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Santa Isabel: La soledad de los trabajadores 

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La semana pasada el programa "Esto no tiene nombre" de TVN
denunció que los trabajadores del supermercado Santa Isabel de Talcahuano eran
encerrados de noche en el local, donde incluso estaban en el momento del
terremoto. El abogado José Luis Ugarte muestra la preocupante soledad de los
trabajadores al momento de exigir el respeto de sus derechos básicos.

¿Bajo qué contexto es posible que un empresario pueda
imponer a sus trabajadores condiciones propias de explotación tales que
signifiquen poner su vida en riesgo para obtener un salario? Y más de fondo
aún: ¿por qué una sociedad permite que sus trabajadores deban soportar a
inicios del siglo XXI formas de trabajo propias de la esclavitud?

La explicación de la empresa no vale la pena ni
considerarla. Justificar el encierro de trabajadores por razones técnicas -era
un problema de chapas, dijo el holding de Paulmann- no resiste análisis. En rigor,
esa cadena -cuyo lema es "Santa Isabel te conoce"- es como el pillín
descubierto "in fraganti": se inventó lo primero que se le ocurrió.

La explicación real es, a mi juicio, tan sencilla como
brutal: la soledad radical en que se encuentra el trabajador chileno.

En efecto, sin capacidad de formar sindicatos fuertes,
impedido de recurrir a la huelga y abandonado por el Estado, el trabajador
chileno tiene que arreglárselas sólo frente a un empleador que, por definición,
tiene un poder enorme: el que le da el despido.

Veamos cómo es que nuestros trabajadores se quedaron solos.

Primero, no hay sindicatos. Sólo el diez por ciento de los
trabajadores chilenos tiene un sindicato que lo represente, y el promedio de
afiliados ronda los 34 miembros. No son, en rigor, sindicatos, sino
"sindicatitos".

Y ahí la pregunta es obvia: ¿alguien pretende que sindicatos
donde penan las ánimas puedan hacerle frente a gigantes como Cencosud, dueño
del Supermercado de Santa Isabel, con todo su poder institucional y mediático?

Segundo, tampoco existe negociación colectiva de las
condiciones de trabajo. En Chile sólo el 5 por ciento de los trabajadores
accede a un convenio colectivo. O sea el 95 por ciento se somete íntegramente a
las condiciones individuales de trabajo, que son, por definición, las que
ofrezca unilateralmente el empresario.

Imágenes del programa "Esto no tiene nombre" de TVN.

¿Y si no tienen sindicato, ni negocian colectivamente,
quizás nuestros trabajadores podrán recurrir a la huelga en casos graves y
calificados, como por ejemplo, cuando un empleador al borde del delirio decide
encerrarlos con llave para evitar los robos?

Tampoco se puede. Esa huelga, como la mayoría de las
huelgas, en Chile sería ilegal. Admitida sólo en una hipótesis -cuando los
trabajadores están negociando un contrato colectivo- la huelga sufre en Chile
la regulación legal más restrictiva del mundo. De ahí que, aunque suene
absurdo, si los trabajadores del Santa Isabel o los mineros de San José -ambos
esclavos de la codicia de sus empleadores- hubieran decidido una huelga para
protestar por el abuso, esa huelga habría sido irremediablemente ilegal.

Impedidos, entonces, de utilizar sus propias manos para
defenderse colectivamente, quizás es el Estado de Chile el que asume esa
responsabilidad.

Y ahí el frío de la soledad es total. La Inspección del Trabajo
tiene problemas estructurales, legales y ahora fácticos que le impiden cumplir
con la defensa de los derechos de los trabajadores.

Legales porque las sanciones laborales son sencillamente
ridículas. Se trata de multas que difícilmente superan -en los casos mas
graves- las 60 UTM, y que muchas empresas simplemente asumen como un costo más
que, en cualquier caso, es más barato que cumplir la ley.

¿Se asustará el holding Cencosud con una multa que
difícilmente superará un par de millones de pesos? ¿Se han asustado los dueños
de los buses interurbanos con años y años de multas para cumplir con los
descansos entre jornadas de choferes? ¿Se asustaron los dueños de la mina San
José cuando un mes antes del accidente se les multó con un millón de pesos por
los problemas de seguridad en el techo de la mina?

Y además hay razones estructurales, porque obviamente ese
servicio público no está en condiciones de fiscalizar millones de relaciones
laborales día a día y ya se sabe, que las nuevas directrices de ese servicio de
fiscalización son incentivar la educación por sobre la fiscalización. No hay
malos empresarios, solo desinformados, parece ser la nueva máxima de ese
organismo de fiscalización.

Nada puede, entonces, estar peor para los trabajadores en
Chile.

Quizás su única esperanza sean ellos mismos: la soledad sólo
se acaba con otro como uno.

*Fuente: CiperChile

NdR piensaChile: Link al video del Programa de TVN:  "Esto
no tiene nombre
"

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