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Argentina: Mapuches vs Benetton. La tierra prometida 

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A las cinco y media de la mañana del 14 de febrero, el pueblo mapuche recuperó Santa Rosa, un territorio del que fueron desalojados por la corporación Benetton. En 2004, el grupo italiano que posee 900 mil hectáreas en la Patagonia había anunciado públicamente la donación de 2.500, que fueron rechazadas por el Estado provincial por tratarse de tierras que no eran aptas ni para vivir ni para producir. En el pimer día, ya recibieron la solidaridad de los pobladores de la región y la visita de la policía.

En silencio pero con decisión, treinta mapuches partieron a las cinco y media de la mañana de Esquel. Algunos se subieron a desvencijadas camionetas, otros intentaron con distinta suerte viajar a dedo. Debían recorrer los 90 kilómetros que los separaban de Santa Rosa, un territorio que los pueblos originarios reivindican como propio y que hasta hoy formaba parte de las 900.000 hectáreas que el magnate Luciano Benetton compró en la Patagonia argentina.

Poco antes del amanecer, los mapuches ingresaron a ese terreno que parecía abandonado. Se pararon erguidos y perdieron la mirada en el saliente. Mientras comenzaba a asomar tibiamente el sol, realizaron la guillatún, una ceremonia ritual con cánticos y oraciones mediante la cual los mapuches se conectan espiritualmente con la naturaleza.

Después de la liturgia pasaron a la acción. Encendieron un fogón y redactaron un acta por la que quedaron constituidos como Comunidad Mapuche de Santa Rosa de Leleque. Una delegación viajó 70 kilómetros hasta El Bolsón para certificar las firmas ante un oficial público y darle legalidad al documento. Los que se quedaron comenzaron a armar las carpas donde niños, ancianos, jóvenes y adultos vivirán hasta tanto puedan levantar sus casas. También desplegaron herramientas con las que trabajarán la tierra.

Lentamente la noticia fue desparramándose en las localidades vecinas. Se convirtió en el principal tema de las radios de Epuyén y La Olla, por ejemplo. Así fueron acercándose numerosas personas a ofrecer su apoyo solidario. Y también llegó la policía para labrar un acta que, si la historia se repite, terminará en una denuncia de usurpación como cuando el matrimonio de Atilio Curiñanco y Rosa Rúa Nahuelquir intentó recuperar este predio el lluvioso 23 de agosto de 2002.

Curiñaco había pasado allí su infancia y, para escapar al desempleo que lo acosaba, quería volver a cultivar frutillas. La historia terminó mal, con un juicio penal y otro civil sobre sus espaldas. Mientras en el primero quedó absuelto por falta de pruebas, en el segundo el juez falló concediendo las tierras a la corporación Benetton, basándose en títulos de propiedad cuya autenticidad cuestionaron los abogados de los mapuches.

A diferencia de aquella oportunidad, esta vez no es una aventura de una familia. Todo el pueblo mapuche se comprometió con la recuperación de estas tierras, aprobando la acción en una asamblea de la comunidad.

La familia Curiñanco integró la delegación que este miércoles volvió a Santa Rosa. Atilio manifestó que el predio, de 385 hectáreas, estaba tal cual lo había dejado en octubre de 2002, cuando fue desalojado por la policía, que decomisó sus animales y herramientas y destruyó su casa de chapas.

Después de aquel suceso, los Curiñanco acamparon frente a la estancia de la Compañía de Tierras Sud Argentino (CTSA), propiedad de Edizione Holding, firma vinculada a la corporación Benetton. Cortaron la ruta y así, lentamente, la noticia de que los mapuches repudiaban a Benetton –el excéntrico empresario que hizo de la integración cultural su principal campaña de marketing- llego a colarse, por pintoresca, en algunos medios de comunicación.

En noviembre de 2004, La Fundación Raíces organizó un viaje a Roma de representantes del pueblo mapuche -los Curiñanco y Mauro Millán, de la Organización Mapuche Tehuelche 11 de octubre- para que se encuentren con el magnate, donde el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y el periodista italiano Gianni Miná oficiaran de mediadores. También participaron del encuentro en el Campidoglio romano miembros de la Fundación Gorbachev y el entonces embajador argentino en Italia, Victorio Taccetti.

El encuentro fue tenso y trilingüe. Se habló en mapuche, italiano y castellano. Los mapuches exigieron la restitución de las tierras y cuestionaron seriamente el museo montado por Benetton, a escasos 10 minutos del lugar donde este miércoles regresó la comunidad de Santa Rosa de Leleque. En la proclama que redactaron los mapuches para hacer pública la acción por la que volvieron a sus tierras lo dejaron otra vez en claro: ´´Santa Rosa ha presenciado décadas de despojo, de violencia, de intolerancia, de usurpación, de desapariciones y de muerte. Los Futakecheyem (Antiguos) hombres y mujeres que pisaron libremente esta tierra hoy yacen en vitrinas de museos, sus instrumentos sagrados son piezas de exhibición, acallados por la fuerza hoy son trofeos de una cultura que destruye lo diferente: las ideas diferentes, filosofías, espiritualidades, ideologías, pueblos diferentes. Sin embargo, las pisadas de estos antiguos son huellas inspiradoras. Somos consecuencia de esas huellas´´.

Aquella reunión de Roma terminó con el anuncio público de Benetton de donar “2.500 hectáreas aptas para la producción” al gobierno argentino para que, si lo deseaba, se las restituyera a los mapuches. Pero la donación nunca se hizo efectiva: la rechazó el Estado porque los terrenos ofrecidos por Benetton no eran productivos.

Desde entonces, los mapuches comenzaron a soñar con un amanecer como el de hoy.

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