¿Samuel Huntington ha muerto?
por Alberto Magnet Ferrero (España)
18 años atrás 6 min lectura
Hacia donde se mire, las cosas no pintan bien. El mundo muestra estos días sus caries. Abre las fauces de donde chorrea la sangre de todos los palestinos inocentes que han sido y seguirán siendo, y su aliento apesta. El humo de las bombas trae reminiscencias de otros cuerpos sepultados y encalados en la comunidad de la ignominia. La tragedia no se repite como comedia sino como horror.
En estos momentos, muchos se preguntarán: ¿Vale la pena el sacrificio de protestar? Mientras se lo preguntan, hay legiones que no tienen dudas, gentes que piensan que sí merece la pena porque no les queda alternativa, porque han sido arrastradas por el terrorismo de Estado a los confines de la miseria y han aprendido el arte de la resistencia. Para ellos, no hay nada más que una frontera infranqueable y, como alternativa, la muerte. Y ellos optan por la muerte, por las bendiciones que se llevan los mártires y por el bienestar de sus familias, que a veces reciben la compensación terrenal.
Samuel Huntington ha muerto. El hombre que predicaba el levantamiento de muros estratégicos para impedir que Occidente sucumbiera a manos del Islam (Oriente) o de los cuervos que había criado (Sur) se ha ido en medio del fragor. Ha muerto Huntington, pero no la enfermedad de una civilización que, tras siglos de mentiras y atrocidades, sigue creyendo que es la ungida como la única alternativa que tenemos para salir del atolladero donde ella misma nos ha metido.
Esto contraviene toda la lógica que, hasta ahora, le ha permitido al hombre dar gigantescos pasos en su “especialización” y diferenciación como especie, a alcanzar el estadio de las civilizaciones modernas, cuyo choque frontal preocupó tan persecutoriamente a Samuel Huntington. Una ley científica deja de ser válida en cuanto se demuestra que una de sus hipótesis es falsa. Los edificios se derrumban por falta de asidero, las ideas también. La historia no se ha acabado, ni tiene final previsible. En este caso, una pieza fundamental de la teoría está a punto de derrumbarse por el peso inconcebible de su propia ignominia. Israel es un actor anacrónico en un mundo que quizá se muestre dispuesto, en un futuro no muy lejano, a prescindir del foco de conflicto que representa, con el objetivo de rebajar las tensiones globales. La condición de Estado tampón con que Israel fue concebido no tiene sentido en un mundo multipolar que, para Occidente, presenta día a día, otros problemas más urgentes y de muchísimo más enjundia geoestratégica, sin ir más lejos Irak, Afganistán y Pakistán, piezas claves en una Teoría del dominó que todavía tiene sus adeptos en Occidente.
Huntington se va y nos deja un mundo sumido en una crisis –global, sin contemplaciones. También nos deja un Israel perdido en un mar de animosidades cuyas aguas turbulentas se agitan de día en día y que insinúan una dinámica interna imprevisible, pero seguramente más devastadora que la de un tsunami. No hay nada, ni siquiera el poderío nuclear de Israel, que pueda impedir que la injusticia de sus guerras vengativas y preventivas, que el rastro de muertos y heridos que dejan sus incursiones de castigo, no germinen en el mundo árabe y musulmán como sed de venganza. Cada vez que Israel golpea, injuria, ejecuta y mata indiscriminadamente a mujeres y niños, cada vez que destruye intencionadamente centros civiles y religiosos y escuelas, cada vez que mata a escolares y maestros y acaba así con la única posibilidad que tiene el pueblo palestino de dar un nuevo rumbo al futuro, Israel está sembrando las semillas que habrán de destruirlo.
No hace falta leer la Biblia para saberlo, como tampoco hace falta leer tratados estratégicos. La ira de los desposeídos y maltratados del mundo alcanza extremos nunca vistos. En Palestina, la frustración, alimentada paradójicamente por el hambre, por la injusticia y el apartheid de facto que significa la guerra y el asedio perpetuos, cierra las puertas a toda posibilidad de vivir en paz o en condiciones de dignidad a sus habitantes. Para los más de mil millones de hombres y mujeres musulmanes en el mundo, muchos de los cuales no tienen más religión que la supervivencia, con esta agresión, Israel se convierte en portador de todos los males y vicios del mundo. Para los que miramos desde las orillas del Mediterráneo, Israel, un país nacido de los designios de la impotencia y la arbitrariedad, después de las atrocidades sufridas por su pueblo en la Segunda Guerra, se ha convertido en la viva imagen de su verdugo y en una vergüenza para la historia.
No sobran las estadísticas acerca del poder de fuego. No sobran, porque un país pequeño, no mayor que Bélgica y casi la mitad de Costa Rica, con una población equivalente a la de Cataluña, armado hasta los dientes, es hoy capaz de destruir todas las grandes ciudades de Oriente Medio con su arsenal nuclear, y mantiene al mundo en vilo con su perpetuo chantaje histórico. Israel no ha firmado ningún tratado sobre armas nucleares ni pertenece a ningún club oficialmente reconocido como potencialmente devastador. Su Armagedon nuclear es palabra nefanda. La Comisión de Energía Atómica jamás le ha pedido explicaciones –como ha hecho con Irán o con Corea del Norte- por su programa de desarrollo nuclear ni sus ciento cincuenta bombas nucleares, ni ha desafiado la política de la “ambigüedad nuclear”, que en su tiempo denunció Mordechai Vanunu y que la prensa mundial acalló en su momento.
La dimensión de la crisis financiera y económica que el mundo empieza a conocer, equivalente por sus consecuencias a un desplazamiento del eje de rotación terrestre, augura alteraciones de la geoestrategia y de la economía global que las grandes potencias económicas comienzan recién a intuir. Ahora, se suma la agresión gratuita que Israel ejerce contra una población desprotegida, y vuelve a “calentarse” una región del planeta sujeta a sobresaltos desde hace más de medio siglo. El protagonista, como en otras ocasiones, es el manido “derecho de un Estado a defenderse de las agresiones externas”. Es la ley del talión que Israel esgrime como justificación de sus represalias y que, en el terreno, parece una estrategia calcada de la que, en su momento, azotó al gueto de Varsovia, a saber, el exterminio del enemigo. La palabra “machaca”, en la primera página de EL PAÍS, ayer, en relación a los bombardeos sobre Gaza, es la palabra adecuada para describir la acción de un estado con un enorme poderío militar que se ceba sobre una población desprotegida. A eso, dicen los politólogos más perspicaces, habría que agregar las pulsiones “trigger happy” que, en su carrera hacia el puesto de Primer Ministro, exhibe Tzipi Livni la ministra de Exteriores. Tiene al menos a un par de verdugos compitiendo con ella, pisándole los talones, y para cada uno de ellos pareciera que con cada vida que se cobran en Palestina ganan otros tantos votos.
29 de diciembre, 2008
Artículos Relacionados
El gran papel del cuoteo político
por Juan Pablo Cárdenas (Chile)
12 años atrás 4 min lectura
Pinochet….no piensa volver
por Pablo Varas (Chile)
10 años atrás 4 min lectura
Antonio Guerrero, luchador antiterrorista cubano, cumple hoy 50 años
por Lucía Sepúlveda Ruiz (Chile)
18 años atrás 14 min lectura
Las autopistas norteamericanas y el TLC con Chile
por Sergio Arancibia Valenzuela (Chile)
3 años atrás 4 min lectura
«Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley» sustituye la infame Escuela de las Américas
por Jean-Guy Allard (Rebelión)
15 años atrás 4 min lectura
Un fantasma recorre EE.UU: el fantasma del comunismo (II)
por Sergio Rodríguez Gelfenstein
4 horas atrás
30 de julio de 2026
Bajo el liderazgo ya no del senador Bernie Sanders sino de Mamdani que se auto califica como «socialista democrático» y se ha erigido en guía de esta corriente al interior de su partido, una serie de candidatos se están imponiendo en elecciones en las que participan contra los representantes del ala más tradicional y derechista de los demócratas que han ido perdiendo terreno.
Keiko Fujimori, presidenta del Perú: panorama internacional de las reacciones
por Fausto Giudice
1 día atrás
29 de julio de 2026
En el continente, la cobertura se apoyó sobre todo en el despacho de Reuters reproducido por Arab News, que resumía el relato dominante: una nueva presidenta conservadora que prolonga el «giro a la derecha» de América Latina.
Violación de los DD.HH. en los territorios palestinos ocupados por Israel: «Más de lo que un ser humano puede soportar»
por Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado
2 semanas atrás
18 de julio de 2026
Estaba tumbado en el suelo, completamente desnudo. Los soldados me exigieron que besara la bandera israelí, pero me negué, por lo que me golpearon brutalmente y me dieron patadas en los genitales. Como consecuencia, vomité. Sentía dolor y tenía los testículos hinchados y magullados por la paliza. Perdí el conocimiento durante un breve periodo de tiempo y, al despertar, me di cuenta de que seguían golpeándome.
Los criminales de guerra israelíes están torturando al Dr. Hussam Abu Safiya. Hasta cuando seguirá el mundo guardando silencio
por Medios Internacionales
2 semanas atrás
17 de julio de 2026
El Dr. Hussam Abu Safiya suplica que lo salven. No pide compasión. Pide al mundo que actúe. Difundan su nombre. Salgan a las calles. Exijan respuestas a sus políticos. Exijan acceso independiente. Exijan su liberación.