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Obama y Piñera, lobbystas atómicos 

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Bush comenzó a promover nuevas centrales
nucleares, que están sometidas a moratoria desde "Three Mile Island". Obama
continúa la tarea "para que EEUU sea energéticamente autosuficiente". Pero el "renacimiento
nuclear" requiere acuerdo entre los partidos que comparten el poder, y ese
consenso bipartidario era precario ya antes de Fukushima. Ahora surgen más
llamados a no subsidiar ni fomentar una veintena de nuevas centrales o, al
menos, legislar requisitos más estrictos de seguridad y protección civil para eventuales
licencias nucleares. Proyecto Censurado 2010 reveló que Energy gestionaba 20
años más de licencia para la planta Indian
Point
, de dos unidades de generación, que está a 1 km de una falla geológica en
Buchanan y a 38 kms de Nueva York. En California, la central Diablo
Canyon
, de Pacific Gas & Electric Co., también está a 1 km de otra falla
recientemente descubierta.

El secretario estadounidense de Energía,
Steven Chu, dijo el miércoles en el Senado de EEUU que Obama sigue pidiendo al
Congreso 36.000 millones de dólares para "impulsar la industria nuclear
estadounidense". Ante la incredulidad de algunos legisladores por lo
ocurrido en Japón, Chu insistió en que la energía nuclear sigue siendo la principal
apuesta energética de Obama.

En EEUU existen dudas sobre la eficacia del
sistema actual de regulación y control nuclear. Pero Obama encabeza el lobby
atómico y su estrategia de imponer convenios de "investigación
nuclear" en países satélites, como Chile bajo Piñera, sirve para ablandar
la oposición en EEUU ante esta energía. El "Hombre Nuclear", según el
periódico El Ciudadano, viene a Chile a
vender centrales atómicas y a cobrar "derechos" por medicamentos, semillas,
software, música y toda clase de patentes de "propiedad intelectual"
incluidas en "la letra chica" del TLC.

Piñera se opuso a la energía atómica por demagogia
electorera y mutó a Homo Nuclear chilensis. El senador "verde" Antonio Horvath,
del partido Renovación Nacional al que pertenece Piñera, mostró una declaración
de 2006, "Energía
nuclear, no gracias
", que fue suscrita por 45 políticos para
boicotear un "Programa de Energía Nuclear" enunciado por Michelle Bachelet. Uno
de los firmantes fue… Piñera, quien acababa de ser derrotado por Bachelet. "Nos
parece inconveniente centrar el esfuerzo político y económico ante esta opción
que tiene altos costos y graves riesgos asociados", suscribió en 2006. Los
firmantes enumeraron los peligros de la opción nuclear y sentenciaron que
"Chile tiene claras y atractivas alternativas de energía limpia y renovable".

¿Qué
pasó en "Three Miles Island"?

El 28 de marzo de 1979 una fuga en el
generador de vapor de la Unidad
2 de la "nuke" Isla Tres Millas, de 70.000 habitantes y situada a 16 km de Harrisburg, Pennsylvania,
desató el accidente más grave en la historia nuclear mundial conocido a la
fecha. Causa: el diseño poco seguro de la planta. La pérdida del refrigerante
aumentó la temperatura del núcleo que acabó por fundirse y el material
radiactivo se concentró en una burbuja de hidrógeno que amenazó con explotar,
pero se liberaron los gases a la atmósfera. Aún se ignora cuánta radioactividad
afectó a la población circundante.

La respuesta a la emergencia consistió en
evacuar dos días después a las mujeres embarazadas y a los niños que vivían en un
radio de 13 km
de la central. Con el tiempo se detectaron malformaciones congénitas, cánceres
y enfermedades psicológicas derivadas del estrés de la población. El accidente inició
la decadencia nuclear en el mundo. Demostró que las centrales eran inseguras y estimuló
la oposición, pero impuso costes de seguridad más adecuada que encarecieron la
energía nuclear y la hicieron menos competitivas ante otras. Las enseñanzas del
accidente no bastaron para evitar Chernóbil en 1986, ni hoy Fukushima.

Seguridad
versus ganancias

Los tres más graves -Three Miles Island,
Chernobil y Fukushima-, y otras emergencias
menores
, surgieron de fallas en el enfriamiento del sistema. El
enemigo de la seguridad nuclear es el sobrecalentamiento del reactor. Las
centrales son calentadores de agua, un poco más complejos que una gran olla a
presión, que producen vapor para mover turbinas que generan electricidad, una
variante de la máquina a vapor a la que tanto debe el capitalismo. Una persona
común puede pensar que la generación nuclear es más sofisticada porque no echa
humo de carbón al usar barras de combustible de uranio en fisión
nuclear
que generan reacciones en cadena controladas en el reactor
nuclear
. Si el enfriamiento falla, la fisión se descontrola, sube la
temperatura y puede darse una fusión anómala, las barras se funden o derriten, y
desprenden cantidades colosales de energía radioactiva.

Las eléctricas diseñan sus centrales sin
pensar en la gente cercana, sino en la rentabilidad de la energía. En 1971 la
compañía Tokyo Electric Power Co. (TEPCO) puso en marcha Fukushima 1 ahorrando con
una infraestructura concebida para terremotos de hasta 7,2 grados, aunque ya Japón
registraba frecuentes sismos mayores. Cada grado Ritcher es un aumento
exponencial logarítmico de 33 veces la fuerza liberada, por tanto la
infraestructura de una central para 8,2 grados debe resistir sismos de 33 veces
más fuerza que uno de 7,2 grados. El obstáculo para generar energía nuclear más
segura es la repugnancia de las eléctricas a los aumentos de costos impuestos
por regulaciones porque reducen sus ganancias. Éste es un problema de mercado
que suele encararse al margen de la ética, concepto ajeno al capitalismo en su
fase neoliberal actual.

– El
autor, Ernesto Carmona, es periodista y escritor chileno

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