«El alimento puede ser un arma de guerra»
por Cléo Fatoorehchi (IPS)
15 años atrás 5 min lectura
Entrevista a Olivier de Schutter, relator especial de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) sobre el derecho a la alimentación
La falta de inversión pública en la agricultura dificulta
los esfuerzos para aliviar el problema de la desnutrición: en todo el mundo,
925 millones de personas siguen sufriendo hambre crónica, según las cifras
divulgadas en septiembre por la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Olivier de Schutter, relator especial de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) sobre el derecho a la alimentación, señala que la
solución más sostenible es incrementar las inversiones agrícolas en los países
del Sur en desarrollo para mejorar los ingresos de los campesinos y darle una
mayor estabilidad al sector. De Schutter, quien trabaja de forma independiente
de cualquier gobierno u organización, fue designado en mayo de 2008 por el
Consejo de Derechos Humanos de la
ONU, con sede en Ginebra. Desde entonces, ha visitado a
Nicaragua, Guatemala, Brasil, Benín y Siria.
PREGUNTA: ¿Cuán importante es la agricultura en las economías de los
países en desarrollo?
OLIVIER DE SCHUTTER: Varios países en desarrollo dependen demasiado de un
puñado de materias primas, como el algodón, el café, el tabaco o el azúcar.
Esto los hace muy vulnerables a los cambios de los precios de esos productos, y
también significa que tienen una tendencia a invertir mucho en esos
cultivos para su exportación y menos para el consumo local. Es el caso
de casi todos los países de África subsahariana.
Yo, por tanto, insto a esas naciones a que hagan dos cosas: primero,
invertir en la agricultura interna para que se alimenten ellos, y sean menos
vulnerables en el futuro a los incrementos de precios para su seguridad alimentaria.
Segundo, que diversifiquen sus economías para tener un sector secundario (la
industria) y otro terciario (los servicios) que puedan absorber la mano de obra
excedente y disminuir la dependencia en un rango limitado de los cultivos de
exportación para sus ingresos.
P: ¿Una mayor productividad agrícola impulsaría las economías de algunos
de los países más pobres en África y Asia?
ODS: Los incrementos en la productividad agrícola pueden ser fundamentales si
benefician a los campesinos, que son los más pobres. El setenta y cinco por
ciento de la pobreza mundial todavía existe en las áreas rurales. Mejores
ingresos para esos pobres rurales hará que puedan comprar más de los
productores y proveedores de servicios locales, con un importante efecto
multiplicador en las economías y también beneficiando a los sectores de la
industria y de los servicios en el país.
P: ¿Qué tipo de inversiones recomienda?
ODS: Se necesitan tanto inversiones públicas como privadas. Los países
simplemente no tienen el presupuesto necesario, muchos carecen de recursos.
Ciertas inversiones probablemente deban ser hechas por el Estado,
ya que no existen incentivos o son débiles para el sector privado. Por ejemplo,
los estados deberían desarrollar servicios de extensión, infraestructura rural
e investigación agrícola. Deberían crear escuelas agrarias y apoyar
organizaciones y cooperativas de campesinos.
Las inversiones del sector privado son también importantes y pueden
complementar las públicas. Pero no deben tomar la forma de adquisiciones a gran
escala o de compra de tierras, que pueden causar tremendas perturbaciones
sociales y políticas, y constituyen un retroceso en los esfuerzos para mejorar
el acceso a tierras por parte de los pobres, que por lo general tienen poco
para cultivar.
Entonces, ¿cuál es la alternativa? Creo que ciertas formas de
contratos agrícolas pueden brindar importantes beneficios para los
campesinos, permitiéndoles ser apoyados por inversiones sin privarles de acceso
a sus tierras.
P: ¿Cuánto exactamente necesita la agricultura y cuánto se ha invertido
ya? ¿Cuál es el déficit?
ODS: Se estima que, para relanzar la agricultura en África subsahariana y
cubrir 30 años de olvido, serán necesarios entre 35.000 millones y
45.000 millones de dólares anuales durante un periodo de cinco años
(2010-2015). Eso es más de lo que se ha prometido hasta la fecha y, de hecho,
poco dinero se ha prometido.
P: ¿Cuáles son algunas de las soluciones para esta falta de
responsabilidad?
ODS: La participación de los parlamentos nacionales y de organizaciones de la
sociedad civil, incluyendo grupos de campesinos, puede ser muy importante para
garantizar que los gobiernos tomen decisiones bien informados y sobre la base
de una adecuada comprensión de lo que necesitan los pobres.
Yo recomiendo la adopción de estrategias que sean desarrollados en marcos
participativos, a través de los cuales los gobiernos establezcan puntos de
referencia para ellos mismos dentro de un plazo de tiempo especificado y
atribuyan responsabilidades en diversos departamentos para la adopción de las
medidas necesarias con el fin de lograr esas metas.
Esto incrementa la responsabilidad del gobierno, ya que tendrá que
justificar no haber tomado acciones y explicar por qué no cumplió las
metas que se fijó para sí mismo.
P: ¿Se puede usar el alimento como arma de guerra?
ODS: Sí, se puede. Interrumpir el transporte de ayuda alimentaria a zonas
afectadas por la guerra bajo el pretexto de que ésta podría terminar en manos
de guerrilleros, matar de hambre a una población para castigarla por ser hostil
al gobierno central o destruir cultivos y por tanto privar a la gente de su
capacidad de alimentarse son graves violaciones a los derechos humanos.
En algunos casos, pueden constituir crímenes de guerra o contra la
humanidad.
Sin embargo, lo más frecuente es el uso de alimentos como herramienta
política, para recompensar a partidarios y castigar a oponentes.
*Fuente: IPS
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