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La Construcción Ontológica de la Derecha Postmoderna 

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[…] Lo contrario del pensamiento es el estado de adormecimiento de quienes reducen el mundo común a un mundo propio, esto es, a un mundo de meras sensaciones […]
Heráclito de éfeso, Fragmento 89

Invierno 2006
Para los críticos del sistema político actual, hoy parece ser un buen momento como para sentarnos a repensar la democracia que tenemos y por ende, la que queremos llegar a tener. De esta manera la democracia representativa comienza a cederle espacio a la llamada democracia participativa y en ciertos aspectos a lo que conocemos como democracia deliberativa. Esto conlleva a que los ciudadanos vayan alcanzando mayores niveles de formación socio-cívica con miras a los nuevos desafíos que una sociedad con aspiraciones democráticas como la nuestra nos presenta.

En tal sentido, los principios del ser humano, los cuales emanan obviamente de su propia naturaleza en sociedad, se van transformando en el soporte central para la consecución de una Nación más justa, equitativa y libre, capaz de ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad real y concreta de realizar sus proyectos de vida, y disfrutar así del desarrollo social, material e intelectual necesario como para que puedan ser felices en esta vida.

La pretensión de este artículo es poder llegar a abrir la discusión entorno a la construcción ontológica (1) de la derecha política de nuestro país, como así también el ofrecer un diagnóstico crítico de un “enfermo terminal” llamado Alianza por Chile. Para esto me basaré en diversos artículos y autores, e intentaré demostrar que se ha errado intencionadamente el camino hacia la conformación de una sociedad más libre, justa y democrática, optando por mantener las relaciones de poder y el mapa político actual que sirven solamente a los intereses de unos pocos. En definitiva, en este artículo lo que pretendo es ayudar a que los lectores se formen una visión integral sobre lo que es la derecha postmoderna chilena y sus actuales problemas valóricos.

Como muchos de los lectores de este artículo sabrán, la constitución ontológica del mapa político chileno se gestó a partir de las ideas de grandes maestros de la economía, el derecho y la política. Sin embargo la dotación intelectual de una persona y su capacidad de raciocinio no aseguran que sus ideas vayan a estar en directa correlación con la búsqueda del bienestar social. Pienso al respecto en personajes como Milton Friedman, economista de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, quien ideologizó teóricamente el modelo económico neoliberal actual, sirviendo Chile como laboratorio indicado para probar las “recetas” económicas norteamericanas dada la crisis política de la cual proveníamos y el estallido financiero que detonó en nuestro país a inicios de la década de los ´80. Para ello se creó un nexo estratégico entre la Universidad de Chicago y la Pontificia Universidad Católica de Chile bajo el alero de algunos “próceres” de la patria como Sergio de Castro, Miguel Kast, Jaime Guzmán y el mismísimo Joaquín Lavín. Esto sin mencionar por cierto la gestación y posterior aplicación de aquél texto de cabecera de los tecnócratas de la época, denominado “El Ladrillo” (publicado en mayo de 1973), el cual se constituyó en la base de las políticas económicas del Gobierno Militar hasta el desplome de la banca nacional en 1982. Fue luego de este descalabre financiero que comenzaron a implementarse las políticas neoliberales provenientes del país del Norte, las que dieron paso al oscuro proceso de privatización de las empresas estatales a partir del cual se emprendió la construcción, en términos ontológicos, la derecha postmoderna en nuestro país (2).

La Política en la Era Capitalista
Como bien sabemos, en los ’80 el concepto de postmodernismo inundó con bastante éxito las aulas universitarias y las casas matrices de los medios de comunicación masivos. Aunque su aparición como fenómeno cultural fue anterior a los conflictivos años ’80, el postmodernismo alcanzó su cuota de mayor aceptación social en la década pasada, revolucionando el mundo del pensamiento, de las artes, la literatura, la cultura y hasta el propio mapa político de Occidente.
 
En términos filosóficos, el postmodernismo se convierte en el paradigma del pensamiento “infértil”, de la ruptura con los llamados pensamientos fuertes que, como el liberalismo (y su derivado por antonomasia: el neoliberalismo) y el marxismo, constituyen sistemas de ideas que intentan abarcar la globalidad de la existencia social y humana en este mundo.

Fue a mitad del pasado Siglo XX, en que el postmodernismo se transformó en un pensamiento de tipo inimitable, indesmentible e infranqueable, afianzándose así como la “nueva filosofía política” de la era contemporánea, realzando los incentivos perversos del mercado y convirtiéndose de esta manera en el principal soporte ideológico del neoliberalismo global.

El pensamiento único se presenta de manera indirecta como sucesor umbilical del postmodernismo político occidental. La diferencia sustancial es que el pensamiento único es una ideología cerrada y totalizadora, la cual se autoafirma presentándose con la autoridad de lo indiscutible. Caído el muro de Berlín, no habría ya otra alternativa que la globalización capitalista y su puesta en práctica a escala internacional a partir de la firma del Tratado de Washington en el año 1949 (3).

En relación a lo anterior, para el polémico y controversial docente de la Universidad de Chile, Carlos Valenzuela Yuraidini (4), en la historia de la humanidad se han gestado numerosas globalizaciones. La más extendida es la cristiana, pero también está la islámica, la judía, la hinduista y la budista. El materialismo gnóstico (religión muy poderosa, que se inicia con el racionalismo e ilustración francesa) generó dos globalizaciones que curiosamente nacieron juntas a mediados del siglo XIX: el Liberalismo (teorizado por Juan Calvino durante el Siglo XVI), y el Materialismo Histórico (elaborado por Marx Y Engels en el Siglo XIX) (5).

Del carácter despótico de la democracia chilena Como algunos saben, uno de los más destacados estudiosos de la democracia chilena ha sido Felipe Portales (6), quien expone magistralmente en sus textos la idea de que la identidad republicana está plagada de fuertes características autoritarias, las cuáles son en su mayoría un legado de la conquista española.

La violencia, el despojo, y la muy cuestionable superioridad del más fuerte, brotan de la institucionalidad política de Chile. La oligarquía nacional consolidó un régimen sociopolítico a su imagen y semejanza, el cual se fue perfeccionando paulatinamente durante más de un siglo, hasta 1958, cuando se proclamó la Ley de Cédula única, que además de establecer que en Chile existiría un sistema democrático, con sufragio universal, igual, secreto y libre, impediría que los patrones compraran el voto de sus trabajadores.

Portales asevera a su vez que antes del año 1958, y bajo un ropaje democrático, teníamos en Chile una estructura fundamentalmente autoritaria, clasista y excluyente que comenzó a entretejerse a partir de la Conquista. Si bien hubo avances importantes en términos del buscar eliminar la autocracia nacional, en el siglo XIX se instauraría una República Oligárquica, a la cual luego se integrarían sectores de clase media hasta 1958.

A partir de 1958, según Portales, se observa un crecimiento importantísimo de la izquierda y del centro, como por ejemplo la Democracia Cristiana. Sin embargo, lamentablemente estos partidos no lograría
n estructurar una democracia plena porque básicamente se destruirían entre sí. Lo que culmina con el golpe militar de 1973, es un despilfarro histórico de sectores de centro-izquierda, que son incapaces de darse cuenta de los intereses comunes que tienen y privilegian la construcción de utopías, de modelos muy radicalizados, que lo único que hacen es servir a los intereses de la derecha que nunca, desgraciadamente, ha asumido los valores democráticos en Chile.

Felipe Portales afirma tajantemente que la matriz social de Chile (que viene dada desde la época de la Conquista), es una matriz clasista, racista y común en América Latina. Pero que en el caso de Chile tiene características más notorias (propias de la guerra de Arauco), que generó una mentalidad bélica propiamente tal. Chile era un país muy remoto, donde se podían hacer actos infames sin que se tuviese control alguno sobre ello. En ese sentido, se genera una estructura injusta en términos sociales y una composición étnica sumamente traumática. Hay un mestizaje mayor que en otros lugares de América Latina, pero a la vez mucho más violento, mucho más agresivo. Esta contradicción entre la teoría y la práctica, que se manifiesta en que la ley se acata pero no se cumple, es una característica fundacional de la Conquista Española.

Esto se expresa a lo largo del siglo XIX en una República Democrática, que en el fondo es una bella envoltura de una estructura muy autoritaria. Nuestro país siempre ha sido más ordenado que el resto de los países de América Latina, pero esta eficacia cívica tiene connotaciones muy negativas.

Sin embargo, Portales sostiene que el desplome de ese breve periodo democrático, entre 1958 y 1973, permitió la reinstalación en nuestro país de los cónclaves autoritarios que históricamente nos han regido. La dictadura y sus mentores intelectuales establecieron el actual orden social en Chile, caracterizado por la represión (por sobre la educación), el confesionalismo político-religioso, la desigualdad económica, la falta de libertades individuales y la escasez de oportunidades. Dicho modelo ha sido perpetuado por la Concertación hasta nuestros días, materializado en la existencia de innumerables modos de control social, y la imposibilidad casi absoluta de poder romper para siempre las ataduras antidemocráticas de la Constitución que nos dejó como legado el Régimen Militar, lo cual no hace más que eternizar el término definitivo de la transición a la democracia y nos somete una vez a la concentración del poder en manos de unos pocos (7).

En conclusión, para Felipe Portales, aún no podemos decir que nuestra democracia es un sistema sólido y bien constituido, puesto que hoy en día tenemos un modelo nominal-representativo. En términos de la Constitución, contamos con una Carta Fundamental despótica, opresora y abusiva, y todo un sistema en el plano económico, normativo y social que es básicamente el que nos dejó como herencia política el gobierno del Régimen Militar en Chile (8).
Fin de I Parte

Notas:
(1) Del “ser”, y -logía. Ontología se refiere entonces a aquella parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales; Diccionario de la Real Academia de la
Lengua, Vigésima Segunda Edición, Versión Digitalizada para Internet, Año 2001.

(2) Véase el libro de María Olivia Mönckeberg, El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, Ediciones B Chile, Marzo de 2001.

(3) Basado en el artículo de Javier García, Globalización, Postmodernismo Y Pensamiento único, publicado en el folleto político ¿Qué es la globalización?, Julio de 1997.

(4) Médico cirujano, Doctor en Ciencias Exactas, Profesor Titular de la Universidad de Chile de Genética, ética y Epistemología. Es Postdoctorado en Citogenética Teórica, París, Francia. Es investigador y autor de diversas publicaciones científicas y sociopolíticas no editadas de las cuales se han extraído las referencias hechas en este artículo.

(5) Con relación al Liberalismo Clásico, según el mismo profesor Carlos Valenzuela, el “calvinismo” tiene algunos componentes gnósticos especialmente en relación con la esfera socioeconómica y política. La creencia de que la estratificación socioeconómica y la distribución de la riqueza son de origen divino (proveniente de la captación directa por la mente de los economistas), revela entonces lo que conocemos como la “voluntad de Dios”. Dado que los “calvinistas” creen en la predestinación, entonces el éxito económico es un indicador de elección divina (se revela la Providencia Divina, que es captada directamente por la mente humana). Como sabemos fueron sobre estas mismas ideas “calvinistas” que se fundaron el mercantilismo, el capitalismo, y el neoliberalismo global.

(6) Felipe Portales es Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, autor de los libros “Chile: una democracia tutelada”, Editorial Sudamericana (1999); y “Los mitos de la democracia chilena”, Editorial Catalonia Libros (2004).

(7) El profesor Carlos Valenzuela, parece concordar con las sentencias de Felipe Portales al haber expuesto durante una conferencia realizada en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile (el primer semestre del presente año), que: “El Problema de Chile es el de haber sido fundado bajo tres sistemas de obediencia que funcionan inexorablemente: el militar, el religioso y el patronal. Respecto a la educación hay que revisar, desde la Conquista y la Colonia, el enorme efecto que tuvieron las escuelas parroquiales y misionales para la sociedad, posteriormente de los sistemas socializados de influencia radical y autoritaria”.

(8) Entrevista realizada por Juan Pablo Cárdenas a Felipe Portales, para el portal Web de la Radio Universidad de Chile (http://www.radio.uchile.cl), publicada en Agosto de 2004. Las referencias que prosiguen en relación a Felipe Portales también provienen de dicha entrevista.
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II. Parte
La erosión intelectual de la derecha en Chile
En varias conversaciones sostenidas por Ignacio Ramonet (Director de Le Monde Diplomatique Francia) con el mítico Marcos en México (9), se va develando de la idea de de que la globalización ha sido posible gracias a dos revoluciones mediáticas: la tecnológica y la informática, dirigidas ambas desde sus inicios por el poder financiero. De la mano, la tecnología y la informática, han hecho desaparecer las distancias y han roto todas las fronteras, quedando como única zona “vírgen” nuestro Estado-Nación. Si la tecnología y la informática han unido al mundo, el poder financiero que las usa lo está quemando a fuego lento.

Dado lo anterior, inicio la entrada a uno de los principales focos de atención que tiene por objeto este artículo: el mundo “intelectual” de la derecha en Chile. Por lo mismo, es a partir del fenómeno de la globalización que podemos afirmar que el mundo ha cambiado radicalmente, por ende las funciones de los intelectuales también han sido modificadas. En su lugar, una nueva generación de “entelequias pensantes” habrá de emerger, los cuales tendrán a su vez nuevas funciones que realizar dentro de sus quehaceres intelectuales. Sin embargo, al igual que la globalización, los intelectuales están ahí, son una realidad de la sociedad moderna, y su “estar ahí” no se limita a la época actual, sino que se remonta a los primeros pasos de la humanidad.

Ahora bien, los intelectuales no poseen una definición conceptual precisa sobre lo que los constituye como tal
es. Sin embargo, al intentar definir la “función intelectual”, podríamos decir  que consiste en determinar críticamente lo que se considera una aproximación satisfactoria al propio concepto de verdad, pudiendo esto desarrollarlo cualquier individuo en tanto cuanto no reaccione ante los acontecimientos observados con pasión, sin imponer la “criba” de la reflexión, tal como  lo expone Umberto Eco (10) en su texto Cinco escritos morales (1998). Si esto es así, entonces el quehacer intelectual debe ser fundamentalmente analítico y crítico en su concepción original. Frente a un hecho sociopolítico por ejemplo, el intelectual analiza lo evidente, lo afirmativo y lo negativo, buscando lo abstracto. El intelectual busca entonces poder exhibir, es decir, comunicar, develar y denunciar, todo aquello que no es públicamente evidente.

Para Umberto Eco la función intelectual se ejerce siempre con adelanto o con retraso a los hechos que, se están por dar o que se han dado en el mundo. Por lo tanto, los intelectuales raramente reaccionan a partir de lo que está sucediendo, principalmente por razones de ritmo temporal, puesto que los acontecimientos son siempre más rápidos y acuciantes que la reflexión sobre los hechos en sí mismos. De esta manera la función del intelectual sería la de transformarse en una especie de conciencia incómoda, indiscreta, atrevida, insolente e impertinente de la sociedad.

Es aquí donde se da origen a la histórica división entre intelectuales progresistas y reaccionarios, o puesto de otro modo, entre intelectuales de izquierda e “intelectuales” de derecha. De esta manera, mientras los progresistas siguen en la crítica a la inmovilidad, a la permanencia, a la hegemonía y a lo homogéneo, los reaccionarios enarbolan la crítica al cambio de fondo, al movimiento, a la rebelión y a la diversidad. El intelectual reaccionario olvida su función intelectual, renuncia a la reflexión crítica y su memoria se recorta de modo que no hay pasado ni futuro, tan sólo presente, ya que este sería el único plano temporal factible de ser analizado según ellos.

Una de las críticas más agudas hacia la derecha es que se han convertido con el paso del tiempo en un grupo de observantes pasivos e intelectualmente estáticos, que solo realizan inferencias tecnocráticas de la realidad social a partir de datos muestrales observados. Por otro lado, es sabido que los llamados “Think Tanks” (centros de estudios e investigación) tienen hoy un carácter casi dogmático en las sociedades modernas como la nuestra puesto que de ellos emergen los nutrientes básicos del modelo neoliberal, por intermedio de complejos estudios que van en una dirección “políticamente correcta” para el mercado, buscando con esto poder darle mayor validez al sistema socioeconómico imperante en gran parte del Cono Sur.

Ciertamente, el argumento de lo inevitable se presenta hoy como un paradigma social invariante llamado “globalización neoliberal” (o pensamiento único), es decir, la traducción en términos ideológicos y con pretensión universalista de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular, las del capital financiero internacional. En tal sentido, configuraciones absolutistas como las del fin de la historia, la omnipresencia de organismos multilaterales y la omnipotencia del dinero, cobran una inusitada importancia en nuestros días, estableciéndose el presente como único futuro posible. Esto sin tomar en cuenta la existencia de un cúmulo de externalidades negativas propias del modelo económico global, como por ejemplo, las desigualdades en las relaciones de poder, la justificación de la sobreexplotación humana y ambiental, el racismo, la usura, la corrupción, la intolerancia, la injusticia y la exclusión social.

Este nuevo paradigma social implica que las noticias y la información se presentan en la evidencia de su inmediatez, por tanto es real lo que se nos muestra, consecutivamente es verdadero lo que vemos, y de esta  manera la imagen termina por constituirse en lo único cierto. Ya no hay lugar para la reflexión crítica, a lo sumo hay espacio para “opinólogos” que completen la lectura de la imagen vista. Por ende, en esta era, lo visual no está hecho solo para ser visto, sino que para entregar conocimiento, verdades absolutas, teorías divinas, doctrinas fundamentalistas, dogmas de fe, representaciones incuestionables, realidades paralelas y mundos que nos son ajenos.

Es evidente que en una época como la actual, el “intelectual” de derecha  ni siquiera tiene que ser original, puesto que el reaccionario ya tiene internalizada la mecánica capitalista. En esta misma línea y según lo propuesto por Andrés Monares en su ensayo titulado Reforma e Ilustración (publicado por Editorial Universidad Bolivariana, Año 2006), los “sacerdotes” de la teología neoliberal seleccionan a jóvenes estudiantes provenientes de las mejores universidades del país, para marcarles en la frente la cruz de los principios anglosajones. Y sin problema alguno estos “sacerdotes” les introducen en la boca mordazas sonoras, que a su vez generan pastosas palabras que se adhieren a sus dientes,  falsificando sus mentes y corrompiendo sus espíritus.

En esta era capitalista es fácil que florezcan grupúsculos fácticos que buscan emplearse a fondo en elogiar al ideario neoliberal proveniente de las mentes de los llamados “intelectuales” reaccionarios, implicados subyacentemente en las relaciones de poder que dominan y someten al mundo a los intereses de los oligarcas. Estos miembros del estamento señorial, buscan reprimir sistemáticamente cualquier intento de reflexión en nombre de la “moral”, la “modernidad”, la “realidad”, y la “razón”, que afirman el carácter ineludible de la evolución actual de las cosas, predicando el justo destierro de los críticos del sistema actual, arrojando a las tinieblas de lo irracional a todos aquellos que se nieguen a aceptar que el estado natural de la sociedad es el libre mercado.

En el libro de conversaciones con Ignacio Ramonet se reafirma todo lo anteriormente expuesto, señalándose a su vez que: “Lejos de la reflexión, del pensamiento crítico, los “intelectuales” de derecha se convierten en los pragmáticos por excelencia, destierran la función intelectual y se transforman en ecos del modelo social mediático, niegan a quienes piensan en una sociedad distinta, castigan a los que buscan transformar la realidad, someten a la sociedad a sus recetas cortoplacistas, y por sobre todas las cosas, reprimen el libre pensamiento de los seres humanos.”

Queda de manifiesto entonces que los “intelectuales” de derecha alteran voluntariamente su esencia, adquiriendo así nuevas y amplias “virtudes”, es decir, se convierten en entes impetuosamente pusilánimes y complejamente triviales. En el estado actual de la sociedad, los reaccionarios fácilmente pueden ostentar una impetuosa pusilanimidad y una compleja trivialidad, dado que la preeminencia absoluta del poder financiero los mantiene protegidos en pomposas “torres de marfil”. Por esto, la derecha “intelectual” se ha vuelto peligrosamente intransigente con sus detractores. Por otro lado, el ingreso a estas majestuosas “torres de marfil” no es nada fácil, puesto que hay que renunciar a la imaginación crítica, a la autocrítica, a la inteligencia, a la argumentación, a la reflexión, y optar finalmente por el nuevo credo universal: el capitalismo neoliberal.


A estas alturas ya se pueden sacar algunas conclusiones, como por ejemplo, el hecho de que el nuevo “intelectual” de derecha tan sólo se preocupa de ejecutar labores que refuerzan la idea de que el libre mercado es el óptimo social al cual una Nación en vías de desarrollo como la nuestra puede llegar. Se niega toda posibilidad de poder crear nuevas realidades en el largo plazo, pasando de la palabra a la imagen, de la discusión a la mercantilización, y de la reflexión al comentario televisivo. Como vemos, el reaccionario ni siquiera tiene que esforzarse por legitimar directamente un sistema totalitario, racista, intolerante y excluyente como el nuestro, tan solo le basta con guiar las corrientes del pensar hacia lo pragmático.

Es así como los “intelectuales” reaccionarios se han ido apropiando profusamente de la doctrina neoliberal, a tal punto que hasta han sabido sacarle partido a las externalidades negativas del modelo socioeconómico para utilizarlos como anzuelo político en sus campañas electorales, haciendo énfasis en problemáticas nacionales como la delincuencia, la seguridad ciudadana, y el desempleo, evitando así que la mirada de la ciudadanía se centre en temas actualmente poco rentables en términos políticos (y que afectarían por cierto al estado actual de las relaciones de poder), como  por ejemplo, la reforma al sistema electoral binominal, el cambio del sistema previsional y el modelo económico capitalista que hoy existe. Es por lo mismo que, con una cara moderna y remozada, la derecha en Chile adopta una postura acomodaticia y se empecina en conquistar espacios de centro. Esto les ha sido posible porque se han esforzado en construir una nueva imagen neopopular, alejada de su pasado violento y autoritario, y más cercana a una ciudadanía carente de estabilidad socioeconómica, amenazada por los perjuicios del modelo social y errante en un sistema de sociedad que siente ajeno.
Fin de II. Parte

Notas:
(9) Entrevista de Ignacio Ramonet a Marcos (Autor de Oxímoron), publicada en Le Monde Diplomatique Chile, Editorial Aún Creemos en los Sueños, Octubre de 2001, Páginas 65 a 91. Las referencias que prosiguen también provienen de dicha entrevista.

(10) Doctor en Filosofía, escritor y profesor universitario, nació en Italia en 1932. Sus obras mas conocidas son El nombre de la rosa (1980), El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la reina Loana (2004).
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III. Parte
De la animadversión popular hacia la “elite intelectual”
En Chile han existido diversos grupos fácticos de conservadores religiosos que históricamente han sabido sacar partido de la animosidad que las capas bajas de la población experimenta en contra de las elites de intelectuales, esto para poder proteger a los detentores del poder y dirigir su ira contra estos personajes ilustrados, presuntamente hostiles a la gente humilde y sencilla. De esta manera se llega a conceptualizar lo que Pierre Bourdieu (11) llamó “racismo de la inteligencia”, para referirse a este recurrente fenómeno social que se aloja en el seno de las minorías instruidas en relación al vulgo, es decir, a las “masas sociales populares”.

Desde tiempos inmemoriales, los poderes económico-religiosos en Chile se han preocupado de etiquetar a los intelectuales como entes desdeñosos de la moral y partidarios de concentrar el poder en manos de quienes poseen mayores conocimientos. Dado esto, la derecha fundamentalista ha buscado proletarizar su imagen, interpretando el registro de la guerra de subculturas ciudadanas a nivel de naciones por intermedio de los más sofisticados métodos mediáticos.

Asimismo, […] todos los temas sobre los cuales la derecha insistiría más tarde ya se dejaban ver en el libro del ultraconservador William F. Buckley, como por ejemplo el relativismo moral, el estado burocrático, y la subversión de los intelectuales. Por aquél entonces, uno de los ingredientes fundamentales del discurso republicano de las décadas siguientes era la justificación pseudo democrática de la desigualdad de ingresos, por medio de la teorización de un “populismo de mercado”, que mezcla gastos individuales y sufragio universal. De tal forma, el poder financiero  de las grandes empresas respondería a la “voluntad” de un hombre común, puesto que, en última instancia, provendría de la decisión de decenas de millones de consumidores. En cambio, si la intelillentsia pretende imponer al país su utopía igualitaria adosándose a la burocracia del Estado, eso significa que la dictadura estaría cerca. De esta manera el deber del pueblo es luchar contra los intelectuales que no sueñan con otra cosa que con repartir las fortunas entre todos […] (12).

Retomando la idea de la globalización fragmentada, derivada de las conversaciones de Ignacio Ramonet con Marcos en México, podemos corroborar que el sistema de libre mercado se vende como el mejor de los mundos posibles, invocando a la teología neoliberal para suplir con “dogmas” y “fe” la falta de argumentos. Asimismo, el papel de los “sacerdotes” neoliberales incluye el perseguir a los herejes, a los mensajeros del mal y a las ovejas descarriadas, es decir, a los intelectuales críticos del “mensaje divino”, y qué mejor forma de combatir a estos sujetos críticos del sistema de sociedad que acusándolos de “mesianismo” ideológico y doctrinal.

Sin embargo, si en algún lado hay “mesianismo”, es en la derecha “intelectual” y tecnocrática. Las sectas de los intelectuales neoliberales químicamente puros llegan a ser “mesiánicas” cuando prefiguran la fatalidad de un universo basado en una verdad única e indesmentible (el mercado único y la teología dominante), la cual nos sentencia a un status quo sempiterno.
Hacia un nuevo pensamiento sociopolítico

El darwinismo macroeconómico que profesan los “sacerdotes” de la teología neoliberal, tal como lo postula el biólogo Albert Jacquard en su libro Yo acuso a la economía triunfante (publicado por Editorial Andres Bello, Año 1996), busca imponer la selección natural de las economías más fuertes y adaptables, excluyendo a grandes áreas geopolíticas como áfrica, que no han sido invitadas al gran juego de la globalización, más que como meros espectadores. Por ende el problema socioeconómico de países pobres o emergentes como el nuestro ni siquiera tiene que ver con el de la redistribución de las riquezas sino que con el de la redistribución de las relaciones de poder.

En tal sentido el profesor de ética Carlos Valenzuela sostiene que: “Un régimen que redistribuyera la riqueza no serviría de nada, porque esta iría de nuevo a parar a las manos de quienes tienen el poder. Por otra parte, estamos en condiciones de reemplazar aproximadamente un 80% de toda la actividad manual y gran parte de la actividad intelectual de los oficios humanos. La estructuración social en base a la división del trabajo no tiene sentido y es mantenida por los que tienen el poder político y económico en este país, ya que de otra forma lo perderían para siempre.” (13).

Dado este nuevo escenario el profesor Carlos Valenzuela nos plantea las siguientes preguntas: ¿Es el ejercicio de la libertad igualmente libre para todos? ¿Puede condenarse a la miseria a los seres humanos no bien dotados de inteligencia, sagacidad y agresividad para competir en el mercado, o a aquellos que no acepten por motivos éticos este sistema de convivencia? La p
ropuesta se vuelve aterradora al considerar países muy estratificados como Chile. El acceso a la libertad, al mercado, a la educación, a la salud, y al poder también están estratificados en nuestro país, y no hay otro destino sino el que conlleva a que los estratos altos se alejen cada vez más de los bajos ya que toda inversión social de dinero se hará para adquirir más prestigio, poder o dinero. Como sólo los estratos altos pueden hacer esta inversión no queda otra cosa que entonces los estratos bajos se empobrezcan más y más, no sólo en relación a los estratos altos, sino que en relación al enriquecimiento promedio global esperado por el enriquecimiento de los estratos altos, aunque su ingreso se vea aumentar en algunas unidades.

En esta misma senda, el profesor Carlos Valenzuela enuncia que: “La libertad presupone la autonomía de su uso, y la llegada a la autonomía puede ser muy diferente según los estratos, no por diferente dotación genética, sino porque su ejercicio en el estrato bajo, el cual puede ser hasta peligroso para la vida. La redistribución del ingreso no puede realizarse sin una redistribución del poder para utilizarlo, lo que implica una igualdad de oportunidades educacionales, que no es y no será nunca el caso de Chile, a menos que se cambie su orientación sociopolítica y cultural”.

Por lo pronto, en lo personal creo que debería expandirse íntegramente la igualdad de oportunidades en nuestro país para poder dar el primer paso hacia la transformación de la realidad sociopolítica de la Nación. De esta manera serían la meritocracia, la voluntad de poder y el trabajo los factores determinantes en la vida socioeconómica de cada chileno (14), desterrando para siempre aquellos factores enajenantes que aún determinan la vida de los cuatro primeros quintiles pertenecientes a la actual estratificación existente en Chile, como por ejemplo, el origen de cuna, el colegio del cual se provenga, o la situación socioeconómica de la familia. Pero, ¿será esto posible dentro de un sistema de sociedad basado en el capitalismo neoliberal actual?

La Igualdad de Oportunidades implica un compromiso social, un deber comunitario de asegurar que todos cuenten con las herramientas elementales y básicas para desarrollar sus potencialidades durante la vida. En particular me refiero al acceso a educación de calidad, a la atención médica integral, a la propiedad de viviendas dignas y por cierto a condiciones laborales más humanas. Esto debe ir de la mano de un proyecto país sustentable en el largo plazo, de carácter orgánico e institucional, que vaya en ayuda de los grupos sociales mas vulnerables, otorgándoles así una cobertura que les permita sobreponerse a las condiciones adversas que a cada uno le ha tocado vivir, permitiendo que la pobreza no vuelva a ser nunca más una determinante social, sino tan sólo una condicionante temporal y susceptible de ser superada.

En conclusión, espero haber satisfecho las expectativas generadas en los párrafos introductorios de este artículo, principalmente en cuanto a mi intención de poder abrir la discusión respecto de la construcción ontológica de la derecha postmoderna en Chile, como así también en relación a la presentación de un diagnóstico crítico vinculado al actual estado de la Alianza por Chile, y finalmente en concordancia a mi pretensión de haber intentado comprobar que la derecha chilena ha equivocado intencionadamente la vía hacia la consecución de una sociedad más libre, justa y democrática. A modo de corolario podríamos decir que la nueva construcción “valórico-ideológica” de la centro-derecha debería cimentarse en una dialéctica continúa que recoja la experiencia de los hechos históricos, que analice críticamente los contextos sociopolíticos, que contribuya a la evaluación dinámica de la coyuntura nacional y que logre esbozar con responsabilidad el futuro. Esta nueva plataforma ideológica tendrá que permanecer en constante modelamiento, formación y evolución de tal manera que no se transforme en una doctrina fundamentalista, ortodoxa e inmóvil sino que permita poder generar nuevos imaginarios sociales y constructos políticos viables para la consecución posterior de un proyecto país más democrático, creíble y sustentable en el tiempo.
Fin del artículo

Notas:
(11) Sociólogo y filósofo francés, quien realizó sus estudios superiores en París. Algunas de sus principales Obras fueron: Los estudiantes y la cultura (1964); La distinción (1979); Homo Academicus (1984); La miseria del mundo (1993); y Meditaciones pascalianas (1997).

(12) Serge Halimi, El pueblo contra los intelectuales, publicado en el Dossier: “Guerra de las Ideas”, Revista Le Monde Diplomatique Chile, Mayo de 2006, en referencia a William F. Buckley Jr, y su libro God & Man at Yale, Gateway, Washington, 1986. El libro fue publicado inicialmente en 1951 en EE. UU.

(13) Carlos Valenzuela Yuraidini, El Futuro Socioeconómico de Chile, artículo inédito sin publicar, Marzo de 1990. Las citas que prosiguen también provienen de dicho escrito.

(14) Véase la publicación “Movilidad y vulnerabilidad en Chile”, En Foco Nº 56, publicado por EXPANSIVA (Año 2005), basado en el estudio “Dinámica de la Pobreza y Movilidad Social:Chile 1996-2001”, del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Dante Contreras, Ryan Cooper, Jorge Hermann, y Christopher Neilson.

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