones se tornan puntos de ignición de la realidad michoacana. Una es la del doctor José M. Mireles, uno de los dirigentes más visibles de las llamadas policías comunitarias: Vamos a limpiar Michoacán del crimen organizado y pediremos nuevas elecciones que no sean manipuladas (Noticias MVS).
La segunda proviene del gobernador de esa entidad, doctor Fausto Vallejo: “Esto de los guardias comunitarios tiene un sustento social, porque estaban hartos de las extorsiones y los abusos, pero que no cometan el error de estar al margen de la ley, si no tanto delincuentes son unos como los otros. […] Haré prevalecer el estado de derecho: los policías comunitarios deben respetar las instituciones” (entrevista en CNN en español con Carmen Aristegui, 19/11). ¿Debe la sociedad respetar a las instituciones o más bien son las instituciones las que deben respetar a la sociedad? ¿Hay estado de derecho en una entidad donde se secuestra, extorsiona y asesina impunemente? ¿Por qué demeritar la labor voluntaria y digna de los policías comunitarios, en lugar de brindarles el apoyo político y militar necesarios? ¿Por qué el Estado no les promueve marcos legales y se coordina con ellos?
Cargada como pocas entidades de cultura milenaria, de historia patria, de recuerdos heroicos, de personajes emblemáticos, Michoacán alcanza de nuevo notoriedad en el contexto nacional y global. Los procesos sociales, culturales y políticos que hoy ocurren en ese estado lo sitúan como un laboratorio de experimentos societarios dramáticos y novedosos. El alud de hechos, investigaciones, denuncias, declaraciones, anécdotas y entrevistas recogidos por la prensa, sus reporteros y comentaristas, como la radio y la televisión, develan un panorama caracterizado por tres fenómenos: A) la proliferación y multiplicación de grupos ilegales que se extienden ya por la mayoría de los más de 100 municipios de la entidad y que combinan circulación de droga y tala ilegal de bosques con extorsiones a productores agropecuarios, comerciantes y familias; B) la impotencia, indiferencia e incluso complicidad de los gobiernos estatal y municipales con esos grupos delincuenciales, y C) una legítima reacción ciudadana de autodefensa, hoy representada por las policías comunitarias, que suman cada día nuevos poblados y municipios.
La comprobación de lo primero corre por las redes familiares, los canales de comunicación de vecinos, amigos y compañeros de trabajo. De lo segundo se han encargado los medios; desde la reunión que tuvo lugar entre La Familia Michoacana y 14 alcaldes electos, varios de ellos funcionarios hoy del gobierno estatal (Proceso), hasta la revelación de un encuentro en el Senado con miembros de Los caballeros templarios el 17 de octubre pasado (La Jornada Michoacán), pasando por una investigación sobre dos encuentros (julio y octubre de 2011) entre el gobernador interino y hoy secretario de Gobierno y los líderes máximos de Los caballeros templarios durante la campaña electoral estatal (Milenio, 18 y 19/11/13).
El tercer fenómeno, que supone el control ciudadano o social de territorios, reproduce lo sucedido en Chiapas con los caracoles zapatistas, y en Guerrero con las organizaciones de autodefensa que hoy existen en unas 160 comunidades de 23 municipios. Surgidas por inspiración y aprendizaje de las comunidades indígenas de la Meseta Purhépecha, con Cherán a la cabeza, los grupos de autodefensa de Michoacán se extienden ya por los municipios de Buenavista, Tepalcatepec, Aguililla, Coalcomán, Chinicuila, Tancítaro, Urapicho y varias comunidades más de la costa. Si las resistencias michoacanas se conectan con sus correspondientes de Chiapas y Guerrero, y con las diversas organizaciones territoriales de Oaxaca, se preludia y dibuja un novedoso corredor de autogestión comunitaria, municipal y regional, un extenso territorio donde prima el poder social o ciudadano.
Es probable que el caso de Michoacán, con sus matices y diferencias, sea ya un ejemplo paradigmático. Desde hace unos 5 mil años, cuando aparecen las primeras sociedades inequitativas, donde una minoría explota al resto, el corazón del modelo societario ha sido el mismo: un interjuego entre tres poderes, el político, el económico y el social. La clase que gobierna y administra los tributos o impuestos, el sector económico, que acumula riqueza a diferentes ritmos e intensidades, y el grueso de los ciudadanos. Estado, capital y sociedad civil son tres fuerzas, de cuyas dinámicas cada sociedad toma su forma y contenido. Hoy, en la modernidad, cuando se vive la máxima concentración del capital (megamonopolios) representada por unas 500 corporaciones, la clase política, no importa su color o ideología, juega ya del lado del capital. Los datos duros, provenientes de la investigación científica, confirman la expresión que parecía descabellada: hoy el 1 por ciento de la especie explota al otro 99 por ciento.
Todo indica que conforme el mundo se vaya haciendo más complejo, impredecible, inseguro y frágil, buena parte de las instituciones, como la democracia formal, el mercado, la justicia centralizada, los bancos, se harán obsoletos. Como en Michoacán, las comunidades humanas, rurales y urbanas se están dando cuenta de que las instituciones existentes, rebasadas por los problemas de todo tipo, son ya inservibles y que los ciudadanos organizados deben tomar en sus manos la gestión de los recursos, las decisiones claves, la justicia, la producción de alimentos, la educación, la prevención, etcétera. El Estado y el capital están ya desbordados. Hoy es la hora de la autogestión ciudadana y en esa perspectiva, las autodefensas de Michoacán, heroicas y dignas, representan una alternativa fresca y esperanzadora que debe reconocerse y apoyarse.
*Con la asesoría y asistencia de ETM
*Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/11/26/politica/020a2pol
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