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Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana 

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15/04/2011.- En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones
de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales
aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban
que se había producido una sublevación de la fuerza aérea "de Castro" y el
embajador de Estados Unidos ante la
ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más "progresista" del
partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese
organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos
para "normalizar" la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya
estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada
mercenaria que con absoluto descaro la
CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un
año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar
lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales
denominarían eufemísticamente como "cambio de régimen." En Marzo de 1960
-apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana-
el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para
desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el
amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil
quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros,
bandidos o lúmpenes que la CIA
utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a
participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones
contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se
crearon varias "unidades operativas", eufemismo para no llamar por su nombre a
bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en
atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas
murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos
delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes,
invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por
todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista,
clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían
antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista
George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el
virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados
Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que
"Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,"
algo que los gobiernos "pitiyankees" de nuestros países deberían memorizar.
(Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John
Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró
activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).

Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación,
como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del
imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros
crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo-
quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la
más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington
tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya
nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack
Obama, indigno Premio Nóbel de la
Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el
final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera
se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos.
Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962,
luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado,
entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que
habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron
devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados -sí,
homenajeados- por otro "progresista", el presidente John F. Kennedy! El fiscal
general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano
mayor, invitó a esa verdadera "Armada Brancaleone" de matones y bandidos a
integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de
ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas
historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses
en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en
Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno
de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky-
un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver
North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas
desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para
financiar a la "contra" nicaragüense. No le fue tan mal a North después de
estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña
en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos
episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones
imperiales.

La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al
imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la
preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la
realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la
producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el
transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los
eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas
palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba
desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano
-patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José
Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta.
Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el
pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista
de la Revolución
Cubana con las siguientes palabras: "Compañeros obreros
y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes,
con los humildes y para los humildes". Y el 19 de Abril, en Playa Girón,
se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar
del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida
ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió
con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y
nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una
ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta
parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla
contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a
Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una "zona liberada" que
les permitiera constituirse como "gobierno provisional" y, desde allí,
solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para
derrotar a la
Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de
mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que
efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

– Dr. Atilio A. Boron,
director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias
Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.centrocultural.coop/pled
http://www.atilioboron.com

*Fuente: Agencia Latinoamericana de Información

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