Sociedad mapuche: La huella de los abuelos
por Pedro Cayuqueo (Temuco, Chile)
13 años atrás 3 min lectura
15 / 05 / 13
Retomar la iniciativa. Pasar de la protesta a la propuesta. Es el camino que una parte importante de la sociedad mapuche viene transitando en los últimos años, sin gozar muchas veces de la atención de los medios de comunicación.
Una de las principales organizaciones mapuche del siglo XX fue la Corporación Araucana. Poco se conoce de ella hoy en día, a pesar de ser calificada por el historiador Víctor Naguil como “la más importante organización mapuche contemporánea”. El conflicto y la contingencia, sumados a un pobre ejercicio de memoria histórica, la han relegado a un plano secundario a la hora de analizar la relación entre el Estado y el Pueblo Mapuche. Poco se sabe de sus dirigentes, en su mayoría “letrados”, comerciantes y destacados hombres públicos. Y de Venancio Coñuepan Huenchual (1906-1968), su principal líder, priman sobre todo las caricaturas. Diputado reelecto en varios periodos y ex ministro de Estado bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, sobre él se tejen numerosas historias. Que era de derecha. Que buscaba dividir a las “comunidades”, etc. No obstante ello, gran parte del legado de Coñuepan –su obra parlamentaria daría para varios tomos- y las reivindicaciones de su Corporación siguen estando plenamente vigentes en el movimiento mapuche actual.
Constituida como tal el año 1938, su origen data de 1910, con la creación de la Sociedad Caupolicán Defensora de La Araucanía. Diversos historiadores mapuche coinciden en lo gravitante de su influencia. “La Corporación Araucana, durante décadas, llevó a la práctica con éxito un programa político y social genuinamente mapuche, cuya serie de hitos y objetivos cumplidos no han sido superados posteriormente por organización alguna”, señala José Ancan, autor de una biografía de su líder publicada por la Universidad de Santiago de Chile. “Poseedores de una formidable capacidad negociadora, sus líderes lograron filtrarse en las esquinas más recónditas de los poderes establecidos de su tiempo, consiguiendo hacer política mapuche, ejercer derechos ciudadanos, conquistar cargos públicos y sentar las bases, en los años 60’, de la actual política e institucionalidad indígena del Estado”, agrega el historiador. Ningún referente mapuche ha logrado desde entonces tal nivel de incidencia pública.
Retomar la iniciativa. Pasar de la protesta a la propuesta. Es el camino que una parte importante de la sociedad mapuche viene transitando en los últimos años. Sin gozar muchas veces de la atención de los medios de comunicación, interesados de sobremanera en lo sensacionalista del “conflicto”, son numerosas las entidades mapuche que desde diversos territorios y contextos destacan por su perfil propositivo. ENAMA, en tanto Corporación de Profesionales, busca también aportar un grano de arena en este esfuerzo colectivo, que no es otro que avanzar en el reconocimiento y ejercicio de nuestros derechos y aportar a la construcción del Chile Multicultural del Siglo XXI. Tal es la hoja de ruta de ENAMA para el presente año 2013. Tanto sus Seminarios, como la 2° Cumbre y la Escuela de Liderazgo Social, las tres iniciativas a desarrollar, buscan relevar el valor de nuestra identidad, destacar el aporte que muchos mapuche realizan a la sociedad nacional y dotar, a las nuevas generaciones de profesionales, de herramientas de liderazgo social acordes con los nuevos tiempos. Transitar, en la medida de sus capacidades institucionales, la huella de Coñuepan, Romero, Cayupi y tantos otros abuelos.
* Su autor es Vicepresidente de ENAMA.
*Fuente: Azkintuwe
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Si los mapuches, en vez de chilenos fuesen cubanos, la prensa internacional no cesaría un solo día, en maldecir al régimen que les oprime. Pero en Cuba no pasan estas cosas. En Chile pasa esto, porque sigue siendo un régimen fascista y racista, disfrazado de democracia, para disimular la obediencia a sus amos extranjeros.
El chileno de a pie que sufre las crueldades de este régimen, tiene motivos para comprender que sus opresores son los mismos que oprimen a los mapuches. Los agresores tratan de dividir a sus víctimas para que el trabajo les resulte más fácil. Los agredidos deben unirse para defenderse.