Si pierde el pueblo boliviano, pierden los pueblos del mundo
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
18 años atrás 6 min lectura
A propósito de la cumbre UNASUR en Chile
1.
En Pando los mataron los asesinos. 30 campesinos bolivianos muertos y más de 100 desaparecidos. Indios, pobres, pueblo que a tientas, en medio de la oscuridad cerrada de siglos de dominación y catástrofe, hoy amanecían para fortalecer un gobierno democrático que, paulatinamente, construye su estatura de humanidad nueva. La misma Bolivia que el Che observó como territorio desde donde comenzar la liberación mayor hace más de 40 años. La misma Bolivia, mil veces expoliada, mil veces rota por la oligarquía del odio de raza y de clase que se acuartela y lanza sus dentelladas criminales desde Santa Cruz, Tarija, Tobija y Pando. Lo que no saben los patrones, los gringos, los fascistas de siempre, es que el futuro es indio, mestizo, trabajador, mujer y muchacho pobre y repobre, y que reunidos, son mano en la mano, empuñadura, memoria centelleante, rebelión, cabeza y corazones. Y que son más, muchos más. Y que la indignación telúrica y antigua como el aire hace trizas los miedos y enarbola el coraje. Pero los patrones, los gringos, los fascistas de siempre ya lo sabrán.
2.
Los Presidentes agrupados en la joven Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa, Cristina Fernández, Luis Lula da Silva, Tabaré Vásquez, Fernando Lugo, la anfitriona, Michelle Bachelet, y el innombrable colombiano, se reunieron por más de 6 horas en el Palacio reconstruido de La Moneda luego de su bombardeo hace 35 años, en el corazón cívico de Santiago de Chile. El objetivo fue tratar lo que ocurre en Bolivia, la pobre, ante la ofensiva fascista digitada por las clases dominantes y el imperialismo norteamericano contra el gobierno más popular del Continente (acaso, del mundo). Los acuerdos firmados se resumen en defender la democracia (es decir, la institucionalidad democrática formal) y propiciar el diálogo entre las partes en conflicto (?). Concretamente se creó una Comisión de Apoyo y de Asistencia al Gobierno de Bolivia, en función de sus requerimientos, incluyendo recursos humanos especializados. La composición política del encuentro explica matemáticamente los acuerdos previsibles. Lo positivo es que la cita reveló en los hechos, la inutilidad de la Organización de Estados Americanos (engendro paraimperialista) a la hora de los temas significativos, y que, pese a que participó el colombiano cachorro innombrable del imperio, no hubo representación oficial norteamericana. La declaración de buenas intenciones convenida mantiene las posiciones tal como estaban antes de la cumbre. Podría decirse que la señal mancomunada hacia la agresión imperialista es tibia, sin sabor, ausente de contenidos relevantes. ¿Es mejor que nada?
3.
Lo negativo del encuentro en Chile fue la contención de Bachelet a que en el texto final se aludiera al gobierno norteamericana como propulsor de la trama golpista que se desenvuelve en Bolivia. Manifestando, como dicen los psicólogos, una relación doble vinculante respecto de la realidad, Bachelet invitó a los Presidentes Morales, Fernández y Chávez al salón de homenaje al Presidente Salvador Allende en La Moneda, quien, refrendado abundantemente por desclasificados de la CIA norteamericana, fuera saboteado en el gobierno de la Unidad Popular por la Casa Blanca desde antes que asumiera su investidura de Mandatario. ¿Humor negro?
4.
Naturalmente, contra el despliegue concreto y la radicalización de la lucha de clases en el país altiplánico, una Comisión (política muy empleada en Chile para resolver formalmente y por secretaría las pugnas irreconciliables de la sociedad) apenas comporta, por el lado de la ingenuidad conveniente, buenas intenciones. Sin embargo, la mala conciencia vibra bajo las palabras y el papel mojado de la declaración definitiva del encuentro. En rigor, apelar al diálogo entre una minoría golpista, fascista, atrincherada en argumentos de disfraz autonómico y cada vez mejor armada paramilitarmente por sicarios sin más ley que el salario sucio de la patronal, contra la inmensa mayoría del pueblo boliviano que lucha, reloj en mano, por construir una sociedad más justa, es reconocer como interlocutor válido a los poderosos seculares en Bolivia. ¿Qué significa el diálogo en concreto? ¿Frenar las iniciativas pro populares del gobierno, aplacar la organización creciente del movimiento social boliviano, ofrecer más garantías y tiempo a la oligarquía fascista? El diálogo, en general, tiene como condición la igualdad interlocutiva, la tolerancia, el deseo genuino de concordar. ¿Es posible el diálogo ante los crímenes de los ricos en Bolivia, que no se han reservado estrategia alguna para desbaratar un gobierno de mayorías a través de todas las formas de violencia imaginables para recuperar por completo sus granjerías históricas?
5.
Si retrocede el gobierno de Evo Morales en los aspectos sustantivos de su programa (que, en buenas cuentas, no se sustenta sobre un proyecto socialista, sino sobre materias democráticas de inspiración popular y redistributivas económicamente), pierde el pueblo, y la minoría privilegiada -a la que no le interesa el voto mayoritariamente incuestionable cuando de sus intereses de clase se trata- gana por todos lados. Gana en reconocimiento, gana tiempo de recomposición, gana en la institucionalización de sus enclaves territoriales, gana en propaganda y en ropaje político. Si, además, el texto oficial de la cumbre, no menciona al titiritero mayor, no alude ni por error la intervención flagrante y repetida del gobierno norteamericano en los asuntos latinoamericanos, los resultados del encuentro son pirotecnia dilatoria, falsa conciencia, mal teatro.
6.
Pero Bolivia no es Chile. Bachelet es Presidenta por descarte y alienación; Morales como figura política, representa movimientos sociales auténticos, a la mayoría pobre y originaria, a un complejo popular que contiene liderazgos menos publicitados, pero que saben que la historia corre contradictoria y dinámicamente de la memoria al poder. “No se detienen los procesos sociales ni con la felonía, ni con el crimen”, sentenció Allende en su mensaje final. Y largas franjas de pueblo boliviano ya apresuran su armadura históricamente necesaria. Lejos de ideologísmos librescos, frente a la violencia del puñado de privilegiados que con metralla y dólares procura imponer sus condiciones y la razón expoliadora de sus intereses, existe un pueblo profundo que no se engaña, multiplica sus organizaciones y blinda su causa universal, humana hasta los huesos. Los pueblos por naturaleza no son belicosos, aman la paz, quieren trabajar tranquilos y vivir con dignidad. ¿Pero si una y otra vez, durante “siglos estelares” el patrón criollo y el extranjero les destruye la vida, el entorno, el trabajo, las esperanzas; no llega el momento crucial, la inflexión histórica provocada por mil variables que impone la lucha en un estadio superior, franco, desnudo de terrores, sintético en valor ancestral y organización para el triunfo de los más?
7.
Si pierde el pueblo boliviano, pierden los pueblos del mundo. La solidaridad latinoamericana e internacional, en todos los planos, apremia. Y mientras arden episodios más resueltos de lucha en el territorio boliviano, allí mismo, como un espectro de ética luminosa, recorre los caminos embarrados de Bolivia la memoria viva de un hombre emboinado que ya es de todos los justos y de todos los tiempos. El Che, que hace más de 40 años, impacientemente, viene forjando, junto a los pueblos, la estrategia fabulosa de la emancipación boliviana y latinoamericana.
Septiembre 16 de 2008
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