No debería asombrar a nadie el nuevo gabinete de Piñera en La Moneda. Haberse imaginado una foto diferente es conocer poco de la política. La derecha que llega es derecha pura y dura, gerentes, chicagos, discípulos y aduladores del neoliberalismo, desprecio por la democracia, olvido frente a la historia, justificadores de la impunidad, un pasado Pinochetista, y sus ganas incontenibles de vender todo, lo poco que ya nos queda. Por eso la calle tiene dos veredas.
Los analistas y buscadores de tesoros en la derrota concertacionista han tocado fondo, concluyendo que todos son culpables… unos más que otros. Se conoció el final de la historia y se fueron de vacaciones. Las explicaciones perdurarán en el tiempo, correrá tinta a raudales, quedan congresos partidarios pendientes, lo que en nada asegura que vuelvan a sus orígenes históricos, eso de definirse socialista en estos tiempos se convirtió en una pesada mochila, que muchos no quieren ya cargar, más bien olvidarla. León XIII y sus escritos son ya polvo en los anaqueles de los demócratas cristianos. Todos se colocan ropajes de progresistas, en coro y en fila cantándole al sistema…y bien afinados
Sostener que Chile de la manera que lo dejaron las Fuerzas Armadas y de la forma que lo administró el ppd/ps/prsd/pdc puede funcionar, si es posible, funciona bien para un sector de la sociedad, pero el costo social es muy elevado para la gran mayoría de los chilenos, se hipoteca el futuro, se le coloca techo a las nuevas generaciones, no es posible, de eso no se trata, no es aceptable. Muy débiles fueron los esfuerzos por alterar el modelo, ese el mayor error entre tantos otros, cometido por el bloque político que abandona el gobierno.
La transición no logró arrancar con la fuerza que se esperaba. No le fue posible olvidarse de la dictadura de las Fuerzas Armadas, sencillamente porque está presente. Todos los actores eran más jóvenes y “rebeldes”, allá por los años ochenta, digo, y se asustaron, los envolvió el suave manto del realismo y la pausa política. Negociaron. Hicieron pactos. Aceptaron impunidad. Los poderes fácticos están presentes, enormes y vigilantes, soportando las columnas, y les tuvieron miedo. La exclusión política seguirá sumando años sin ser cambiada. A la derecha no le preocupa y a la Concertación no le quitaba el sueño… posiblemente ahora si, despierte.
El tener a la derecha más clara, bien uniformada y mejor vestida en La Moneda, posiblemente haga que algunos pasos puedan ser mejor acompañados en el camino opositor. Se deberá estar muy vigilante a los embates privatizadores, esos deseos incontenibles en la derecha y algunos cercanos también. Hay que saber repartir muy bien los pecados por los cuales se están pagando platos rotos.
No hay que perderse… a mover ficha
Chile, con su Constitución Política, reflejo de un pasado dictatorial, constituye un enorme retroceso en el concierto de países latinoamericanos que hacen grandes esfuerzos, por avanzar en proyectos significativos en la construcción de hacerse nuevos, para el tercer milenio.
Durante la campaña presidencial algunos manifestaron la necesidad de hacer cambios a la Constitución, otros piden desde hace años y muy justamente, Asamblea Constituyente. Pues bien, esta exigencia no puede quedar como una frase de campaña electoral. Terminar con la subsidiaridad del Estado. Sistema electoral proporcional. Nacionalización de las aguas en manos de empresas privadas. Reducir al 1% del PIB el gasto militar. Aumentar al 6 % el gasto de salud y educación. AFP estatal. Solución definitiva para las justas demandas del Pueblo Mapuche…entre otras tantas.
Ante la alternativa de hacer una oposición “constructiva”, a la medida y necesidades de la derecha en La Moneda, se la harán sin duda. Y también estará, porque existe el camino de una oposición de izquierdas, consistente, de trabajo, con carácter popular y de clase, para la acumulación de fuerzas indispensable, así, solo así, se alcanzarán mayores espacios de participación política.
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