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Es la hora de un Proyecto Popular Independiente. Ahora le toca al pueblo 

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Algo esta pasando en Chile, se percibe, se intuye.

Los estudiantes no duermen. Su accionar es constante -anunciando
amanecida- como dice una vieja canción revolucionaria. Se han lanzado
nuevamente por la defensa y fortalecimiento de la educación pública. No
aceptan el sistema de enseñanza que privilegia el lucro antes que el
derecho a la educación.

También se ha venido desarrollando todo un esfuerzo por organizarse por
parte de trabajadores y usuarios de la salud para defender la Salud
Pública e impedir las concesiones de hospitales públicos.

La tranquilidad tampoco existe en el sur del país. Las demandas actuales
que impulsa la movilización mapuche son por la tierra, el derecho al
territorio y los recursos naturales. La cosmovisión mapuche que
contempla el todo de lo viviente debe ser respetada por el Estado
chileno. La huelga de hambre de nuestros compatriotas mapuche,
silenciada por las autoridades, es una muestra de su tenacidad sin
límites.

En el norte chileno, 33 compañeros mineros se aferran a la vida bajo
tierra en la mina San José, de la Minera San Esteban. No se puede
explicar que en un país que se dice “moderno”, sus hijos trabajadores se
vean obligados a cumplir faenas como verdaderos kamikazes. El modelo
económico imperante hace que los empresarios consideren a los
trabajadores como bienes desechables, sin respetar sus derechos y
condiciones laborales mínimas.

Las grandes corporaciones mineras extraen a muy bajos costos y con
enormes utilidades las riquezas no renovables del país. Vergüenza da ver
a gobernantes y parlamentarios discutiendo si corresponde subir o no un
punto porcentual de impuestos (royalty) a las grandes mineras. Los
chilenos queremos discutir la soberanía del cobre y no un impuesto
miserable. Como hace falta la dignidad de Salvador Allende.

Otro frente de resistencia al modelo económico imperante es la lucha por
una vivienda digna por parte de las familias trabajadoras y pobres,
algunas con casas hipotecadas por la banca privada y otras por su
calidad de allegadas. La mercantilización de la vivienda social en manos
de los empresarios de la construcción, financistas y bancarios hace de
la lucha por un techo seguro una tarea cada vez mas difícil. No hay
futuro con estos mecanismos inhumanos o de mercado

En Chile no se vive bien, la concentración de la riqueza, el aumento de
la brecha de las desigualdades y el empeoramiento de las relaciones
sociales son males que nos agobian cada día. No ha vuelto a existir el
equilibrio que añoran nuestros hermanos indígenas, dueños originales del
territorio chileno. El equilibrio en los propios seres humanos, entre
nosotros mismos y con la madre naturaleza. En uno, entre nosotros y en
todo lo que existe.

El egoísmo de los chilenos de las clases más ricas y la ambición de sus
administradores, es lo único que nos han ofrecido en estos últimos
doscientos años. Han sido malos gobernantes, nos han mentido, viven de
nuestro trabajo y más encima la corrupción con ellos ha estado siempre
presente. 

Este cuadro actual de variadas luchas sociales de diferentes sectores
del país, tiene en alerta a los yanaconas de siempre, están al acecho y
prestos a tomar la conducción del malestar que se acumula, quieren
encabezar nuestras fuerzas tal como lo hicieron a finales de la
dictadura de Pinochet, para luego negociar a nuestras espaldas.
Seguramente nos tienen recetados unos nuevos veinte años de aspirinas.

No podemos tropezar de nuevo con la misma piedra. Hay que rescatar la
sabiduría de todos para un proyecto independiente. Esa experiencia
popular acumulada históricamente aconseja unir a muchas fuerzas. A los
que vivieron el triunfo popular del gobierno de Salvador Allende, a los
de la resistencia al golpe militar de la derecha, los combatientes
clandestinos e internacionalistas y a los anti neoliberales, esas
fuerzas unidas con los jóvenes bacanes que no le compran a esta
democracia tipo reality serían invencibles.

Necesitamos construir un proyecto popular independiente que nos permita
hacernos cargo de nuestro país y construir un Nuevo Chile. 

Un Nuevo Chile, en colores, inalámbrico, tridimensional, estéreo,
bullicioso, juvenil, cariñoso, con la sabiduría que da ir viendo como
las manos se van poniendo duras y callosas, con ritmo, socialismo con
las empanadas y el vino tinto de nuestro Allende.

La unidad, la verdad, la palabra bien encomendada, la humildad con
nuestros pares, la coherencia ética y la alta sintonía popular son las
herramientas esenciales para garantizar de una vez por todas la
superación del actual estado de cosas.

Vale preguntarse: ¿Porque en Chile no ha triunfado nuevamente una
alternativa popular? ¿Acaso somos diferentes a los demás pueblos de
América Latina? Afirmamos enfáticamente que no ha sido por nuestro
pueblo, han sido los tipos de dirigentes que hemos seguido en estos
últimos tiempos.

Lo positivo es que hoy están surgiendo referentes de trabajo unitario en el seno de la izquierda y los movimientos sociales.

El valor y trascendencia de estos esfuerzos, estarán determinados por su
fuerza y el grado de independencia estratégica que tengan con respecto
de los que quieren recomponer nuevamente la alicaída Concertación como
coalición política hegemónica.

Ahora le toca al pueblo.

Libertad a los presos políticos mapuche.


Construyamos un Chile Digno

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