Argentina ya no es lo que era antes
por Andrés Figueroa Cornejo (Argentina)
12 años atrás 7 min lectura
“La empresa sólo tiene una responsabilidad social: usar su energía y sus recursos para actividades que aumenten sus utilidades”
Milton Friedman, economista ultraliberal
“…la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.”
Albert Einstein
1. El avance indisimulable del ultraliberalismo en las últimas elecciones legislativas en Argentina es la promesa de una aceleración del ajuste económico antipopular que hace rato camina, pero que ahora correrá. El actual gobierno de turno -debido a un conjunto de movimientos erráticos, tanto estructurales como contingentes- larvó su propia derrota. La oposición burguesa a la actual administración igualmente burguesa (ambas representan combinadas facciones de esa clase y matices programáticos) jugó a «todos contra CFK», sin importar sus pocas diferencias entre sí, pero que justifican formalmente su existencia ante el mercado electoral. ¿Cómo se explica semejante pacto partidista? Mediante un cortoplacismo que atraviesa todo su espectro –pan para hoy, hambre para mañana- cuyo objetivo común y transitorio es impedir la reelección de la actual mandataria bajo cualquier precio, independientemente de lo que puedan o no hacer en otras materias. Al respecto, en verdad lo que hacen los parlamentarios, enmarcados por los intereses generales del capital, es retornar en el Congreso los favores a los accionistas que costearon sus campañas: a tales o cuales bancos, camarillas sindicales, megamineras, grupos de interés, etc. Esto por arriba.
Felicitando la votación obtenida por el Frente de Izquierda de los Trabajadores, ella también se explica como «voto castigo» contra la administración de la variante kirchnerista (una corriente específica al interior del peronismo) del Partido Justicialista, más que como reflejo dinámico de la lucha politizada de fuerzas sociales concretas, masivas, autoconcientes. Y lamentablemente no compensa de manera significativa la capitalización del descontento por parte del liberalismo «a la chilena o peruana o colombiana o mexicana» en el continente (se trata de tres parlamentarios de un total de 257). Incluso hasta puede explicarse por el chorreo estadístico en la distribución del malestar del pueblo argentino en las urnas.
El reciente aumento del precio del boleto del tren subterráneo de la Capital Federal es apenas un botón de muestra de lo que ya está siendo, pero que se acentuará. Los resultados electorales de los últimos comicios legislativos son interpretados por los representantes más liberales de la clase social en el poder como una modificación de las relaciones de fuerza a su favor, y por tanto, como una luz verde para apresurar la aplicación de sus medidas antipopulares como vía para enfrentar la crisis y concretar sus emprendimientos privados.
Pero el pueblo argentino no es ultraliberal: sólo votó contra el kirchnerismo (término asociado originalmente a una particular versión del neodesarrollismo, más recursivo que real y ahora completamente desdibujado y en retirada obligada). En consecuencia, el oportunismo de las representaciones partidistas de las distintas fracciones de la clase que aún regenta al país, puede estallarle socialmente en las manos mañana.
2. La principal inseguridad del pueblo argentino es la pérdida del empleo. Por eso –como distracción alienante- tiene que ser bombardeado todo el día y todos los días con casos criminales sacados de las más estridentes patologías sociales y psiquiátricas que produce la miseria, a través de los medios de comunicación de masas. Ello funciona eficazmente por el momento y sirve de argumento para incrementar el aparataje represivo y profesional del Estado contra los pobres y los trabajadores que se pongan en disposición y acción de combate por reivindicaciones de cualquier índole.
Y la pérdida del empleo, como la intensificación de la explotación del trabajo asalariado, corresponden a formas nucleares que el capital usa para intentar resistir la caída tendencial de sus ganancias. El posible aumento del sicariato del complejo industrial del narcotráfico, las redes de trata, la prostitución y el trabajo infantil, son efecto directo del empobrecimiento de amplias franjas de la población. La delincuencia no está en la naturaleza o en el ADN de los pueblos. Y la propia lumpenización de la clase dirigente a través de la especulación y la corrupción en vitrina, tienen consecuencias profundamente más nefastas para la mayoría de la gente que los niños armados de las villas miseria.
3. El Estado argentino es dependiente de las economías centrales, al igual que todas las economías periféricas del mundo. Su patrón de acumulación capitalista es agrominero primario exportador, y su balanza de pagos está descompensada por políticas monetaristas que forman precios paralelos del peso respecto del dólar, mientras las reservas escasean. Su crisis también está ligada al decrecimiento ostensible de la economía brasileña (dependiente de la demanda china, europea y norteamericana), con el agravante de una inflación de cifras opacas que puede estar entre el 25 % al 40 %, según la metodología y las mercancías medidas; la deuda externa costeada con deuda interna; y la concentración abrumadora de la propiedad de la tierra y su sojización. La alta especulación en los momentos financieros, crédito e intercambio de la reproducción de la totalidad capitalista es castigada por las evaluadoras de riesgo internacionales, y obliga al gobierno de turno a ofrecer enormes garantías y utilidades por adelantado a la inversión transnacional, a cancelar religiosamente la deuda externa y renovar su pacto de subordinación con el Banco Mundial, el FMI, el Club de París. La administración coyuntural del Estado trata de paliar la incertidumbre del capital mediante la súper explotación del trabajo, el establecimiento de las denominadas “leyes antiterroristas”, el extractivismo y saqueo de los recursos no renovables, y el fortaleciendo de una democracia sin pueblo, vertical, populista.
El 70 % de la fuerza de trabajo se emplea en servicios y pequeñas y medianas empresas. De los casi 17 millones de asalariados, sólo poco más de un millón se desempeña en la industria productiva. La mitad de los trabajadores se mantiene “en negro”, sin ningún tipo de relación contractual y, por extensión, sin seguridad social de ninguna especie. Sobrevive un sistema de salud y educación pública desfinanciado, ineficiente y camino a su privatización. Se dice por arriba que el salario promedio al mes es de $ 3000 pesos (USD 500 en divisa oficial y USD 300 en dólar paralelo).
4. A fines de octubre de 2013, el desacreditado Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) desde su intervención gubernamental en el 2007, informó, por ejemplo, que en agosto de este año, para una familia de 4 personas, la canasta alimenticia mensual fue de $ 750 pesos (USD 125 oficial y USD 75 en el mercado paralelo), y la canasta total de $ 1.717 pesos (USD 286 oficial y USD 171 en el mercado paralelo). En el primer caso, se trata de $ 6,25 pesos por persona al día (poco más de un dólar oficial), y en el segundo caso de $ 14,3 pesos diarios por persona (poco más de dos dólares oficiales). No vale la pena comparar estos valores con el dólar paralelo porque la inmensa mayoría de los argentinos carece de dólares para transar en el mercado paralelo.
Ahora bien, en Buenos Aires, a boca de consumidor directo, según el barrio, la calle y la voluntad especulativa del propio comerciante o vendedor, el kilo de pan está en alrededor de $ 18 pesos. En el mismo sentido, dos viajes en el tren subterráneo cuestan $ 7 pesos, el alquiler de una vivienda familiar “barata”, $ 2000 pesos al mes; el litro de leche, $ 7 pesos; el kilo de manzanas, $ 9 pesos.
Según los propios trabajadores y funcionarios del Indec –muy lejos del gobierno, claro-, una canasta familiar vale $ 7000 pesos. Es decir, entre casi 10 y más de 4 veces más cara que la informada por la Casa Rosada, según sea cualquier cálculo que se realice.
5. En otro ámbito, producto del análisis previo y considerando los millones de migrantes fronterizos, asiáticos y africanos que trabajan en Argentina (sin contar la migración interna desde las provincias más empobrecidas hacia Buenos Aires), existen ya algunos inquietantes brotes de xenofobia. Pero ello demanda una nueva publicación.
– El autor es periodista, luchador social y pueblo que vive en carne propia lo que escribe. Come y viste de un salario. No tiene más propiedades que su fuerza de trabajo.
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