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No votar equivale a sufragar por el duopolio 

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En las elecciones municipales- con la inscripción automática y el voto voluntario vigentes – Chile tuvo uno de los más altos índices de abstención en el mundo: un 60%, que constituye una cifra superior a la abstención en Estados Unidos, con el 46%, en promedio; el 49% en las presidenciales de 2010, en Colombia; las presidenciales en México, 26%; en Francia, un 24%; en España, un 26%; la Rusa autocrática de Putin nos iguala, con un 61%. Nuestra formación cívica actual, producto de las políticas neoliberales del duopolio, no puede ser de más mala calidad – para rematar, la incultura cívica que llega hasta las altas esferas, un ministro de Piñera no se le ocurrió nada más “sabio” que la idea de eliminar la historia y la educación cívica en los liceos.
Si no votar fuera una forma de manifestar el rechazo al sistema y, además, estuviera acompañado de manifestaciones de organizaciones sociales, sería un acto de impacto político, pero abstenerse por abstenerse de sufragar  por flojera o apatía sólo favorece tanto al 80% de los congresistas que, seguramente, se van a repetir el plato, como a los frescolines que quieren mantenerse en su puesto de trabajo o gozar de las prebendas en nuevos cargos.
Si sólo votaran 7.300.000 ciudadanos, equivalente al padrón antiguo, todo quedaría igual que antes: saldría un neoliberal, más desfachatado, y entraría la candidata del presidente de la Asociación de Bancos; lo único que cambiaría sería la irrupción de una caterva de ingenuos y vencejos, que sigue creyendo que la virgen de las promesas, que continuarán hasta el final de su eventual gobierno, va a cumplir, al menos, un 10% de su programa.
Los “rogelios” – que no son tontos – se contentarán con sacar unos siete u ocho diputados, como “regalo” por haber engrosado las filas de la Concertación. Las disculpas para negarse a cumplir el programa podrían ser variadas y para todos los gustos: “tuvimos que pactar con la derecha porque no teníamos mayoría en el congreso; con los empresarios, porque ellos cambiarían de país si presentáramos el proyecto de reforma tributaria; la educación gratuita y universal se pospondría para uno o dos gobiernos más, a fin de contrariar a la Chol, al Gute, a la Mariana Aylwin, a José Joaquín Brunner, y a tantos otros; que continuará “la pintura” del Hospital El Salvador; las aguas seguirán en manos de Edmundo Pérez Yoma y Endesa; tal vez el ministro de Deportes sea Jaime Estévez Valencia.
“Si tú votas, Chile cambia” – parafraseando a Enríquez-Ominami – se podría lograr un universo de 8.500.000 9.500.000 sufragios, con esta cifra, la situación y la democracia chilenas serían distintas, así, Marco podría competir en la segunda vuelta con Michelle Bachelet y, de esta manera, desnudar todas las mentiras, falsas promesas y casi-cambios que esta candidata ofrece a los cándidos electores, además, descubriríamos que la reina “esta desnuda” – como la famosa fábula -.
Si tú votas, podremos intentar superar la grave crisis de representación del sistema político y, así, refundar la república que Augusto Pinochet y sus cómplices y mercenarios destruyeron. Por primera vez, en este país “del Sagrado Corazón”, construido por mandones, mercaderes, tiranos y frescolines, el pueblo podrá establecer su propia carta magna y definir sus reglas de convivencia.
16/11/2013

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