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Declaración por el Encuentro con el Mar 

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Declaración por el Encuentro con el Mar  de escritores/as y artistas de Bolivia, Chile, Perú y comarcas aledañas

entraremos en ti,
cortaremos las olas
con cuchillo de fuego,
en un caballo eléctrico
saltaremos la espuma,
cantando
nos hundiremos
hasta tocar [el] fondo
Pablo Neruda, Oda al mar

sin embargo, de improviso una ola se le vino encima y lo tomó completamente desprevenido; retrocediendo al primer embate, no obstante volvió a avanzar, con el agua hasta las rodillas.

Jaime Saenz, Felipe Delgado  (parte tercera, capítulo I, en Antofagasta)

¿Por qué comenzar esta declaración por el Encuentro citando a Neruda y a Saenz? ¿Como avales culturales a capitalizar a la hora de darse la mano? ¿Como símbolos que permitirían economizar palabras en una eventual representación nacional en arte y poesía? ¿O más bien para alertar de entrada de un problema a no soslayar en esta hora: la no siempre fácil, y de veras inzanjable, relación y disyunción entre “arte” y “política”?

Un pro-blema: lo que nos viene por delante, aquí, desde la memoria de quienes nos anteceden. Pues Neruda como Saenz, dos de los más relevantes escritores en lengua castellana del siglo XX, a no minimizar, al mismo tiempo se habrán rendido a los encantos de dos de los más ominosos dictadores del siglo pasado; el chileno, sabido, ante José Stalin; el boliviano, menos sabido, ante Adolfo Hitler. No simplificamos la trama: entre cultura y política, entre cultura política y política cultural, las cosas nunca habrán sido simples ni monolíticas. Sólo que una Declaración por el Encuentro no habrá declarado en suma nada sin partir de la memoria de los desencuentros: entre países, pero también entre “arte” y “política”. Un matiz, con todo. Si Pablo Neruda jamás se habrá pronunciado sobre el secuestrado mar boliviano (en el Canto General, Neruda omite enteramente el “episodio” de la Guerra del Pacífico), Jaime Saenz no habrá dejado de evocar con pasión no exento de humor el punto: “Realmente; ahí está la payasá, como usted dice que dicen los chilenos”, subraya en su paso por Antofagasta su alter ego, Felipe Delgado. Sin humor (humor que no es sátira ni ironía, sino acaso el más humano de los rasgos de lo humano), para decirlo rápidamente, no hay modo que los tiempos de poema y de la historia se encuentren.

Antes de ir directamente a los 3 puntos que anudan medularmente esta declaración en tanto sus promesas constitutivas, un par de sumarias advertencias. Una: ¿Encuentro con el mar? Sí, sí: con el mar. No sólo con el mar de fondo, en Antofagasta esta vez, sino también con el mar de [la] memoria – esa memoria, también, lo hemos dicho, de desencuentros, sin la cual un encuentro sería vano y aun imposible. Un encuentro que no está por demás asegurado de antemano (pues si lo estuviera encuentro no sería sino mera máquina o maquinación político-cultural programable): más bien desafío en común, por venir entreabierto, no enteramente anticipable. Otra: ¿declaración sólo de escritores/as y de artistas? ¿Y la tejedora de aguayos y ponchos? ¿Y quienes urden, destraman y traman inéditas posibilidades de convivencia social y política? También, de cierto. Otro modo de indicar que los límites entre arte, artesanía y política, sin hacernos la ilusión que fueran borrables de un plumazo, son fronteras abiertas y desde ya interrogables.

Al grano, pues.

Las y los abajo firmantes, en Antofagasta, a 29 de abril del 2007, con ocasión del Encuentro Regional por la Solidaridad, Responsabilidad e Integración Latinoamericana, declaramos:

La convivencia regional latinoamericana así como la posibilidad de generar una alianza regional capaz de hacer de nuestros países y sociedades actores y no meros observadores de la desigual mundialización en curso, pasa, en no menor medida, por un entendimiento duradero entre Bolivia y Chile.

Un encuentro duradero entre Chile y Bolivia sólo es posible respondiendo afirmativamente a la demanda marítima boliviana, como de hecho crecientes sectores chilenos como de otros países latinoamericanos ya lo estamos haciendo. Un acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico no es sólo una necesidad estratégica en el contexto latinoamericano, sino antes bien una respuesta en justicia, allende la letra de los tratados internacionales suscritos entre los gobiernos de ambos países en su momento bajo la presión de las armas.

Llamamos a todas y a todos los escritores, artistas y artesanos de Sudamérica, a todos los movimientos sociales y ciudadanos, a multiplicar las iniciativas en pro del encuentro con el mar boliviano, en especial, y por la integración y alianza regional en general.  Por de pronto, invitamos a sumarse a la instalación de un monumento por el mar boliviano en Antofagasta, no como un símbolo de nada (todo símbolo es hostil) sino como una firma de nuestro compromiso con el entendimiento, la hospitalidad y la justicia latinoamericana. Asimismo, invitamos a participar en la Fiesta Cultural por la Integración, a realizarse aquí mismo, en Antofagasta, en octubre del próximo año. Y como si esto fuera poco, los invitamos a llegar al 2010 a sellar un gran Acuerdo Regional por la Integración Latinoamericana.

[He dicho. ¿Quién? No importa. Ahora ya podemos pasar a firmar, pero sobre todo a bailar y a escuchar a doña Violeta Parra, a la Saya Afroboliviana, a La flor de la canela y a masticar la Sopa paraguaya…]
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