Roma y la Teología de la Liberación: Fin de la guerra
por Gianni Valente (Roma, Italia)
13 años atrás 6 min lectura
22 16:36:52 de junio de 2013
La evaluación sobre la teología de la liberación no es una declaración que se le escapó accidentalmente al actual custodio de la ortodoxia católica…(Gianni Valente).
Prefecto del ex Santo Oficio, Gerhard Müller, hace un homenaje, bajo el signo de su amistad con el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez…
«El movimiento eclesial teológico de América Latina, conocido como “teología de la liberación”, que después del Vaticano II encontró eco en todo el mundo, debe ser considerado, según mi parecer, entre las corrientes más significativas de la teología católica del siglo XX». Quien consagra la teología de la liberación con esta halagadora y perentoria evaluación histórica no es algún representante sudamericano de las estaciones eclesiales del pasado. El “certificado de validez llega directamente del arzobispo Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto del mismo dicasterio vaticano -la Congregación para la Doctrina de la Fe (CdF)- que durante los años ochenta, siguiendo el impulso del Papa polaco y bajo la guía del entonces cardenal Ratzinger, intervino con dos instrucciones para indicar las desviaciones pastorales y doctrinales que también incluían los caminos que habían tomado las teologías latinoamericanas.
La evaluación sobre la teología de la liberación no es una declaración que se le escapó accidentalmente al actual custodio de la ortodoxia católica. El mismo juicio, meditado, aparece en las densas páginas del volumen del que proviene la cita; una antología de ensayos escrita a cuatro manos, impresa en Alemania en 2004, y que ahora está por ser publicada en Italia con el título “De la parte de los pobres, Teología de la liberación, Teología de la Iglesia” (Ediciones Messaggero, Padua, Emi).
El libro hoy irrumpe casi como un acto para clausurar las guerras teológicas del pasado y los residuos bélicos que de tanto en tanto brillan para esparcir alarmas que representan ya intereses ya pretextos. El volumen lleva las firmas del actual responsable del ex Santo Oficio y del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, padre de la teología de la liberación e inventor de la misma fórmula usada para definir esa corriente teológica, cuyas obras fueron sometidas a exámenes rigurosos durante bastante tiempo por parte de la CdF en su larga estación ratzingeriana, aunque nunca se le haya atribuido ninguna condena.
El libro representa el resultado de un largo camino común. Müller nunca ha ocultado su cercanía a Gustavo Gutiérrez, a quien conoció en 1998 en Lima durante el curso de un seminario de estudios. En 2008, durante la ceremonia para el doctorado honoris causa concedido al teólogo Müller por la Pontificia Universidad Católica del Perú, el entonces obispo de Ratisbona definió como absolutamente ortodoxa la teología de su maestro y amigo peruano. En los meses anteriores al nombramiento de Müller como guía del Dicasterio doctrinal, justamente su relación Gutiérrez fue evocada por algunos como prueba de la no idoneidad del obispo teólogo alemán para el puesto que ocupó (durante 24 años) el entonces cardenal Ratzinger.
En los ensayos de la antología, los dos autores-amigos se complementan recíprocamente. Según Müller, los méritos de la teología de la liberación van más allá del ámbito del catolicismo latinoamericano. El Prefecto indica en que la teología de la liberación ha expresado en el contexto real de la América Latina de las últimas décadas la orientación hacia Jesucristo redentor y liberador que marca cualquier teología auténticamente cristiana, justamente a partir de la insistente predilección evangélica por los pobres. «En este continente», reconoce Müller «la pobreza oprime a los niños, a los ancianos y a los enfermos», e induce a muchos a «considerar la muerte como una escapatoria». Desde sus primeras manifestaciones, la teología de la liberación “obligaba” a las teologías de otras partes a no crear abstracciones sobre las condiciones reales de la vida de los pueblos o de los individuos. Y reconocía en los pobres la «carne misma de Cristo», como ahora repite Papa Francisco.
Justamente con la llegada del primer Papa latinoamericano surge con mayor fuerza la oportunidad para considerar esos años y esas experiencias sin los condicionamientos de los furores y las polémicas de entonces. Aún alejándose de los ritualismos del “mea culpa” postizos o de las “rehabilitaciones” aparentes, hoy es mucho más fácil reconocer que ciertas vehementes movilizaciones de algunos sectores eclesiales en contra de la teología de la liberación estaban motivadas por ciertas preferencias de orientación política más que por el deseo de custodiar y afirmar la fe de los apóstoles. Los que pagaron la factura fueron los teólogos peruanos y los pastores que estaban completamente sumergidos en la fe evangélica del propio pueblo, que acabaron “triturados” o en la sombra más absoluta. Durante un largo periodo, la hostilidad demostrada hacia la teología de la liberación fue un factor precioso para favorecer brillantes carreras eclesiásticas.
En uno de los textos, Müller (que en una entrevista del 27 de diciembre de 2012 había expresado la hipótesis del escenario de un Papa latinoamericano después de Ratzinger) describe sin medias tintas los factores político-religiosos y geopolíticos que condicionaron ciertas “cruzadas” en contra de la teología de la liberación; «Con el sentimiento triunfalista de un capitalismo, que probablemente se consideraba definitivamente victorioso», refiere el Prefecto del dicasterio doctrinal vaticano, «se mezcló también la satisfacción de haber cancelado de esta manera cualquier fundamento o justificación de la teología de la liberación. Se creía que el juego era muy sencillo con ella, arrojándola al mismo conjunto de la violencia revolucionaria y del terrorismo de los grupos marxistas». Müller también cita el documento secreto, preparado para el presidente Regan por el Comité de Santa Fe en 1980 (es decir cuatro años antes de la primera Instrucción vaticana sobre la teología de la liberación), en el que se solicitaba al gobierno de los Estados Unidos de América que actuara con agresividad en contra de la «Teología de la liberación», culpable de haber transformado a la Iglesia católica en «arma política contra la propiedad privada y el sistema de la producción capitalista». «Es desconcertante en este documento», subraya Müller, «la desfachatez con la que sus redactores, responsables de dictaduras militares brutales y de potentes oligarquías, hacen de sus intereses por la propiedad privada y por el sistema productivo capitalista el parámetro de lo que debe valer como criterio cristiano».
Después de haber pasado décadas de batallas y contraposiciones, justamente la amistad entre los dos teólogos (el Prefecto de la Doctrina de la Fe y el que durante un tiempo fue perseguido por el mismo dicasterio doctrinal) alimenta finalmente una óptica capaz de distinguir los obsoletos armazones ideológicos del pasado de la genuina fuente evangélica que impulsaba muchos de los derroteros del catolicismo latinoamericano después del Concilio. Según Müller, justamente Gutiérrez, con sus 85 años (y que planea viajar a Italia y pasarse por Roma en septiembre), ha expresado una reflexión teológica que no se limitaba a las conferencias ni a los cenáculos universitarios, sino que se nutría de la savia de las liturgias celebradas por el sacerdote con los pobres, en las periferias de Lima. Es decir, esa experiencia básica gracias a la que -como dice siempre simple y bíblicamente el mismo Gutiérrez- «ser cristianos significa seguir a Jesús». Es el Señor mismo, añade Müller al comentar la frase de su amigo peruano, quien «nos da la indicación de comprometernos directamente por los pobres. Hacer la verdad nos lleva a estar de parte de los pobres».
*Fuente: Reflexión y Liberación
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Lo que más me asombra de estos señores del Vaticano, es que un día afirman sueltos de cuerpo que son «Infalibles» y todos los giles les creen. En esos momentos de infalibilidad triunfante denigran a medio mundo, hacer sufrir a otro medio, para después, rectificar el primer ataque de infalibilidad. Si pusieran su Fe en la humanidad de Jesús no necesitarían tanta Fe de Erratas ni harían sufrir tanto a gente inocente.
Menos mal que parece que Don Francisco está trayendo un poco de cordura y humildad después de ¡45 años! de dogmatismo, soberbia , vanidad y falta de humanidad.
Hola!
1.- “FIN DE UNA GUERRA”
¿Cómo no estar de acuerdo que al menos una guerra finalice de matar inocentes?
2.- Hace unos 5 años, uno de los fundadores de la T.de la L., Leonardo Boff, vino a conversar con los Mapuches de Chile y Argentina, y al pasar por Bs. As. dio una Conferencia de Prensa sobre La Carta de la Tierra. Fue entonces cuando le pregunté:
– “¿Está la “Teología de la Liberación” en condiciones de “liberarse de la teología”?
No vaya a ser que La Carta de la Tierra no sea la última,
sino una otra que se guarda oculta en milagrosa manga!
3.- La Teología eclesiástica llevaba un atraso de al menos 500 años.
Con este “acuerdo de paz” se han adelantado aprox. 300 años.
Faltan, todavía, aggiornarse unos 200 años.
¿Qué es ese poco tiempo cuando Galileo tuvo que esperar 500, no?
…………………
¡Vamos todavía!
El Papa Francisco tiene en sus manos en convertirse, humanamente hablando, en el mejor Papa de la historia. No tiene más que anunciar el FIN DEL VATICANO como autoridad universal del Catolicismo.
El fin del Vaticano no significa el fin del Catolicismo, porque podría seguir funcionando como lo hacen otras religiones cristianas y también El Islam, con «caciques» regionales que cuando cometen errores, no contaminan a otras regiones por orden universal.
El Vaticano, como estado miembro de la ONU, lo tendría algo más difícil para justificar su existencia como tal. Pero no tendría muchos problemas, porque sirviendo a los que sirve, seguirá cumpliendo su papel de nido de gánsteres y mafiosos y de paraíso fiscal. La ventaja para los católicos sería, que los criminales del Vaticano, ya no podrían ensuciar a la religión.
Difícil que una institución de poder mundano, porque una religión organizada es una estructura que maneja dinero y poder es una estructura mundana, se corte la cabeza a si misma.
Tendría que convertirse en un movimiento místico, no piramidal cosa que no ha sido por lo menos desde hace 1500 años y no creo que persona alguna se atreva a pegar este gran salto .