Cuidar los dones de la Creación
por Comité Permanente del Episcopado (Chile)
15 años atrás 7 min lectura
Una respuesta humanizadora al desafío energético
El Comité Permanente del Episcopado recordó que la Iglesia no concibe al desarrollo sin considerar la sostenibilidad medioambiental, y planteó que una decisión basada sólo en intereses económicos «es éticamente inaceptable y deplorable porque constituye una mezquina burla de la sociedad».
La declaración del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) lleva por título «Cuidemos los dones de la Creación» y fue dada a conocer este miércoles por el portavoz de la CECh, Jaime Coiro.
Los Obispos quieren contribuir su reflexión ante el debate público y la demanda social que se ha suscitado, tras la aprobación de la construcción de represas en Aysén, en torno a las políticas y la institucionalidad medioambientales en Chile.
Invitan a un diálogo serio, abierto e informado, evitando posturas confrontacionales, procurando un sano discernimiento para la acción y el compromiso ciudadano en un ámbito que nos interpela a todos.
Los pastores afirman la necesidad de reflexionar sobre el tipo de desarrollo que queremos para Chile: «El progreso, o es sostenible o no es progreso. En efecto, la Iglesia no concibe al desarrollo sin considerar la sostenibilidad medioambiental. Así pues, antes de afirmar la creciente demanda por energía como requisito para el progreso, es preciso abordar un proceso como país para construir en conjunto un modelo de desarrollo».
Ante un dilema ético, una respuesta humanizadora
En su declaración, el Comité Permanente de la CECh sostiene que la ciencia sin conciencia constituye una verdadera amenaza para el bien común de la sociedad, y por eso el derecho al agua y a un medio ambiente no contaminado son reconocidos como derechos humanos fundamentales, que brotan de la dignidad de las personas, hijos e hijas de Dios.
En ese sentido, los obispos destacan la responsabilidad que cabe a la Iglesia respecto a la Creación, cuidando y defendiendo públicamente la tierra, el agua y el aire, protegiendo al ser humano contra la destrucción de sí mismo y construyendo una ecología humana.
Sobre el dilema de cómo compatibilizar el respeto por el medio ambiente con la creciente demanda por la energía, recuerdan que es un dilema fundamentalmente ético porque implica decisiones que afectan, a corto y largo plazo, la calidad de vida de todo un país.
«Una decisión basada sólo en intereses económicos es éticamente inaceptable y deplorable porque constituye una mezquina burla de la sociedad. Por el contrario, una respuesta humanizadora al desafío energético requiere un diálogo en el que todas las personas y comunidades, especialmente los más involucrados y afectados por las iniciativas, puedan participar y sus opiniones sean tenidas en cuenta para las decisiones que les afectan», señalan los pastores.
La declaración concluye recordando el deber de todos de heredar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola: «¿Cómo no va a alegrarse Dios Padre con el progreso de su querida humanidad, con tal que sea auténticamente humano e incluya a todos?».
Autor: El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile
Fecha: 18/05/2011
País: Chile
Ciudad: Santiago
Ref. Cech: 146 / 2011
Cuidar los dones de la Creación
Declaración del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile
1. Ante el debate público y la demanda social que se ha suscitado tras la aprobación de la construcción de represas en Aysén en torno a las políticas y la institucionalidad medioambientales en Chile, como Obispos queremos contribuir con una reflexión en torno a un asunto relevante y urgente. Nos interesa estimular un diálogo serio, abierto e informado, evitando posturas confrontacionales, procurando un sano discernimiento para la acción y el compromiso ciudadano en un ámbito que nos interpela a todos.
2. La búsqueda del bien común requiere la capacidad de detectar las necesidades de la población y discernir cuáles son las prioritarias desde la perspectiva de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos, y esto nos obliga a un cuidado especial por aquellas personas y grupos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Esta búsqueda del bien común no resulta posible sin un auténtico espíritu de solidaridad, en el sentido de hacerse cargo de los demás y sus necesidades. El bien común sólo es posible cuando se piensa en la sociedad como una totalidad y se supera la visión estrecha de los intereses particulares.
3. De una parte, adherimos a la conciencia global de que vivimos en un planeta cuyos recursos son limitados frente a nuestra capacidad de demanda y derroche. Por otra, es importante que reflexionemos sobre el tipo de desarrollo que queremos para Chile. El progreso, o es sostenible o no es progreso. En efecto, la Iglesia no concibe al desarrollo sin considerar la sostenibilidad medioambiental. Así pues, antes de afirmar la creciente demanda por energía como requisito para el progreso, es preciso abordar un proceso como país para construir en conjunto un modelo de desarrollo.
4. La respuesta técnica tiene que ser pensada desde la finalidad humana, como un medio que responde a un fin que la justifica y le da sentido. La ciencia sin conciencia constituye una verdadera amenaza para el bien común de la sociedad. De allí que el derecho al agua y a un medio ambiente no contaminado son reconocidos como derechos humanos fundamentales, que brotan de la dignidad de las personas, fruto de su condición de hijos e hijas de Dios.
5. Como Iglesia tenemos una responsabilidad respecto a la Creación, cuidando y defendiendo públicamente sus dones: la tierra, el agua y el aire; protegiendo al ser humano contra la destrucción de sí mismo; construyendo, en definitiva, una ecología humana. Con el Papa Benedicto afirmamos que «hoy se puede mejorar la eficacia energética y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas. Pero es también necesaria una redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos. Su destino no puede dejarse en manos del primero que llega o depender de la lógica del más fuerte» (Caritas in veritate 49).
6. El dilema que presenta un proyecto energético es cómo compatibilizar el respeto por el medio ambiente -como un hogar humanamente habitable para todos- con la creciente demanda por la energía. Este dilema es fundamentalmente ético porque implica decisiones que afectan, a corto y largo plazo, la calidad de vida de todo un país.
7. Una decisión basada sólo en intereses económicos es éticamente inaceptable y deplorable porque constituye una mezquina burla de la sociedad. Por el contrario, una respuesta humanizadora al desafío energético requiere un diálogo en el que todas las personas y comunidades, especialmente los más involucrados y afectados por las iniciativas, puedan participar y sus opiniones sean tenidas en cuenta para las decisiones que les afectan.
8. Somos administradores de un mundo que no es propiedad nuestra sino de toda la humanidad. Es deber de todos heredar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola. Cuidemos la naturaleza para hacerla humanamente habitable. Desde una actitud cristiana, así responderemos a la vocación de ser co-creadores y sabios administradores de una obra maravillosa inaugurada por Dios que ama incondicionalmente a la humanidad. ¿Cómo no va a alegrarse Dios Padre con el progreso de su querida humanidad, con tal que sea auténticamente humano e incluya a todos?
EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE
† Ricardo Ezzati Andrello
Arzobispo de Santiago
Presidente
† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Vicepresidente
† Gonzalo Duarte García de Cortázar
Obispo de Valparaíso
† Horacio Valenzuela Abarca
Obispo de Talca
† Santiago Silva Retamales
Obispo Auxiliar de Valparaíso
Secretario General
Santiago, 18 de mayo de 2011.
*Fuente: Iglesia
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