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Una pugna por mantener la influencia en Egipto 

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Traducido por  Javier
Fernández Retenaga

KAIRO/BERLIN (Redacción) – Tras el anuncio del presidente
egipcio, Hosni Mubarak, de su renuncia al cargo, y en vista de la escalada de
violencia entre sus partidarios y detractores, Berlín intensifica sus esfuerzos
para influir en el futuro equilibrio de poder en El Cairo. El control está aún
en manos del ejército. El Gobierno federal vería con buenos ojos un nuevo
Gobierno que estabilizara la situación bajo la dirección de un presidente más
popular. Alemania ha venido manteniendo una estrecha cooperación los aparatos
represivos egipcios: era el mejor medio para conservar, junto a EE. UU., la
hegemonía occidental sobre los yacimientos de recursos de Oriente Próximo y
Medio. Los empresarios advierten de que la "subversión" podría acarrear
pérdidas millonarias en la exportación y en las fábricas alemanas en Egipto. En
el caso de que no sea posible estabilizar el poder del ejército, Berlín se
propone colaborar estrechamente con los líderes de la oposición que infundan la
confianza de que se tendrán bien en cuenta los intereses alemanes. Estos
contactos se han venido produciendo ya en los últimos años por parte de
Fundaciones vinculadas a partidos políticos, en especial la Fundación
Friedrich-Naumann, que pertenece al partido del ministro de
Exteriores.

El poder del ejército

Tras el anuncio del presidente egipcio, Hosni Mubarak, de no
presentarse a las elecciones de septiembre, el Gobierno federal redobla sus sus
esfuerzos para influir en el futuro equilibrio de poder en El Cairo. El
ejército sigue manteniendo allí el control. Los ministros más importantes
provienen de la
Fuerzas Armadas; Omar Suleiman, por ejemplo, quien hace pocos
días fue nombrado vicepresidente, es desde hace casi veinte años jefe de los
servicios secretos y es también un hombre del ejército. Los países occidentales
verían con buenos ojos una situación en la que Suleiman y el ejército
conservaran el poder real. Esto mantendría la frágil estabilidad en Oriente
Próximo y Medio, basada en el apoyo de algunos regímenes árabes a Israel -entre
otros Egipto-, y posibilitaría el control occidental sobre los recursos árabes.
Pero en el futuro esto ya no será posible con Mubarak, sino con un presidente
cuya popularidad sea mucho mayor. Ahora suenan como candidatos el antiguo
ministro de Exteriores, Amr Musa, así como el que fuera Director General de la Agencia Internacional
de Energía Atómica (AIEA), Mohammed el-Baradei. Musa pertenece al círculo de
Mubarak y cuenta con la confianza de Occidente. El-Baradei hace ya algún tiempo
que se convirtió en un adversario de Mubarak y ahora negocia con el ejército.
Naturalmente, también hay que incorporar y apaciguar a la oposición.

Cooperación con la
represión

Los manifestantes rechazan una solución que preserve el
poder del ejército, pero ésta ofrecería a la República Federal,
que mantiene estrechos contactos con los aparatos represivos egipcios, buenas
posibilidades para ejercer una influencia directa. Alemania no es sólo un
importante suministrador de material para las Fuerzas Armadas egipcias, el
ejército federal desarrolla además un programa de cooperación con el ejército
egipcio. Hace no mucho tiempo, en el otoño de 2010, una delegación de soldados
egipcios visitó la Escuela
para Policías Militares y Servicio de Mando del ejército federal.[1] Omar
Suleiman es bien conocido en Berlín debido a la cooperación con los servicios
secretos de Oriente Próximo. También existen buenas relaciones con la policía: la Oficina Federal de
Investigación Criminal tiene un representante en El Cairo y la policía federal
otros dos. Entre 1985 y 1995, el Gobierno federal proporcionó ayuda material y
entrenamiento por valor de más de un millón de euros. Ya entonces la policía
egipcia era conocida por practicar la tortura de manera habitual.

Intereses económicos

La industria alemana también ejerce presiones sobre Berlín
para evitar una "revolución" en Egipto. Si bien, al principio, en los medios de
comunicación alemanes prevalecía la simpatía por los movimientos democráticos
norteafricanos, ahora los círculos económicos han conseguido que las
valoraciones sean más críticas. Así, ahora se dice que los disturbios
perjudican a la industria alemana. Por un lado, la producción se ha paralizado
en las fábricas alemanas radicadas en Egipto, en las que numerosas empresas
-entre ellas, grandes corporaciones como Siemens, Daimler y BASF- han invertido
en total más de quinientos millones de euros. Por otro lado, peligran las
exportaciones alemanas a Egipto, que el año pasado alcanzaron un valor de más
de 2.660 millones de euros. En la prensa sensacionalista se dice que, en caso
de que los disturbios se prolonguen, sólo en lo que se refiere a los créditos
federales "Hermes-Bürgschaften" están en el aire unas obligaciones que
ascienden a casi 190 millones de euros. De manera que también el contribuyente
alemán correría con los gastos ocasionados por el movimiento democrático
egipcio.[2]

La red del FDP

Para el caso de que en Egipto no se consolidara el control
del ejército, Berlín mantiene también contactos con la oposición. Se han
llevado a cabo, sobre todo, por Fundaciones vinculadas a partidos políticos,
como la
Fundación Friedrich-Naumann, del FDP. Esta Fundación apoya en
Egipto no sólo a instituciones del Estado como la Unión Egipcia de
Radio y Televisión y el Consejo Nacional de la Juventud, sino también a
asociaciones opositoras como la Organización Egipcia de Derechos Humanos, fundada
en 1985 por Ayman Nour. Nour es el presidente del partido opositor el-Ghad, en
cuyo cuartel general se reunieron el pasado miércoles los grupos más
importantes de la oposición para debatir acerca de las próximas acciones a
llevar a cabo.[3] El partido de Nour, el-Ghad, es miembro fundador de la Red Liberal Árabe.
Esta red se fundó en 2006 como asociación de los partidos liberales de los
países de lengua árabe, y es el socio más firme de la Fundación
Friedrich-Naumann en la zona. Está concebida como una réplica
de la liga de partidos latinoamericanos RELIAL, acusada allí de apoyar a las
fuerzas subversivas secesionistas (como ya se ha informado en
german-foreign-policy.com).

Francia pierde

Con independencia de que el movimiento democrático egipcio
tenga éxito, con los cambios en el norte de África Berlín se anota un tanto en
la competencia entre países europeos. Los observadores constatan que la Unión para el Mediterráneo
promovida por la UE
ha sufrido un revés quizás definitivo. En Berlín se consideraba que esa unión
era un proyecto del presidente francés, Nicolás Sarkozy, con la intención de
crear un contrapeso a las actividades de la UE en Europa del Este, que benefician en especial
a Alemania. Para la construcción de dicha Unión Mediterránea, Sarkozy se
apoyaba sobre todo en los presidentes de Egipto y Túnez, cuyos mandatos llegan
ahora a su fin. La semana pasada presentó su dimisión un enfadado secretario
general de la Unión,
que ya no ve en ella ningún futuro. Con el fracaso de este proyecto, París
sufre una nueva derrota frente a Berlín, a quien ahora se le brindan nuevos
terrenos de juego, también en el norte de África.

Nota:

[1] Visita desde Egipto,
www.feldjaeger-stabsdienstschule.bundeswehr.de, 1 de noviembre de 2010.

[2] Steuerzahler haften für Ägypten-Exporte! (Los
contribuyentes responden de las exportaciones a Egipto), www.bild.de, 2 de
febrero de 2011.

[3] Egypt’s
Leaders "Disappointed" by Mubarak, Welcome Change, www.cbsnews.com, 1
de febrero de 2010.

Gracias a:
German-Foreign-Policy.com

Fuente: http://www.german-foreign-policy.com/de/fulltext/57999

Fecha de publicación del artículo original: 03/02/2011

*Fuente: Tlaxcala

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