Mas allá del discurso presidencial y de la derecha, construyamos un país distinto
por Dr. Enrique Villanueva Molina (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
El discurso del presidente empresario es el reflejo de los “dos Chiles” que conviven desde hace rato, marcados por el principal problema nacional que es la desigualdad social. Mirando para el costado, el presidente empresario no hizo mas que validar cánones que en su ideología se adoptan como universales, mientras a los ciudadanos(as) de trabajo nos hunden en el mito modernista de querer alcanzar la historia y el desarrollo.
Con la prepotencia propia del millonario que se ubica mas allá del bien y del mal, instaló sobre la mesa el legado de su gobierno, haciendo una férrea defensa de los principios neoliberales en los que cree, intentando disfrazar las razones de los problemas que a los ciudadanos (as) nos afectan. Fue por lo tanto un discurso que solo se puede adoptar como figura o como sueño y esperanza, pero nunca como expresión de una realidad concreta.
En todo caso no es nuestra critica la que devela la fragilidad del discurso, sino que la confrontación de su retórica con las cifras reales de cada área que expuso como logro, eso es lo que deja ver el vacío de las palabras como fondo. Haciendo gala de la obsesión social y económica de todos los gobernantes neoliberales que se desenvuelven en economías de mercado, intentó mostrar cifras que según el, ponen al país en una situación de pleno empleo.
Vale la pena recordar que la realidad mundial nos dice que salvo contadas y efímeras ocasiones, ninguna economía ha podido sacar la bandera de la plena ocupación en las últimas décadas. Esto significa que, aunque el crecimiento de la economía mantenga tasas abultadas durante varios años, incluso en estas condiciones eso será solo una ilusión, mas aun en un país como Chile, que tiene un código de trabajo injusto donde existe libertad de asociación para el gran capital y una débil o inexistente libertad para la organización de los trabajadores.
En todo caso el discurso del Presidente empresario es una línea de continuidad del sistema económico creado en dictadura, asumiéndolo como inmutable, tomando decisiones y actuando tal cual lo hicieron en aquella época, de forma inconsulta a la sociedad chilena. En ese sentido mas que una cuenta publica al país, fue un llamado a la derecha a defender su obra y continuidad, a cerrar filas y actuar como bloque monolítico en su defensa.
En palabras simples Piñera lo que hizo el 21 de mayo fue entregar los fundamentos, los supuestos logros de los cuatro años de gobierno, como el principal sustento del llamado que tanto Allamand y Longueira le hacen a los chilenos, “de construir un Chile mas justo”. Una falsedad porque el neoliberalismo y la justicia social son incompatibles, sin perjuicio de los éxitos del primero y de su eficiencia en la satisfacción de sus logros.
Pero los chilenos (as) no nos tragamos este cuento, la experiencia de estos 40 años, de lo que hemos vivido en nuestro país, nos señala que a mayor eficiencia del modelo económico, por la desigualdad de la distribución de los ingresos, mayores son los niveles de desigualdad e injusticia social. Un convencimiento que organiza y mueve con fuerza el descontento social, a pesar de que las dirigencias políticas han pretendido convencernos de que la única manera de estar actualizados y a tono con el pensamiento mundial es ser neoliberal.
Por eso el discurso del empresario Piñera, animando a defender la obra Pinochetista, debiera alentar por construir un gobierno que inicie la reconstrucción de Chile, que difícilmente se lograra en un plazo de cuatro años, basado en una nueva mayoría ciudadana. Lo que si esta claro para la mayoría de los chilenos de a pié, es que la Concertación ya no es el bloque representativo del cambio.
Para ser claros la Concertación y la Alianza se alinearon detrás del proyecto capitalista-neoliberal, compartiendo “soluciones” en el campo de la energía, la educación, la pesca industrial, la explotación de los recursos minerales y su entrega al capital extranjero. Lo mas reciente le entregaron los recursos del mar a 7 familias con la Ley de Pesca así llamada ley Longueira paradójicamente el candidato “por un Chile mas justo”.
Hoy las reivindicaciones y las expectativas populares son muy profundas el voto por las futuras elecciones va en busca de objetivos políticos gruesos y quien no lo entienda así vera pasar la historia por su lado. La estabilidad democrática futura dependerá hoy, de hacer cambios profundos al sistema político y al sistema económico, no pegarles mas remiendos.
Se necesita un programa de ruptura con el modelo de sociedad actual, que tritura nuestros sueños, nuestra dignidad y esperanzas, es como volver a lo humano primero para luego construir el sueño posible. Los chilenos (as) sencillos después de todo lo recorrido, ya no queremos ser instrumentos de competencia, queremos recuperar nuestro ser, preferimos la cooperación a la competencia, la fraternidad, la solidaridad.
Hace falta un programa político de gobierno que de cabida a estos conceptos, que nos ayude a cambiar ese pilar sobre el cual construyeron Chile a partir de 1973, el individualismo. La prosperidad debe poder escaparse del encierro individualista porque esta no puede ser más que social y colectiva, de otra manera y si seguimos por este camino del egoísmo individual debiéramos sentir vergüenza de ser feliz entre tanta miseria.
Lo que estamos reclamando es una dialéctica que ligue la comprensión de la realidad y el camino hacia el ideal, hoy disociados como expresión política, no queremos escuchar mas a quienes nos han engañado, quitándonos el derecho a soñar. Poco a poco los mas nos estamos reencontrando, también aquellos que luchamos en contra de una dictadura y que arriesgamos nuestras vidas, nos estamos reencontrando y haremos lo posible para reivindicar la historia. Que la fuerza de la historia y la generosidad, pendiente, de quienes están al frente de la política hoy, construyan al fin un frente amplio en el cual todos tengamos cabida.
– El autor, Dr. Enrique Villanueva Molina, es un ex dirigente Rodriguista
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