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Lampedusa, la impunidad de los medios 

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Las migraciones masivas son un fenómeno internacional que ha incrementado su intensidad en las últimas décadas del siglo pasado y continúa siendo un tópico recurrente en la agenda política, social y cultural de numerosos países. Las causas que impulsan la movilidad poblacional son múltiples. Generalmente, se suele simplificar la cuestión atribuyendo, de modo unívoco, la salida de los inmigrantes a cuestiones económicas. Lo que para algunos representa una oportunidad para gran parte de los países acogedores se lee en clave de amenaza. El enriquecimiento que posibilita el intercambio entre distintas etnias y el desafío por encontrar elementos de convivencia armoniosa a menudo se encuentran silenciados, no sólo por los dirigentes políticos sino también por los medios hegemónicos de comunicación que estigmatizan a los inmigrantes y les otorgan una connotación peyorativa.  Una barcaza que trasladaba ciudadanos de distintos países de África rumbo a las costas italianas, una práctica recurrente en el mar Mediterráneo, sufrió un desperfecto en uno de sus motores luego de dos días de navegación. Ante la desesperación por el hundimiento inminente, parte de la tripulación improvisó una fogata con el objetivo de ser avistados y reconocidos por posibles rescatadores. El intento por llamar la atención no produjo resultado positivo para los damnificados. Según los testigos y supervivientes del trágico desenlace al menos tres barcos pesqueros que transitaban en la zona decidieron no verlos. La omisión parece haber definido el destino de los inmigrantes. La tragedia tuvo como saldo centenares de muertos y desaparecidos. Las puertas de Europa permanecieron cerradas y el abrupto final colocó a las políticas migratorias en el centro de un debate reiterado.
El filósofo francés Michel Foucault distingue entre la norma y la ley precisando que esta última opera cuando existe una infracción. Se convierte en un mecanismo de legitimación del poder dominante y regula los marcos de interacción social del resto de los individuos. Es decir “las leyes están hechas por unos y se imponen a los demás”. En el año 2007, pescadores tunecinos rescataron a una cuarentena de inmigrantes que habían naufragado en el estrecho de Sicilia. Poco después el tribunal de Agrigento los condenó por “colaborar con la inmigración ilegal”. La normativa jurídica italiana, basada en la ley Bossi-Fini aprobada por Silvio Berlusconi, castiga a quienes eligen solidarizarse con los grupos movilizados ante una situación límite. La alcaldesa de Lampelusa, Giusi Nicolini, justificó la acción de los barcos que invisibilizaron a los africanos en las aguas mediterráneas. En el periódico La Repubblica declaró que “los pesqueros no auxiliaron al barco por miedo a ser procesados por favorecer la inmigración clandestina.” El “asombro” de la prensa y las afirmaciones de los políticos redirigieron el debate hacia una de las lecturas posibles, la que articula el accionar de los marineros con la legislación vigente y desde allí a las políticas migratorias de Italia y de toda Europa.
Sin embargo, esa perspectiva del debate excluye a un actor que, como en todos los acontecimientos del mundo moderno, desempeña un rol protagónico. Los medios de comunicación se autoabsolvieron de un juicio crítico sobre su desempeño en la construcción de la inmigración como problema. El analista español Mario de la Fuente García evidenció, en varios de sus trabajos, la operación mediática que tanto en España como en otros países de Europa produce una identificación entre inmigrantes y delincuencia, ilegalidad, oleada invasora, etc. El filólogo reconoce dos aspectos en la labor ideológica del discurso periodístico: por un lado, se construye una representación social de los inmigrantes como un grupo problemático, pero al mismo tiempo se fabrica una imagen de “sociedad tolerante” en la que el racismo es una actitud aislada o incidental. Esa ambigüedad es la que se refleja en los medios -no sólo los italianos- al abordar la reciente tragedia de Lampelusa y la actitud de los pesqueros.
Los medios hegemónicos de comunicación adoptan una actitud militante en la difusión y sedimentación de estereotipos sobre los inmigrantes como “extraños”, constitutivos de un peligro que amenaza la supuesta estabilidad laboral, la integridad socio-cultural y la seguridad personal de los ciudadanos de los países receptores. El sociólogo Zygmunt Bauman plantea una intrínseca tensión entre la ética y la moral y la conservación de la seguridad personal. Según el pensador polaco el reconocimiento de un “blanco que atenta” contra la integridad del individuo relega cualquier tipo de planteo moral frente a las acciones que se desarrollan ante su presencia. No hay inquisiciones de corte ético sobre la omisión de extraños clamando auxilio en los mares, en tanto esos sujetos fueron y son recurrentemente identificados como agente de peligro por parte de los medios. La paradoja radica en que son las mismas voces las que se desgarran cuestionando la actitud de los tripulantes. El desempeño de los medios de comunicación no participa en el debate. La impunidad que ostentan posibilita que actúen como jueces que cuestionan y clasifican. Algunos periódicos argentinos se apresuraron en aclarar que los damnificados eran inmigrantes ilegales, como si esa condición soslayara la gravedad de la situación. Los cuestionamientos son siempre hacia afuera, su participación e influencia queda exenta de cualquier tipo de reflexión.

Matías Emiliano Casas es Profesor Magister en Historia (UNTREF / CONICET).
*Fuente: Rebelión

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