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«Operación Cóndor», pesadilla de América Latina

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Un terrorismo de Estado bendecido por Estados Unidos
El 12 de enero, un torturador argentino, Ricardo Miguel Cavallo, fue expulsado de México hacia España, para ser juzgado. El 6 de marzo, en Buenos Aires, otro juez derogó las leyes que ponían a los militares al amparo de acciones judiciales desde el fin de la dictadura. En cambio, en Chile, se dejó al general Augusto Pinochet en libertad bajo fianza después de reducir la calificación de sus crímenes. Sin embargo, son cada vez más numerosos los testimonios y documentos sobre la "guerra sucia" llevada a cabo por las dictaduras del Cono Sur, bajo el aval de Estados Unidos. "Nosotros, los chilenos, como todos los pueblos de Occidente, combatimos las dictaduras de los "ismos" y los agentes extranjeros que amenazan a nuestro país. Debemos combatirlos con todas nuestra fuerza, el arma principal será la cooperación entre las policías de toda América [1]. "

El "señor Castillo, del servicio de inteligencia chileno", mira fijamente al espectador. El film se titula "El crimen no paga". Estamos en la segunda Guerra Mundial y Hollywood fabrica entonces una serie de películas patrióticas bautizada "Por una defensa común". Inspiradas por el FBI, esas obras pretenden ser un ataque contra los espías nazis en América Latina y un ejemplo de la cooperación de los servicios de policía y de informaciones a escala continental. Se podría fechar en esa época el origen de lo que se transformará luego en la Operación Cóndor : un amplio plan de represión continental organizado por las dictaduras latinoamericanas en los años 1970-1980. Lo único que cambiará será el color del "ismo", pasando del pardo al rojo.

Fue el descubrimiento casual, a finales de diciembre 1992, de dos toneladas de archivos de la dictadura Stroessner en una comisaría de Lambaré, cerca de Asunción (Paraguay), lo que permitió reconstituir las actividades criminales de esta red internacional. La desclasificación de documentos de la CIA sobre Chile, el 13 de noviembre de 2000, confirmó y precisó el contenido de esos "archivos del terror".

Ya en la conferencia panamericana de Chapultepec, México, de febrero de 1945, Estados Unidos había alertado a los militares sudamericanos respecto del comunismo. En esa perspectiva, en 1951 se firmarán efectivamente acuerdos bilaterales de asistencia militar : suministro de armas y financiamiento norteamericanos, envío de consejeros militares y entrenamiento de oficiales latinoamericanos en Estados Unidos y en la Escuela de las Américas, en la zona norteamericana del canal de Panamá.

La revolución castrista, de 1959, precipita obviamente el movimiento hacia una "defensa continental contra el comunismo". En 1960, el general Theodore F. Bogart, comandante de los US Southern Command (comando sur del ejército de Estados Unidos), basado en la Zona del Canal, en Panamá, invita a sus colegas latinoamericanos a una reunión "amistosa" para discutir de problemas comunes. Así nacen las Conferencias de los Ejércitos Americanos (CEA). Esos encuentros, realizados cada año en Fuerte Amador (Panamá), y luego en West Point en 1964, pasan a ser bianuales a partir de 1965. Allí, en ese lugar de reunión un tanto obsesivo, típico de la guerra fría y con escaso eco público, se sitúa el núcleo de la futura Operación Cóndor.

Aparte del MCI (Movimiento Comunista Internacional, sigla práctica para designar a todos los opositores), los militares latinoamericanos comparten una obsesión principal : la interconexión de los servicios. A partir de su segunda reunión, la CEA expresa el deseo de establecer un Comité permanente en la Zona del Canal de Panamá "con el fin de intercambiar informaciones e inteligencia [2]". Ese deseo va a concluir en la instauración de una red de comunicaciones a escala continental y en encuentros bilaterales ultrasecretos (Argentina-Paraguay, Brasil-Argentina, Argentina-Uruguay, Paraguay-Bolivia, etc.), destinados a intercambiar información.

Las fichas de información, emitidas por un país hacia otro, circulan a través de la red "Agremil" (de agregados militares). Las mismas, que provienen generalmente de los servicios de informaciones militares (G-2), pueden también proceder de las policías políticas o incluso de servicios menos oficiales como la Organización de Coordinación de las Operaciones Antisubversivas (OCOA), un escuadrón de la muerte originado en la policía política uruguaya, cuyos miembros participan en los interrogatorios, en las torturas y en las ejecuciones, en particular en Argentina [3].

Durante la décima reunión de la CEA (Caracas, 3 de septiembre de 1973), el general Breno Borges Fuerte, jefe de Estado Mayor del ejército brasileño, admite que la estrategia de lucha contra el comunismo incumbe exclusivamente a las fuerzas armadas de cada país pero que, "en lo que se refiere al aspecto colectivo, consideramos que sólo son eficaces (…) el intercambio de experiencias o de informaciones y la ayuda técnica, en la medida en que ésta es solicitada [4]". Se adopta entonces la decisión "de aumentar el intercambio de informaciones para contrarrestar el terrorismo y (…) controlar los elementos subversivos en cada país [5]".

Mientras que el subcontinente cae progresivamente entre las garras de los regímenes militares inspirados del ejemplo brasileño, Argentina vive una curiosa transición, entre la vuelta al poder de Juan Domingo Perón, en 1973, y el golpe de 1976. La policía y las fuerzas armadas autorizan la formación de escuadrones de la muerte surgidos de sus propias filas, como la Alianza Anticomunista Argentina (AAA). Sin embargo, Argentina es en ese entonces el único país del Cono Sur donde pueden encontrar asilo miles de refugiados, sobre todo chilenos y uruguayos, víctimas de la persecución política y social.

Fuerza especial anti-exiliados
A principios de marzo de 1974, representantes de las policías de Chile, Uruguay y Bolivia se reúnen con el subjefe de la policía federal argentina, comisario Alberto Villar (cofundador del AAA), para estudiar la manera en que podrían colaborar para destruir el "núcleo subversivo" que -a su entender constituye la presencia de esos miles de "subversivos" extranjeros en Argentina. El representante de Chile, un general de carabineros, (Ver en El Correo : El Autentico) propone "acreditar en cada embajada un agente de seguridad, miembro de las fuerzas armadas o de la policía, cuya función principal sería garantizar la coordinación con la policía o el representante de la Seguridad de cada país". El general añade : "Deberíamos disponer también de una central de informaciones donde obtener datos sobre los individuos marxistas (…), intercambiar programas e informaciones sobre las personas con actividad política (…). Deberíamos poder ir a Bolivia, de allí poder pasar a Chile, y de allí volver de nuevo a Argentina ; en fin, poder desplazarnos en cualquiera de esos países sin que haya necesidad de una investigación formal". [6]

El Comisario Villar promete que el Departamento de los Asuntos Exteriores (DAE) de la superintendencia de seguridad de la Policía Federal argentina se ocupará de los extranjeros que interesan a las juntas vecinas. En agosto de ese año comienzan efectivamente a aparecer en los basurales de Buenos Aires los primeros cadáveres de refugiados extranjeros, en particular, bolivianos. El 30 de septiembre, en la capital argentina, una bomba colocada por un comando chileno y un agente (o ex agente) de la CIA, Michael Townley, mata el general Carlos Prats, ex-Comandante en Jefe del ejército chileno durante la Unidad Popular y punta de lanza de la oposición al general Augusto Pinochet.

Comandos policiales o militares cruzan las fronteras. Durante los meses marzo y abril de 1975, por ejemplo, son detenidos más de veinticinco uruguayos en Buenos Aires por policías argentinos y uruguayos, los que efectúan conjuntamente los interrogatorios en los locales de la policía argentina. Jorge Isaac Fuentes Alarcón, militante chileno, es detenido en la frontera paraguaya por la policía de ese país. Como lo establecerá la comisión Retting -comisión nacional de la verdad y la reconciliación chilena- en su informe entregado al Presidente Patricio Aylwin el 8 de febrero de 1991 [7], el interrogatorio del cautivo es llevado a cabo por la policía paraguaya, junto a los servicios de informaciones argentinos y… funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, los que transmiten la información recogida a la policía chilena. Alarcón será luego entregado a los agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional chilena (DINA) presentes en Paraguay, y transferido a Chile.

Mientras tanto, Chile perfecciona el sistema. Después del golpe del 11 de septiembre de 1973 -en el cual el Presidente Richard Nixon y su Secretario de Estado, Henry Kissinger, tienen una responsabilidad directa- el general Pinochet dio carta blanca al coronel Manuel Contreras "para extirpar el cáncer comunista" del país. Rápidamente, la DINA se transforma en un Estado dentro del Estado.

La importante presencia en el exterior de opositores irreductibles constituye uno de los principales problemas de la dictadura chilena. Esta consigue asesinar al general Prats, pero los anticastristas cubanos reclutados para la circunstancia fallan, en febrero de 1975, en la ejecución de Carlos Altamirano y de Volodia Teitelboim, respectivamente jefes del Partido Socialista y del Partido Comunista chileno en el exilio. A principios de agosto, el coronel Contreras efectúa un viaje destinado a convencer a los servicios de seguridad de toda América Latina de crear una fuerza especial anti-exiliados. Y el 25 de agosto se toma el trabajo de ir personalmente a la sede de la CIA en Washington, donde se entrevista con Vernon Walters, subdirector a cargo de América Latina.

Dos días más tarde visita en Caracas a Rafael Riva Vásquez, director adjunto de los servicios de informaciones venezolanos, el DISIP : "Explica entonces (…) que deseaba tener agentes en las embajadas chilenas en el extranjero, que ya entrenaba funcionarios de embajadas listos para servir de agentes cuando fuera necesario. Dice que había hecho varios viajes exitosos para obtener el apoyo de distintos servicios de inteligencia latinoamericanos. Todo eso sobre la base de acuerdos verbales [8]." Según Rivas, el Gobierno venezolano ordenó a la DISIP rechazar las ofertas del coronel Contreras. Es la única negativa. Todos los demás países (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia) aceptan.

Paralelamente, se ordena establecer una red en Europa. Ésta se articula en torno a terroristas de extrema derecha italianos. Al no poder eliminar a Carlos Altamirano que vive en la República Federal Alemana bajo escolta armada- esos ejecutantes deciden atacar a Bernardo Leighton, ex Vicepresidente de Chile y uno de los fundadores del Partido Democrata-cristiano. El 6 de octubre de 1975, un comando fascista ataca Leighton y a su esposa en Roma. Ambos salvan sus vidas, pero la mujer queda paralizada para toda la vida. A pesar de ese fracaso, el general Pinochet se entrevista con el jefe de los comandos italianos, un tal Stefano Delle Chiaie, quien acepta permanecer a disposición de los chilenos.

En su reunión del 19 al 26 de octubre de 1975 en Montevideo, la CEA aprueba la organización de una " primera reunión de trabajo sobre inteligencia nacional", preparada por el coronel Contreras, que se celebra en Santiago de Chile del 25 de noviembre al 1° de diciembre de 1975. Esta tiene "un carácter estrictamente secreto". La propuesta principal del coronel Contreras se refiere a la creación de un fichero continental, "algo similar, en líneas generales, al que tiene Interpol en París, pero especializado en la subversión". La operación Cóndor, versión chilena, acaba de nacer.

Según la CIA -que pretende haber oído hablar del tema recién en 1976 [9]-, tres países miembros de la operación Cóndor, Chile, Argentina y Uruguay, "habrían extendido sus actividades de cooperación antisubversivas con el fin de incluir el asesinato de terroristas de alto nivel exilados en Europa". Mientras que estaba claramente establecido desde hacía años que el intercambio de la información era más bien de tipo bilateral, "una tercera y muy secreta fase de la Operación Cóndor habría consistido en la formación de equipos especiales que, provenientes de los países miembros, actuaban en operaciones que incluirían asesinatos de terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas. Por ejemplo, si se identificaba a un terrorista o a un simpatizante de una organización terrorista de un país miembro, se enviaba un equipo especial con el fin de ubicar y vigilar el objetivo. Una vez completada la localización y la vigilancia, se enviaba un segundo equipo para operar contra el objetivo. El equipo especial, dotado de falsos documentos de los países miembros, podía componerse de individuos venidos de una o más naciones miembros".

Privatización de las operaciones
Para la CIA, el centro operativo de esta "tercera fase" se sitúa en Buenos Aires donde se habría constituido un equipo especial. Durante esa época, continúan las reuniones bilaterales de la CEA entre los distintos países del Cono Sur y sus efectos son igualmente brutales [10].

Numerosas reuniones del Plan Cóndor tienen lugar en 1976, a menudo con los mismos participantes que los encuentros bilaterales. Siempre según la CIA, "la cooperación existía entre los servicios de información y de seguridad respectivos desde hacía algún tiempo (…), pero el esfuerzo de cooperación no se formalizó hasta finales de mayo de 1976, cuando una reunión Cóndor tuvo lugar en Santiago de Chile. El tema central de la reunión fue la cooperación a largo plazo entre los servicios de los países participantes, pero con mucho mayor alcance que el intercambio de información. Los miembros de Cóndor se asignaban nombres de código numéricos : 'Cóndor uno', 'Cóndor dos', etc.".

Ese es un año terrible para los opositores, que se refugiaban donde podían. Con el pretexto de combatir a los "terroristas", partidarios de la oposición armada, se persigue a cualquiera. Asesinatos, desapariciones, los ejecutores latinoamericanos ya no tienen más fronteras. Es el tiempo en que Henry Kissinger declara al general Pinochet, en una conversación cordial celebrada el 8 de junio en Santiago : "En Estados Unidos, como sabe, estamos de todo corazón con ustedes (…). Le deseo éxito [11]."

Semejante represión dificulta cada vez más la conservación del secreto. La CIA se hace entonces eco de rumores molestos : "Los oficiales del ejército que implicados en ese tema comenzaron a hablar abiertamente. Su broma favorita es que 'uno de su colegas está fuera del país porque vuela como el Cóndor'."

Paradójicamente, es la política de asesinatos específicos inventada por el coronel Contreras la que, al menos formalmente, va a poner fin al Plan Cóndor. En efecto, el funcionario chileno comete el error de hacer asesinar en Washington el antiguo Canciller de Chile, Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976. Los estadounidenses investigan quien ordenó esa operación. El jefe de la oficina del FBI en Buenos Aires emite un informe que describe el Plan Cóndor y su "tercera fase", y algunos extractos del mismo son publicados por la prensa norteamericana. Poco después una comisión investigadora parlamentaria se ocupa del tema. En Chile, la DINA es inmediatamente disuelta y reemplazada, pero sin el coronel Contreras.

El nuevo Presidente de Estados Unidos, el liberal James Carter, que había hecho del respeto de los Derechos Humanos uno de los ejes de su política, no acepta esa clase de acciones. O, por lo menos, no quiere que Estados Unidos se mezcle en ellas. Generalmente se considera que la administración americana ejerce entonces presión sobre los países latinoamericanos para que pongan fin a la Operación Cóndor.

Del 13 al 15 de diciembre de 1976, representantes de todos los países miembros de la organización se encuentran en Buenos Aires para discutir sobre los planes futuros, en ese nuevo contexto. Muy claramente, los argentinos (que, desde el golpe del 23 de marzo, superan en ferocidad todas las demás dictaduras) toman las cosas en mano y hallan, con los Paraguayos, otro canal más discreto y más seguro.

En marzo de 1977, en Asunción, se desarrolla la tercera reunión de la Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL). Donde se encuentra lo más selecto de las dictaduras, desde el general Gustavo Leigh, miembro de la junta chilena, hasta el general y Presidente argentino Jorge Videla, y todo lo que América latina cuenta como torturadores y miembros de los escuadrones de la muerte. La CAL es una emanación de un movimiento internacional vinculado a los distintos servicios de informaciones, la Liga mundial anticomunista (WACL).

Durante la reunión se plantean varios problemas. Por una parte, la actitud estadounidense destinada a restaurar la democracia en América Latina ; por otra, el desarrollo de la guerrilla en Centroamérica ; y por último, la localización de algunos sectores de la Iglesia Católica a los que se considera verdaderos integrantes del movimiento comunista internacional. Efectivamente, en los años siguientes se aplicará un plan propuesto por los bolivianos para "erradicar" a los religiosos adeptos de la Teología de la Liberación, designado "Plan Banzer", por el nombre del dictador boliviano. Ese plan llevará a la ejecución de cientos de sacerdotes, religiosos, oblatos, monjas, laicos miembros de comunidades religiosas, obispos, etc., y culminará con el asesinato del arzobispo de San Salvador, Oscar Romero, en la república de El Salvador.

Al hacerse cargo de la represión continental, los argentinos se deshacen de todo control. Desde un cierto punto de vista, confiar la coordinación de la represión a escuadrones de la muerte, incluso por medio de militares o policías, equivale a "privatizar" las operaciones. Por otra parte, las reuniones bilaterales de información prosiguen, y los encuentros de la CEA -bajo la tutela de Estados Unidos- continúan. La reunión de 1977 tiene lugar en Managua, Nicaragua, y la de 1979 en Bogotá, Colombia. Los argentinos envían varias misiones a Centroamérica con el fin de ayudar a las fuerzas armadas y las policías políticas. Liberándose de las escuelas de guerra norteamericanas, comienzan a organizar en Buenos Aires cursos de lucha anti-subversiva a partir de la primavera 1979. La caída de la dictadura somozista, en julio de 1979, obviamente incita a los latinoamericanos a adoptar estrategias comunes.

Durante la cuarta reunión de la CAL, presidida en Buenos Aires por el general argentino Suarez Mason en septiembre de 1980, se trata de establecer una "solución argentina " para toda América Latina. Desde abril de 1980, el Secretariado estadounidense de la Defensa sabe que Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil vuelven a analizar la idea de crear una "organización antiterrorista internacional". ¡Una nueva versión del Plan Cóndor ! Mientras tanto, continúan en Centroamérica las masacres perpetradas de manera coordinada, bajo los auspicios de la CAL, por escuadrones de la muerte y organismos de seguridad. Y las fichas "Agremil" siguen circulando en todos los Estados Mayores, con sus lógicos corolarios : detenciones multinacionales, intercambios de presos, equipos internacionales de torturadores, etc. En 1981, la reunión de la CEA tiene lugar en Washington : el Presidente republicano Ronald Reagan acaba de ser elegido. Nuevo cambio de dirección. La existencia de la Nicaragua sandinista reactiva la cooperación [12] : se decide firmar nuevos acuerdos bilaterales sobre la información relativa a los "terroristas" y, sobre todo, crear un Secretariado permanente de la CEA, que se instalará efectivamente el 24 de mayo de 1984 en Santiago de Chile.

Ese Chile de los militares va a ser la última defensa frente a los comunistas en Sudamérica (junto a Paraguay), cuando Argentina, en 1983, vuelve a ser una democracia. Mientras tanto, la administración Reagan confió tanto a la CIA como al sector privado y a la CAL su programa de guerra clandestina en Centroamérica [13]. En cuanto al contenido ideológico de la CEA, sigue siendo la guerra contra el comunismo internacional. El único cambio, es que en adelante quedan dentro de esa categoría, además de los habituales opositores de izquierda y los sacerdotes, las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Poco a poco se incluirá también a quienes proponen enjuiciar a los torturadores, a los jueces y a los periodistas, y luego a quienes se oponen a la corrupción, en la cual los militares están muy implicados.

Formalmente, Cóndor desaparece en las selvas de Centroamérica cuando Estados Unidos retoma el control de la lucha contra la Nicaragua sandinista. Más simplemente, el final de la guerra fría y la acumulación de los excesos cometidos le dan el golpe de gracia. Aunque la propia operación solo concierne algunas decenas o a algunos centenares de víctimas específicas, el balance general de la represión para el solo Cono Sur durante este período, es de cerca de 50.000 asesinatos, 35.000 desaparecidos y 400.000 detenidos.

Aunque ya no hay más ejecuciones o torturas institucionalizadas a nivel continental, nada permite afirmar que esas prácticas desaparecieron. Prueba de lo contrario son las exacciones cometidas por los paramilitares colombianos, vinculados a algunos sectores del ejército de este país. El 8 de marzo de 2000, el informe de la Comisión sobre la Seguridad Continental de la Organización de los Estados Americanos (OEA) hizo el balance de diez años de cooperación entre los distintos Estados latinoamericanos y centroamericanos. Ahora el enemigo es "el traficante de droga" más bien que "los comunistas", pero el discurso aunque matizado con referencias a los derechos humanos globalmente sigue siendo el mismo.

Se firmó una multitud de acuerdos entre numerosos países de América Latina, y entre éstos y Estados Unidos. Todos contemplan una mayor cooperación bilateral o multilateral, esencialmente en el ámbito del terrorismo, del lavado de dinero y del tráfico de drogas. Se reitera además el papel que debe jugar el ejército en la organización del control social. Del mismo modo, desde mediados de la década de 1990 y bajo los auspicios de Estados Unidos, los países de América Latina aumentan los intercambios bilaterales, que se cuentan por decenas solamente en el ámbito de la inteligencia. Sin contar la Conferencia anual de los servicios de Inteligencia de los Ejércitos de los Estados miembros de la OEA. La CEA siguió realizando sus reuniones, en Argentina en 1995, en Ecuador en 1997. Una conferencia militar multilateral sobre los servicios de Inteligencia, la primera desde la convocada por el coronel Contreras en 1975, fue organizada por el Ejército boliviano del 8 al 10 de marzo de 1999, en presencia de los representantes de los Ejércitos de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos (Comando Sur), Paraguay, Uruguay y Venezuela.

La "seguridad de las Américas", a la que Estados Unidos acuerda gran importancia, no tiene como prioridad la democracia. Lo que ha permitido la existencia del Plan Cóndor sólo requiere ser reactivado nuevamente.
Le Monde Diplomatique. Mayo 2001

-Traducción del francés : Carlos Alberto Zito

– El autor, Pirre Abramovici, es periodista. Autor de “Una roca bien ocupada”, Ediciones el Límite máximo, París, septiembre de 2001.
Autor de : Como nace el Terror en América Latina : "La otra guerra sucia de Aussaresses"
* Fuente: El Correo  

Notas:

[1] A Crime Does Not Pay. For the Common Defense, MGM, 1943.

[2] Secretaria Permanente CEA, Boletin Informativo, n° 1, Santiago, Chile, 1985.

[3] Nunca Mas/Conadep, Editorial Universitaria de Buenos aires, 1984.

[4] Difusión de la información sobre América Latina (DIAL), n° 125, París, 25 de octubre de 1973.

[5] Secretaría Permanente CEA, Boletin Informativo, n° 1, op. cit.

[6] Versión taquigráfica publicada por EL Autentico, Buenos Aires, 10 de diciembre de 1975.

[7] " Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación ", texto oficial completo, 278 páginas, publicado por La Nación, Santiago, 5 de marzo de 1991.

[8] Testimonio del 29 de junio 1979 ante la justicia norteamericana, en el juicio contra los asesinos de Orlando Letelier, en Washington.

[9] Verdadera o falsa, esta afirmación no puede ocultar que el coronel Contreras fue un agente informador de la CIA de 1974 a 1977, y que fue remunerado por esa agencia hasta 1975 ("por error", afirma la CIA), como lo reveló un documento desclasificado entregado al Congreso norteamericano a pedido suyo, el 19 de septiembre de 2000. EL Nuevo Herald, Miami, 20 de septiembre de 2000."

[10] Los militares argentinos fueron los únicos en América latina que requirieron ayuda a otro país que no fuera Estados Unidos, para desarrollar su propia "Guerra Sucia". En 1976, una misión militar francesa llegó a Buenos Aires para entrenar a las fuerzas armadas argentinas en la lucha antisubversiva.

[11] Documento desclasificado, citado en EL País, 28 de febrero de 1999.

[12] El 1° de diciembre de 1981, la administración estadounidense autorizó un presupuesto de 19 millones de dólares para permitir el entrenamiento de un primer contingente de 500 contras (contra-revolucionarios nicaragüenses) por parte de oficiales argentinos.

[13] [Ver : Pierre Abramovici, « Des millions de dollars pour les "combattants de la liberté" », Le Monde Diplomatique, abril de 1986.

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