Pensaba revisar todas tus columnas en G-80 y comenzar a realizar una especie de análisis de tu propuesta. Pensaba también en recoger tu imagen televisiva y partir de ahí, o estudiar con detenimiento la historia de Elena Caffarena, tu abuela, para recoger de su lucha, estampa y sicología aquellos rasgos que tú pudieras tener, y que en este Chile postmoderno no se entienden bien, porque este Chile postmoderno no estudia su propia historia.
Pensaba, en un acto, que luego me pareció soberbio, comparar tus lineamientos programáticos con mis propias ideas y columnas en este mismo sitio en que escribo, al igual que tú.
Finalmente y para comenzar, he elegido una carta simple, pública, creo que hoy al menos tengo lectores que me permiten hacerlo. Que he construido un pequeño espacio, gracias a otros y otras, que me permite decir ciertas cosas, por lo demás no muy novedosas, pero que intentan conectarse con el sentimiento, más que con una lógica implacable, tan hija de la razón.
Pamela Jiles, la lucha social y política, la lucha de clases, es un proceso tremendo de sumatoria de injusticias y sobretodo, de desamparo del pueblo pobre y de la clase obrera. Tú lo sabes. Están los hijos de la patria profunda, no en facebook, ni en los lanzamientos de campaña en los restaurantes del barrio medio y alto, ni en las tribunas parlamentarias. Los hijos e hijas de la patria querida, están en las comunas populares, aquí, andan en triciclos, bicicletas, carros de mano, con overoles manchados de grasa de los talleres mecánicos, con las manos frescas, llenas de verduras y manchadas con tomate, en las ferias libres, con la cara sucia y el pelo desgreñado de tanto andar y andar, buscando el sustento diario. Los hijos e hijas de la patria cansados de la palabrería rimbombante de los políticos profesionales, y como he dicho tantas veces en mi poesía y en mis ensayos, descreídos de la promesa siempre traicionera y traicionada, de las nuevas oportunidades, de la igualdad, de la justicia, de la fraternidad entre los seres humanos, del amor y de la vida plena.
El baile de los que sobran
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Pamela Jiles, leyendo así someramente tus cartas y entrevistas ahora en la arena política, me da la sensación y tengo intuición femenina también y me emociono, que andas muy cerca, muy pero muy cerca del sueño verdadero, tantas veces prometido y que hoy no es más que una pesadilla economicista para millones de chilenos y chilenas.
Andas cerca Pamela Jiles, ya estas mostrando que tu permanente rebeldía mediática, a tu buena edad, no es más que un inconformismo profundo y, aunque muchos y muchas no lo crean, fue un silencio de las verdades que te tenías guardadas y que sabes hoy, que son las verdades que importan.
Pamela Jiles, al decir de un sociólogo francés, eres hija de la élite de la izquierda pero también por conciencia y lucidez y paradojalmente como tantos y tantas, hija del pueblo, porque no te has conformado nunca con estar entre aquellos y aquellas que sólo vociferan pero no hacen lo que dicen y que hace ya tanto tiempo sólo buscan las prebendas de un estado corrupto.
Pamela, si realmente crees “en la lucha de clases, como el trabajador forestal Rodrigo Cisternas Fernández, muerto a tiros y en cámara por carabineros en el frontis de Celulosa Arauco y Constitución, Celco”, si realmente crees “en la fuerza del proletariado organizado”, en “la nacionalización de los medios de producción”, y rechazas “la concentración de la riqueza” y denuncias “la explotación de la mano de obra asalariada, si realmente combates “la opresión de los débiles por parte de los poderosos e impugnas “al ejército policial que levanta las armas contra su pueblo, como el comandante José Miguel” y abominas de la dominación cultural e ideológica del dinero”, eres Pamela Jiles, a no dudarlo la reactualización de lo mejor de la historia de la izquierda chilena, aquella que construyo la patria y que defendió las conquistas sociales de los trabajadores y el pueblo.
Ahora ya has lanzado la primera piedra Pamela Jiles, pero escucha el silencio del viento como tan bellamente me dijo un obrero acá en el barrio, escucha el silencio del viento, porque el pueblo no solamente está en los registros ni en las batallas meramente electorales, la gran mayoría fuera de la política, está en la periferia territorial y en la periferia económica, social y cultural de Chile y no se involucra porque ya no cree.
Ahí donde las papas queman, debes hacerte presente, para llevar y sembrar tus ideas, tu programa, tus valores y tu imaginario cultural. Si no lo haces, serás una más, como todos esos políticos supuestamente de izquierda, que andan sembrando tempestades pero que terminan tristemente cosechando prebendas y acuerdos con el enemigo brutal.
Pamela Jiles, un slogan como se le viene a decir ahora, no importa tanto como tu caminata diaria en los territorios de la pobreza y del proletariado rural y urbano que con otro nombre hoy, forma el cuerpo social mayoritario de la patria, como Lafferte con su bastón de madera y su chaquetón de obrero, como Gladys en los meandros de cada barrio, casi callada, casi embozada su figura y clandestina, como Neruda en cada sede social y sindical, como Allende con su camisa arremangada y su alegría y como Víctor y la Violeta, arropados de chilenidad campesina y humilde, inteligente y seductora.
Vamos Pamela Jiles, adelante con tus ideas pero en los territorios sociales y geográficos de la pobreza y del mundo obrero, voceando en las calles y en los pasajes de las poblaciones las verdades verdaderas. Vamos Pamela, que si levantas tu ideario valiente y honesto, como se dice en buen chileno, hazlo con los de abajo, ensúciate las manos y en la cancha, así de verdad y de nuevo en este Chile de mierda traicionado, volveremos a construir camino de victoria y cantaremos fuerte:
ACA ESTA LA IZQUIERDA LIMPIA Y VALIENTE, LA VERDADERA IZQUIERDA CHILENA.
– El autor es poeta, narrador y sociólogo
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