INFAMIA
En Sucre, el 24 de mayo de 2008, más de veinte quechuas desnudados de la cintura para arriba, humillados y golpeados, obligados a enarbolar la bandera blanca con la cruz de los tercios de España y con el emblema de los cruzados medievales. Violentados arrodillarse, besar el suelo y pedir perdón en voz alta: compelidos a vivar la “ciudad de los cuatro nombres” y maldecir al MAS; mientras ensordecían los gritos de “indios de mierda”, “llamas”, “desgraciados”….
El racismo latente en Bolivia apunta nuevamente, enrostrado la hipocresía de quienes afirman que no existen problemas raciales en este país, que la opresión colonial es un mito y que vivimos en un feliz mundo de mestizaje perfeccionado
VERGÜENZA
Porque quienes ocasionaron esta afrenta, Evo Morales y los del MAS, escaparon de ese escenario, buscando que los cancerberos de todo régimen — el ejército y la policía — hagan el trabajo sucio de reprimir a los sucrenses enardecidos; deseando que las masas indígenas, en la ira de su honor una vez más agraviado, desencadenen contra los racistas opresores la fuerza de un racismo de revancha.
El gobierno y sus leales, utilizarán una vez más el cuerpo lacerado del indio para satisfacer sus apetitos propagandísticos, reinterpretando a su antojo lo sucedido. Ya tenemos una muestra: Diversos grupos solidarios en Europa escribieron al respecto: “Lo paradójico es que Bolivia fue el primer país que homologó la declaración de los derechos indígenas de las Naciones Unidas, y es el país donde los indígenas están más desamparados. Tiene un presidente indígena que no hace respetar las leyes”. Los servicios propagandísticos del régimen se apresuraron a reproducir esos reclamos, obviamente suprimiendo la última oración.
ESPERANZA
Se debe encarar la descolonización, a riesgo que Bolivia desaparezca en un holocausto racial. Esta tarea política es evidentemente la satisfacción histórica de las naciones y pueblos originarios, pero es también la culminación de todos quienes echaron ya raíces en estos suelos. Es la construcción de una nueva identidad, en el sendero interrumpido por la invasión europea que sólo puede ser viable asumiendo las realidades contemporáneas.
Es obligación de todos, pero que no todos pueden asumir. Y la experiencia nos muestra que este gobierno, precisamente, está incapacitado para asumir este reto de firmeza y amplitud.
Para el bien común, el gobierno del MAS, acostumbrado a dar un paso adelante y dos pasos atrás, debe atreverse esta vez dar un paso al costado.
* Fuente: Periódico Pukara
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