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Entrevista a David Quist: contaminación del maíz en México 

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GRAIN: ¿Cuál es la historia que está por detrás del estudio que encendió tanta controversia en todo el mundo?
David Quist: La historia comenzó en un pequeño laboratorio de Oaxaca, en las montañas de México. Mi profesor Ignacio Chapela había cumplido funciones de director científico para cuatro comunidades indígenas que se habían juntado para manejar sus recursos naturales. Yo había estado trabajando con ellos en otro proyecto, pero los ayudaría con talleres técnicos. Se trataba de proyectos dirigidos por los indígenas, con ideas e iniciativas que provenían de las propias comunidades. Un tema que surgió a instancias de ellos fue el de si los cultivos transgénicos eran una cuestión de la que tendrían que estar preocupados. Les dijimos que en ese momento México tenía una moratoria a la plantación de cultivos transgénicos, de manera que no debería ser algo de lo que tuvieran que estar preocupados en lo inmediato, pero que tal vez sí podrían considerarlo más adelante, ya que la situación podría cambiar.

Los grupos quisieron saber más, así que en uno de mis viajes para allí llevé algo de maíz transgénico y realizamos un taller sobre ensayos de ADN transgénico. Necesitamos un control negativo de transgénicos, y ¿qué mejor lugar que las montañas de Oaxaca, la cuna del maíz? Elaboramos un protocolo de muestra, hicimos la extracción de ADN y efectuamos el análisis. El día previo al taller realicé una muestra de ensayo y no podía creer los resultados que arrojó: parte del maíz nativo daba resultados positivos. También tomamos una muestra del organismo local de alimentos subsidiados, que también arrojó resultados altamente positivos. Esos organismos de alimentación distribuyen alimentos en todas las aldeas de todo el país, y si bien se supone que el maíz debe ser utilizado solamente para el consumo, no hay ninguna etiqueta que diga :”no plante esto”. Esto significa que todas las aldeas de México tienen estas fuentes de posible contaminación.

Volvimos al laboratorio, hicimos algunas muestras nuevas y análisis más generalizados y restringidos, cuyos resultados se transformaron en el documento de Nature. [1] Pero al principio pensábamos que teníamos que ir al gobierno mexicano para hacerle saber lo que habíamos encontrado, aunque pudiera comprometer las posibilidades de que publicáramos el trabajo. En el documento que apareció en Nature hicimos dos afirmaciones principales. La primera fue simplemente que genes de maíz transgénico se habían desplazado a poblaciones nativas. Para esto utilizamos una técnica llamada PCR, que es ampliamente utilizada para amplificar el ADN de interés en cantidades suficientes como para identificarlo y analizarlo. Es la herramienta más común para la identificación de transgénicos y la utilizan los organismos de regulación en todo el mundo para aceptar o rechazar cargamentos de granos libres de transgénicos. La segunda afirmación era más exploratoria y utilizamos una técnica nueva llamada PCR inverso, que permite analizar más específicamente el lugar del genoma de la planta en que se ubica el ADN transgénico. Para nuestra sorpresa, descubrimos que se había reinsertado en distintas localizaciones dentro del genoma del maíz nativo. Podría haber diversas explicaciones de las causas por las cuales podía haber ocurrido eso, una de ellas es que los transgenes se habían reinsertado a través de la recombinación.[2] Pensamos que había pruebas suficientes para indicar que esta explicación podía ser cierta, de manera que la publicamos. Y eso es parte de lo que es la ciencia: proponer explicaciones nuevas de modelos observados en los datos, a partir de los cuales se pueda continuar trabajando para respaldar o rebatir los resultados iniciales. Sabíamos que esto era algo bastante novedoso porque nadie lo estaba haciendo. Por lo menos no había nada en la bibliografía de la revisión por pares, pero no me sorprendería que las compañías ya hubieran hecho este tipo de trabajo y no lo hubieran publicado, si no les gustó lo que vieron. Algunos respondieron diciendo que no hay pruebas de que esté ocurriendo este tipo de transposición de genes, pero nadie ha analizado ni nadie se ha planteado antes estas preguntas. Queríamos y esperábamos una fuerte reacción, pero no de la forma en que se dio.

GRAIN: Un año y medio después de la publicación de su documento en Nature, ¿cuál es su idea de por qué hubo una reacción tan fuerte a este documento?[3]
DQ: La primera ola de respuestas fue para trivializar la primera afirmación que hicimos, que simplemente decía que los transgenes estaban presentes en las variedades criollas. Los proponentes de la biotecnología decían: “Sabemos que las variedades comerciales se cruzan con las variedades locales todo el tiempo. No es nada del otro mundo”. Lo que generó una respuesta mayor fue estábamos explorando qué era lo que hacían esos genes una vez que llegaban ahí. Íbamos en contra de la propaganda de la industria que dice que esta tecnología es precisa, que esta tecnología es estable. Nosotros sugeríamos que es inestable, lo cual enfureció a los círculos pro-biotecnológicos. Otra razón fue que el momento en que aparecieron estos resultados era realmente malo para la industria. Nuestros resultados sumaban argumentos a los debates para lograr la moratoria en Europa, México y Brasil. Fue un gran desastre para ellos en materia de relaciones públicas. Además, la industria estaba económicamente en descenso. Cuando se observa de dónde provenía la reacción más fuerte, se ven vínculos muy importantes con Berkeley y con el acuerdo entre Berkeley y Novartis, que fue firmado hace cinco años.[4] En esa época una serie de grupos plantearon su preocupación por lo que eso significaba para la libertad académica, la educación de los estudiantes y otras consideraciones por el estilo. Dentro de la facultad, el Dr. Chapela fue un destacado opositor a que se firmara el acuerdo y yo también participé de un grupo que se manifestó contrario al acuerdo y que se llamó Estudiantes por una Investigación Responsable. No creo que carezca de importancia el hecho de que la mayoría de los que se manifestaron en contra de nuestro documento provinieran del ala que en 1998 apoyó el acuerdo con Novartis.

GRAIN: ¿Cuál ha sido el efecto de todo esto en el trabajo que está haciendo, y ha habido algún trabajo de seguimiento?
DQ: La contaminación de las variedades de maíz criollo fue un descubrimiento totalmente inesperado. Yo no estaba trabajando en el maíz cuando eso ocurrió, y no estaba buscando lo que encontré. Mi formación es en micología. Sin embargo, desde este estudio me he orientado a formular preguntas sobre el flujo de los genes y cómo se mueven en el ambiente, tanto horizontal como verticalmente[5]. Estoy haciendo algún trabajo de seguimiento en ese tema. La ecología transgénica es un campo en ciernes. Hay algunos institutos, como el Instituto de Ecología Genética de Noruega[6] y el Instituto de Ecología Genética de Nueva Zelanda[7], que están haciendo un gran trabajo, pero no creo que estén trabajando de manera significativa en temas agrícolas. Y lamentablemente, cuando una rama determinada de la ciencia se politiza, se convierte en una papa caliente que muchos evitan como campo de trabajo. En el caso del maíz, ¿quién hace las preguntas sobre las consecuencias para los agricultores, la salud humana y los sistemas mundiales de salud? En México, esas preguntas todavía no han sido respondidas. Merecidamente, hay que reconocer que el gobierno está realizando un trabajo de seguimiento para analizar la escala de contaminación transgénica en todo el país, pero todavía no ha empleado ningún tipo de estrategia para manejarla o comprobar su importancia.

En una línea de acción diferente, varios grupos de la sociedad civil, liderados por Greenpeace[8] presentaron en abril de 2002 una solicitud formal a la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) de América del Norte, vinculada al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, también conocido como NAFTA, por su sigla en inglés) que investigara el tema. La misión de la Comisión es analizar los impactos ambientales del TLCAN o las cuestiones ambientales que tendrán efectos en el tratado, y aceptó la propuesta. Pero soy muy escéptico de que, dada la composición del comité nombrado para investigar el tema y la naturaleza de las funciones de la Comisión, la investigación tendrá la fuerza política como para establecer algo diferente a que “no hay pruebas de que esto represente algún perjuicio, por lo tanto debemos continuar importando maíz de los Estados Unidos”. Sin embargo, no hay forma de que puedan hacer una declaración de ese tipo desde un punto de vista científico o ecológico sin realizar una investigación científica rigurosa, la que no creo estén haciendo, por lo menos por ahora. Tan solo van a salirse con la posición habitual defensiva, de que la ausencia de pruebas es prueba de ausencia, lo cual científicamente es una falacia.

GRAIN: El gobierno mexicano hizo un estudio de seguimiento en respuesta a sus resultados. ¿Qué tipo de investigación hizo y cómo fue recibida esa investigación?
En la primer ronda se tomaron muestras de 22 comunidades de Pueblo, en México, 15 de las cuales dieron resultados positivos utilizando la misma técnica PCR que utilizamos nosotros. Desde entonces, han realizado un estudio mucho más amplio en términos de muestras y técnicas. El gobierno presentó sus resultados a Nature, pero ese documento fue rechazado en octubre de 2002[9]. Dos revisores rechazaron el documento por razones opuestas. Uno dijo que los resultados eran “obvios” (porque ya habían sido informados antes en Nature), mientras que el otro dijo que eran “tan inesperados que no parecían creíbles”. Es interesante tener dos revisores que hagan interpretaciones tan drásticamente diferentes de los mismos datos. Obviamente hay algo grande detrás de eso.

GRAIN: El gobierno mexicano estableció una moratoria a la plantación de maíz transgénico en 1998, así que ¿cómo llegó el maíz transgénico hasta allí?
DQ: En nuestro escenario local sugerimos dos posibles fuentes de contaminación: del lugar mismo (como el maíz del organismo gubernamental de alimentos subsidiados), o que el viento haya traído el maíz industrial plantado en el valle a unas 60 millas de distancia, en Puerta Vallerta. La primera explicación parece la más probable: los agricultores han admitido que plantaron maíz del organismo de alimentación. El maíz de ese organismo que probamos era altamente transgénico –su señal positiva fue tan fuerte como la del maíz que habíamos probado primero y que resultó transgénico-. También hay unas cuantas estaciones de investigación agrícola que han realizado ensayos de campo de maíz transgénico en predios a campo abierto, antes y después de que la moratoria entrara en vigor.

GRAIN: ¿Cuáles son las consecuencias de su trabajo para los agricultores de México y para los pequeños agricultores en particular? ¿Cuáles son las mayores amenazas que enfrentan?
DQ: Una de las grandes amenazas es todo lo que se desconoce: la importancia ecológica, los efectos sobre la salud humana y la diversidad genética, por ejemplo. Ya debería haberse hecho ese tipo de estudios, pero no ha sido así. Simplemente, no lo sabemos. La segunda amenaza son las cuestiones pendientes relacionadas con los temas de responsabilidad y propiedad intelectual. Si Monsanto va a las montañas de Oaxaca y encuentra sus genes en el campo de un agricultor ¿de quién es la responsabilidad, del agricultor o de la empresa? En el caso de Percy Schmeiser, [agricultor orgánico de Canadá cuyos cultivos de colza fueron contaminados por colza transgénica de Monsanto y la compañía lo demandó] la responsabilidad recayó en el agricultor. Pero según el principio “el que contamina, paga”, si la compañía comprometió la capacidad del agricultor de producir para ciertos mercados, entonces la responsabilidad debería recaer en la compañía. La tercera gran amenaza para los agricultores es la pérdida de mercados debido a la contaminación de sus cultivos de maíz.

GRAIN: ¿Y qué hay de las consecuencias más amplias?
DQ: Me preocupa el impacto en la ciencia. Es lamentable que el debate se haya politizado tanto y que el tema real se haya desacreditado debido a ciertos desacuerdos sobre la interpretación de los datos arrojados por la técnica i-PCR (PCR inversa). Si bien se habló mucho del documento, ha habido lo que yo llamo “silencio científico” al respecto: nadie está haciendo un trabajo de seguimiento para refutar o apoyar nuestros resultados y nadie está preguntando cuáles son sus consecuencias. Muchos han reaccionado de manera defensiva; como no ven lo que esperan ver, califican a nuestros resultados de “erróneos”. Este tipo de enfoque le hace daño a la ciencia. Lo que estamos viendo en forma creciente es que la ciencia de justificar los hechos está pasando por encima de la ciencia como proceso, la cual tiene que ver con cuestionar y volver a examinar nuestra nociones, para así llegar a entender mejor la realidad. La forma en que se formulan los debates y la incapacidad de la ciencia comercial de revisar sus paradigmas, está comprometiendo a la buena ciencia. ¿Qué mensaje envía a otros científicos que encuentran resultados “equivocados” o hacen las “preguntas equivocadas”, es decir, los que van contra la ciencia de la agenda de las empresas?

Los hechos que han ocurrido también plantean una serie de interrogantes sobre la objetividad real del proceso de revisión por pares en la información científica. Hace poco la revista Science publicó un cuento de hadas sobre el éxito del algodón Bt en la India [10], a pesar de que el algodón Bt está fracasando desastrosamente en toda India. El manejo que hizo Nature de nuestro documento sugiere que recibió presiones del campo de la industrial. Cuando aumentó la presión, el periódico no manejó las cosas muy bien e hizo enojar a mucha gente, de ambos lados. Dos de los tres árbitros expresaron que no refutaban las conclusiones principales de nuestro documento pero que sugerían hacerle correcciones en algunas partes. ¿Por qué no aclaró esto el editor, señalando que había algunas cuestiones controvertidas de ciertos aspectos de nuestros resultados? ¿Por qué no llamó trabajar más en el tema? ¿Por qué la necesidad de un desmentido? ¿Y por qué la mayoría de la gente quedó con la impresión de que nos habíamos retractado del documento cuando no hubo nada de eso? Un sello de la buena ciencia es el de formular preguntas exploratorias – tal como lo hicimos. No anduvimos errados con eso, pero la respuesta que recibimos sí fue errada con respecto a la forma en que deberían transcurrir las disquisiciones científicas normales para avanzar en el conocimiento científico. Situaciones como esta ponen en cuestión si esas publicaciones pueden seguir siendo consideradas una fuente confiable de ciencia objetiva.


De Iowa a Oaxaca: un camino fácil para el gen Bt

El maíz es el cultivo más importante de México. Aproximadamente 1,5 millones de hectáreas del maíz cultivado consiste de variedades híbridas (desarrolladas principalmente por las compañías transnacionales), 0,9 millones de hectáreas son variedades de polinización abierta (desarrolladas por el sector público y por pequeñas compañías) y los 5,5 millones de hectáreas restantes están plantados con razas locales. Aproximadamente el 68% del maíz cultivado en México es utilizado directamente para consumo humano.

El maíz es también un cultivo muy importante para los Estados Unidos, el mayor productor y exportador de maíz del mundo. En 2000, México fue el segundo mercado más importante –Japón fue el primero- del maíz de Estados Unidos, absorbiendo el 11% de las exportaciones de este país. Aproximadamente el 24% del consumo total de maíz en México proviene ahora de los Estados Unidos. Desde 1996, las exportaciones estadounidenses de maíz a México han aumentado al tiempo que las exportaciones a Europa han disminuido, debido al rechazo de Europa del maíz transgénico. De los 5 o 6 millones de toneladas de maíz que México importó en el año 2000, de 30% a 40% era transgénico, pero no estaba segregado o etiquetado. Ese mismo año México tuvo exactamente la misma cantidad de maíz nacional pudriéndose, sin utilizarlo.

El maíz que llega a México se distribuye a través de sistemas de cobertura alimentaria en todo el país. Es subsidiado del principio al fin por los dólares de los contribuyentes estadounidenses. Increíbles cantidades de dinero van a parar a la producción de este grano, que recibe agua, suelo, maquinaria y petróleo subsidiados; es subsidiado en los mercados internacionales; y es subsidiado nuevamente en México a través de la distribución. Simplemente inunda el país.

Cuando se habla con algún agricultor de Oaxaca, lo que dice es: “Cuesta seis pesos cultivar la semilla, y puedo comprarla por cuatro”. El agricultor está pagando de su bolsillo para plantar su propia semilla. No es de sorprender, pues, que el maíz transgénico esté tan difundido en los campos de México.

Fuentes: “Dr Ignacio Chapela on Controversy, Corn and What’s Really at Stake in Mexico”, Global Pesticide Campaigner, agosto de 2002; Chantal Carpentier y Hans Herrmann, Maize and Biodiversity: The Effects of Transgenic Maize in Mexico: Issues Summary, CEC, www.cec.org/programs_projects/other_initiatives


David Quist
En 1998, David Quist se graduó como PHD en el Programa de Ciencia, Política y Gestión Ambiental de la Universidad de California, Berkeley, California. De formación micólogo (que estudia los hongos), descubrió la contaminación de las variedades de maíz en México por casualidad. Desde que su estudio fue publicado en Nature, su trabajo se ha enfocado más en la ecología de los transgenes, es decir, cómo se mueven los genes en el ambiente. Para comunicarse con David Quist, escribir a su dirección electrónica dquist@nature.berkeley.edu

Referencia de este artículo: Matt Mellen, 2003, Entrevista con David Quist, Seedling, abril de 2003, GRAIN. Las publicaciones de GRAIN pueden ser reproducidas, traducidas y divulgadas gratuitamente. Solo pedimos que se acredite la fuente original y se envíe una copia de la reedición a GRAIN. Vínculo a la página Web: www.grain.org/seedling/seed-interview-d-en.cfm

Referencias

[1] David Quist e Ignacio Chapela, “Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico”, Nature Vol. 414, pág. 541 – 543 (2001), Haga clic aquí
[2] Es decir, que el material transgénico se había fragmentado y desparramado por todo el genoma
[3] Para obtener una información más completa de lo que públicamente se conoce como “el escándalo del maíz”, Haga clic aqui
[4] Por este acuerdo, Novartis suministraba 25 millones de dólares al Departamento de Biología Vegetal y Microbiana (un tercio del ingreso del departamento) a cambio del primer derecho a negociar licencias en aproximadamente un tercio de los descubrimientos del departamento (incluida la investigación financiada con dineros públicos) y 2 de los 5 votos en el comité que define cómo se gasta el dinero del departamento.
[5] El movimiento vertical de los genes es la forma en que los genes pasan de los progenitores a la descendencia a través de la polinización cruzada. El flujo horizontal de los genes es la absorción e incorporación directa de ADN extraño dentro de las células.
[6] www.genok.org
[7] www.nzige.canterubry.ac.nz
[8] Comunicado de prensa de Greenpeace, “Mexican Groups, Greenpeace Launch NAFTA Appeal To Force Action Against Genetic Contamination”, 24 de abril de 2002, aquí
[9] Comunicado de prensa de Food Fist, “Nature Refuses to Publish Mexican Government Report Confirming Contamination of the Mexican Maize Genome by GMOs”, October 24, 2002, aquí
[10] Matin Qaim y David Zilberman, “Yield Effects of Genetically Modified Crops in Developing Countries”, Science, Vol. 299:900

* Fuente: GRAIN

Tomado por piensaChile de: Biodiversidad en América Latina por recomendación de nuestra amiga y colaboradora O. L.

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