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¿Por qué continúa existiendo la Iglesia-poder? 

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Voy a abordar un tema incómodo, pero ineludible: ¿cómo puede la
institución-Iglesia, tal como la he descrito en un artículo previo, con
características autoritarias, absolutistas y excluyentes, perpetuarse en
la historia? La ideología dominante responde: «sólo porque es divina».
En realidad, este ejercicio de poder no tiene nada de divino. Es
exactamente lo que Jesús no quería. Él quería la hierodulia (servicio
sagrado) y no la hierarquia (poder sagrado). Pero ésta última se impuso a
través de los tiempos.

Las instituciones autoritarias suelen tener una misma lógica de
autorreproducción. Con la Iglesia-institución no es diferente. En primer
lugar, ella se juzga la única verdadera y retira el título de «iglesia»
a todas las demás. Luego crea un marco riguroso: un pensamiento único,
una única dogmática, un único catecismo, un único derecho canónico, una
única forma de liturgia. No se tolera la crítica ni la creatividad,
consideradas negativas o denunciadas como creadoras de una Iglesia
paralela o de otro magisterio.

En segundo lugar, se usa la violencia simbólica del control, de la
represión y del castigo, frecuentemente a costa de los derechos humanos.
Fácilmente el cuestionado es marginado, se le niega el derecho de
predicar, de escribir y de actuar en la comunidad. El entonces cardenal.
Joseph Ratzinger, presidente de la Congregación para la Doctrina de la
Fe, durante su mandato castigó a más de cien teólogos. Con esta misma
lógica, los pecados y crímenes de los sacerdotes pedófilos u otros
delitos, como los financieros, se mantienen ocultos para no perjudicar
el buen nombre de la Iglesia, sin el menor sentido de justicia hacia las
víctimas inocentes.

En tercer lugar, se mitifican y casi se idolatran las autoridades
eclesiásticas, principalmente el Papa, que es el «dulce Cristo en la
Tierra». Pienso para mí mismo: ¿qué dulce Cristo sería el Papa Sergio
(904), asesino de sus dos predecesores, o el Papa Juan XII (955),
elegido a la edad de 20 años, adúltero y muerto por el marido
traicionado, o peor, el Papa Benedicto IX (1033), elegido con 15 años de
edad, uno de los más criminales e indignos de la historia del papado,
que llegó a vender la dignidad papal por 1000 liras de plata?

En cuarto lugar, se canonizan figuras cuyas virtudes se encuadran en el
sistema, como la obediencia ciega, la continua exaltación de las
autoridades y el «sentir con la Iglesia (jerarquía)», muy al estilo
fascista según el cual «el jefe (Duce, o Führer) siempre tiene razón».

En quinto lugar, hay personas y cristianos de naturaleza autoritaria que
aprecian por encima de todo el orden, la ley y el principio de
autoridad en detrimento de la lógica compleja de la vida que tiene
sorpresas y exige tolerancia y adaptaciones. Ellos secundan este tipo de
Iglesia, así como los regímenes políticos autoritarios y dictatoriales.
Es más, hay una estrecha afinidad entre los regímenes dictatoriales y
la Iglesia-poder, tal como se ha podido ver con los dictadores Franco,
Salazar, Mussolini, Pinochet y otros. Los sacerdotes conservadores
fácilmente son hechos obispos, y los obispos fidelísimos a Roma son
promovidos, fomentando el servilismo. Este bloque
histórico-social-religioso cristalizó, garantizando la continuidad de
este tipo de Iglesia.

En sexto lugar, la Iglesia-poder conoce el valor de los ritos y
símbolos, pues refuerzan la identidad conservadora, pero cuida menos sus
contenidos, con tal que se mantengan inalterables y sean estrictamente
observados.

En razón de esta rigidez dogmática y canónica, la Iglesia-institución no
es vivida como hogar espiritual. Muchos emigran. Dicen sí al
cristianismo y no a la Iglesia-poder con la cual no se identifican. Se
dan cuenta de las distorsiones hechas a la herencia de Jesús que predicó
la libertad y exaltó el amor incondicional.

No obstante estas patologías, tenemos figuras como el Papa Juan XXIII,
dom Helder Câmara, don Pedro Casaldáliga, don Luiz Flávio Cappio y
otros, que no reproducen el estilo autoritario, ni se presentan como
autoridades eclesiásticas sino como pastores en medio del Pueblo de
Dios. Pero a pesar de estas contradicciones, hay un mérito que es
importante reconocer: este tipo autoritario de Iglesia nunca ha dejado
de trasmitir los evangelios, aunque sea negándolos en la práctica,
permitiéndonos así el acceso al mensaje revolucionario del Nazareno.
Ella predica la liberación, pero generalmente son otros los que liberan.
2010-08-20

*Fuente:
Koinonia

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