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Salvador Allende y la farándula 

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En estos tiempos de “tele-basura”, es frecuente que usted reciba “noticias” sobre los romances, infidelidades y rupturas de los personajes que animan la farándula. Desde los tiempos de Elizabeth Taylor con sus ocho matrimonios y divorcios, este servicio informativo ha progresado una barbaridad.

Lo que nadie quiso imaginar, por respeto, es que un autor de textos de ficción utilizaría las mismas herramientas de estos informadores para mostrar las dotes de seductor que tuvo Salvador Allende. Eduardo Labarca, escritor y traductor chileno radicado en Viena, lo consiguió: Su libro “Salvador Allende, Biografía Sentimental” entró en circulación para regocijo de los amantes de la farándula y los enemigos que tuvo en vida el extinto presidente socialista (1970-1973).

Aún no se apagaban los ecos de la batalla final de Allende que culminó con su muerte, el 11 de septiembre de 1973, cuando la dictadura del general Augusto Pinochet comenzó a destruir su imagen: Allende, según las nuevas autoridades de Chile, era un frívolo, aficionado al buen whisky, los trajes elegantes, los encantos de la burguesía y, por supuesto, las mujeres.

Todo Chile sabe que el mandatario y líder de la Unidad Popular era un admirador de la belleza femenina. Belleza física o intelectual. La última historia se conoció hace seis meses, después que la colombiana Gloria Gaitán reveló a dos periodistas chilenos que esperaba un hijo de Allende cuando Pinochet encabezó el golpe que lo derrocó. Pero el embarazo no prosperó y el bebé nació muerto en Bogotá, en la versión de la hija del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en 1948.

Tras la revelación, la viuda del presidente, Hortensia Bussi, guardó un digno silencio. Tampoco formularon comentarios sus hijas Isabel y Carmen Paz. Cuando la diputada Isabel Allende fue consultada, en una entrevista con El Mercurio el pasado 13 de mayo, se limitó a responder:

– Yo digo que la vida privada se respeta. No tiene ningún sentido para mí decir ¡absolutamente nada! al respecto.

El libro de Labarca, editado seis meses después, no sólo evoca a Gloria Gaitán. También intenta desentrañar las relaciones íntimas de Allende con su secretaria privada Miriam Contreras, la actriz Inés Moreno y otras mujeres como Leonor Benavides, por cuyo amor se habría batido a duelo con el abogado y senador Raúl Rettig, en agosto de 1952. La versión de ese duelo conocida hasta ahora es bastante diferente y se basa en una discusión en el Parlamento, donde Allende calificó a su oponente como “tránsfuga” y “gestor”. El mismo Rettig admitió que aquel duelo fue “una estupidez”, recuerda el cronista Hernán Millas en su libro “Habráse Visto”.

– Fue una estupidez. Yo era muy amigo de Allende y después volví a serlo –dijo Rettig

¿Qué motivos tiene Labarca para justificar este arduo trabajo de investigación? ¿Por qué no viajó a Chile para presentarlo en la Feria Internacional del Libro de Santiago que permaneció abierta durante dos semanas en el Centro Cultural Estación Mapocho? ¿Tuvo temor de enfrentar la verdad histórica, como sucedió hace dos años?

A mediados de 2005 Eduardo Labarca viajó a Santiago y reconoció lo que era un secreto a voces entre algunos intelectuales de izquierda: que falsificó unas supuestas “Memorias” del general Carlos Prats, publicadas en México por el prestigioso Fondo de Cultura Económica. Esa autobiografía apareció firmada por el general Prats, ex comandante en jefe del Ejército, después que el 30 de septiembre de 1974 fuera asesinado en Buenos Aires junto a su esposa, Sofía Cuthbert. Los ejecutores del crimen fueron agentes del régimen de Pinochet. El autor de la falsificación fue el escritor Eduardo Labarca.

Descubierto el engaño, Labarca tuvo el valor de enfrentar a Sofía, Cecilia y Angélica, las tres hijas del matrimonio Prats, para explicarles por qué había escrito ese diario de vida atribuido al ex ministro de Allende.

– Al conocerlas me di cuenta de que el diario apócrifo las había herido profundamente, mucho más de lo que pude imaginar. Eran muchachas cuando asesinaron a su padre y su madre en Buenos Aires, han conocido momentos terribles, sus vidas han sido muy duras –reconoció entonces el escritor.

Pero ahora la situación es distinta.

Labarca no parece dispuesto a seguir dando explicaciones por aquello que escribe. Defiende su derecho a la libertad de expresión, aunque en su ejercicio mezcle la realidad con la fantasía. Esta vez no pensó ni en la viuda de Allende, ni en sus hijas, ni en los seguidores del presidente –entre los cuales estuvo cuando era un joven militante del Partido Comunista-.

– Si hubiera pensado en eso no habría podido escribir el libro –respondió desde Viena al diario La Tercera.

– Hay quienes desean –agregó el autor- que se nombre y haga justicia a su madre o abuela, que fue amada por Allende y le entregó parte de su vida.

Así de simple… Como en la tele…
05-11-2007 –

El autor es periodista y profesor universitario

* Fuente: Diario Hispano Chileno

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