Chile: los socialistas sin Allende, la economía rota y los salmoneros

1.
Los capitales salmoneros de Aquehile ya están haciendo agua debido al conflicto que llevan adelante los trabajadores de esa industria, a los cuales se agregaron los últimos días mil obreros de la multinacional noruega Marine Harvest (del mismo rubro), que anunció el cierre de dos plantas de proceso y el despido de los trabajadores. Con 10 millones de dólares en utilidades, los dueños de Aquehile enfrentan la huelga de más de 50 días del sindicato de la empresa, quienes han recibido el apoyo solidario del conjunto de los trabajadores chilenos y la atención de la sociedad.

Como si fuera poco, el The New York Times colocó en su portada que “El virus del salmón pone en tela de juicio métodos pesqueros chilenos”. Se trata del virus ISA, que afecta a 19 centros de cultivo entre la X y XI regiones. Las causas de la enfermedad de los peces estarían en el empleo abusivo de antibióticos, hormonas y pigmentos, químicos prohibidos en Estados Unidos. Pero las cosas no  terminan aquí. Especialistas norteamericanos señalan que “Todos estos problemas están relacionados a la falta de control sanitario”, y al hacinamiento en el que habitan los peces dentro de sus jaulas, lo que agravaría la contaminación que afecta al ecosistema local. Más allá de la negligencia empresarial revelada, ¿El capital transnacional, golondrinamente, no querrá ahora beneficiar  la producción del salmón en otras latitudes ante un movimiento obrero que pone en riesgo la paz de cementerios que demandan las altas tasas de ganancias de esa industria? 
En los hechos, la movilización de los trabajadores ya tiene carácter internacional, y se mantiene firme en sus posiciones. Pese a que el conflicto está en pleno desarrollo y ya se extiende a gran parte de la producción salmonera –uno de los pilares exportadores,  después que el cobre, la madera y la banca- plantea la fragilidad de la plataforma económica sobre la cual se edifica una de las aristas centrales del modelo de reproducción y explotación capitalista en Chile.

Los salmoneros en lucha mantienen sus demandas y cada día que pasa cobran mayor simpatía popular. Ellos exigen una remuneración de $ 350 mil pesos mensuales (menos de 700 dólares), escribiendo con su demanda la cifra del salario mínimo exigible por el conjunto de la fuerza de trabajo nacional. El buen porvenir de su movimiento templará la voluntad y confianzas propias de todos los trabajadores del país.

2.
Según el oficialista Instituto Nacional de Estadísticas –considerando que sus métodos técnicos de medición   están subordinados a custodiar los intereses y el “buen ver” de los gobiernos de turno- la cesantía aumentó un 7,3 % (527 mil 170 personas, en un país de alrededor de 6 millones de trabajadores), casi un punto más respecto de igual período de 2007. La V Región luce el triste título de mayor desempleo nacional con un 9,2 %, seguida de la VIII Región , con 9 %, y la I , con un 8,7 %. La ciudad con más desocupados, como se ha ido repitiendo sistemáticamente, es Valparaíso, con un 12, 4 % El que fuera uno de los puertos más importantes del Pacífico se hunde en la miseria y la ruina sin salida.

Mientras el Fondo Monetario Internacional –prestamista y baluarte del capital financiero mundial- ahora habla que USA crecerá el 2008, apenas un 0,5 %, entrando por la puerta franca de la oficialización de la recesión norteamericana, que ya contamina a buena parte de la economía planetaria, tanto desarrollada, como emergente y tercermundista. En Chile, el desempleo revela los síntomas primeros de la desaceleración económica.

Mientras el precio de la vida ha aumentado más de un 8 % en general (según las cifras entregadas verticalmente por el Estado); los alimentos y servicios alrededor de un 15 %; el sistema de salud privada (ISAPRES) un 12 %; los medicamentos, entre un 15 y un 20 %; y la crisis de origen agrícola argentino, encarecerá el precio de la carne; los trabajadores chilenos, en términos reales, aumentaron su salario el 2007 en menos de un uno por ciento. El descontento amplio ante el impacto de la desaceleración económica, la baja descontrolada del dólar que castiga las exportaciones asociadas a productos frutícolas; la crisis casi endógena de la pequeña y mediana empresa (a las cuales vende su fuerza de trabajo el 80 % de los asalariados del país), la cesantía  y la caída libre del precio de las remuneraciones generales, con celeridad agrega a diario a más sectores de chilenos castigados objetivamente en su calidad de vida. Pero ya no se trata sólo de los pobres que colman los márgenes cartográficos de la sociedad chilena. Paulatinamente comienzan a dañarse los famosos “sectores medios”, la mitológica “clase media” chilena (más subjetiva que objetiva y colchón histórico de la lucha de clases en Chile).

La precarización, empobrecimiento y proletarización de los pequeños comerciantes, áreas completas de profesionales y técnicos, y trabajadores independientes, mastican su desventura social primero calladamente, pero pronto manifestando su profunda disconformidad. Es posible hipotetizar que este sector, presa clave del sobreendeudamiento a través de instrumentos crediticios de consumo, ante las visibles manifestaciones de su empeoramiento social, termine un buen día por no poder  pagar sus deudas. Ello, naturalmente, provocaría el colapso del sistema financiero y  daría un golpe central a la fragilidad económica estratégica del Estado chileno (que ni siquiera podría paliar con sus ahorros coyunturales y finitos).

El pilar del patrón de acumulación capitalista en Chile se funda, por sobre cualquier industria, en el precio internacional del cobre. En la exportación cuprífera y su precio en el mercado mundial, especialmente asiático y puntualmente chino. Hasta ahora el valor del metal rojo ha alcanzado cifras pocas veces vistas producto de la demanda de las llamadas “economías emergentes”. Sin embargo, recientemente, el Banco Mundial –que no el marxismo internacional- acaba de reducir su pronóstico para China ante el deterioro de la economía usamericana y ahora prevé una expansión de 9,4 % para el 2008, dos puntos porcentuales menos que en 2007. Al respecto, el economista jefe de High Frequency Economics, Carl Weinberg, escribió una nota a sus clientes donde afirma que “creemos que una desaceleración del crecimiento (chino) a una tasa de un dígito estremecerá los mercados y bien podría desatar un repliegue en los precios de las materias primas industriales y energéticas.” Es decir, la contracción económica de China, impactará a la baja al actual precio del cobre, colaborando decidoramente con la crisis franca que le espera a Chile, y cuyos alcances todavía resultan insospechados.

3.
José Antonio Viera Gallo, actual Secretario General de la Presidencia de Bachelet, ex presidente de la Cámara de Diputados y ex senador; socialista y uno de los hombres más influyentes en el Ejecutivo y al interior de su partido, ofreció una entrevista a la revista Posición, órgano de difusión del PS. A veces claro y a veces con un cinismo solapado, se refiere a la importancia que tiene para el gobierno el establecimiento del mal llamado “Pacto Social”, el cual, por arriba y sin pueblo, busca renovar el acuerdo interburgués entre la Concertación , el empresariado y la derecha histórica con el objetivo de enfrentar, a través de modificaciones ornamentales (como la reciente reforma previsional que termina por fortalecer el sistema de administración privado del ahorro forzoso de los trabajadores) y criminalización del movimiento social, la paulatina recomposición popular y nuevo ciclo de lucha de clases que signan el período actual.

Viera Gallo, recordando su exilio en Italia, dice que “he leído mucho a Gramsci, y siempre he entendido que los cambios de la sociedad son luchas muy complejas. Una parte muy importante de esa lucha se llama la hegemonía cultural, o sea, que las ideas propias se vuelvan sentido común en la sociedad.” El problema del personero gubernamental es que lee al genio político nacido en Ales, Cerdeña, y fundador del Partido Comunista italiano, mal y al revés. Es decir, por una parte, reduce el concepto de hegemonía al de “sentido común”, y por otra, lo plantea desde arriba, en colaboración explícita con la clase dominante, acotándola a las políticas mezquinas y palaciegas asociadas al “concenso”.

En general, la hegemonía para Antonio Gramci tiene que ver con la combinación compleja de fuerzas capitaneada por los trabajadores y el pueblo, y encaminada hacia la toma del poder, en un contexto de alianzas subordinadas a los intereses medulares de los asalariados y capas subalternas. No, como dice muy suelto de cuerpo Viera Gallo, al “muñequeo politiquero” entre la clase dominante y sus expresiones más conservadoras versus las más “progresistas”. Para Viera Gallo, el pueblo no existe más que como material social a “representar”, y los trabajadores y el pueblo deben, simplemente, observar con  paciencia bovina, cómo se resuelve en las alturas “la cuestión política”.

Sobre lo mismo, el  ministro, planteándose respecto de las posibilidades de la modificación al sistema político binominal, dice que “creo que para ello aún estamos lejos, todavía los temas del sistema electoral son “políticos”, no del ciudadano común y corriente”.  La frase retorna con la violencia de un bumerang contra el rostro de uno de los líderes concertacionistas, toda vez que, justamente las camarillas partidarias del actual sistema político, desde el primer día del primer gobierno civil post dictadura se ha empeñado capilarmente en despolitizar al conjunto de la sociedad, desactivar sus organizaciones populares, destruir sus construcciones políticas y sindicales, y alentar la alienación social a través de todos los medios a su alcance.  Primero con el argumento peregrino de no provocar al militarismo pinochetista, y luego con la razón de fondo ligada al control social necesario para la reproducción y beneficio del capital inversor transnacional. En resumen, la Concertación dice: la política para los políticos “profesionales”, y el pueblo a la galería, a la borrachera medial, y la a expoliación creciente.

Viera Gallo es fiel exponente de la centro derecha que, esta vez ciertamente, ha hegemonizado en el Partido Socialista. Ese conglomerado, luego de un Congreso de resultados confusos y pro capitalistas, debe renovar su actual dirección, hoy capitaneada por Camilo Escalona. Lo más probable es que allí las cosas queden tal cual están. La oposición interior más progresista es minoritaria. El allendismo es minoría. Salvador Allende para la  mayoría conductora del Partido Socialista es decorado ético, pasado epopéyico, episodio épico irrepetible y sin retorno. Materia de brindis sofisticados, puro recuerdo sepultado. Una fotografía en sepia de un Presidente solitario y romántico, defendiendo con casco y metralla La Moneda en llamas.
Abril de 2008

– El autor es miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

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