Grito de los excluidos: "En la fuerza de la indignación, semillas de transformación"
por Frei Betto (ALAI)
20 años atrás 4 min lectura
Lo que vuelve especial al Grito de este año es la proximidad de las elecciones, oportunidad de renovar el Congreso Nacional y reconducir los parlamentarios que se destacaron por la coherencia ética y política. Sin embargo, no se trata tan sólo de dar continuidad al gobierno Lula, cuya política externa realzó la soberanía brasileña, mientras las políticas socioeconómicas redujeron la inflación y, como efecto, el precio de los alimentos, y aumentaron el valor del salario mínimo, el número de empleos estables, y promueven distribución de renta a los más pobres a través del programa Bolsa Familia.
La cuestión de fondo es fortalecer el nuevo sujeto histórico: los movimientos sociales. De ahí la pertinencia del tema del Grito. No basta movilizarse por las elecciones; hay que lanzar semillas de transformación. Por mejores que sean las políticas sociales, tienden al retroceso si no se dan cambios en nuestra estructura agraria, lo que implica el fin del latifundio, el asentamiento de familias sin-tierra, la protección del medio ambiente y, en especial, de la región amazónica, amenazada por la deforestación y la contaminación.
Estremecido por las dos guerras mundiales, a mediados del siglo XX el capitalismo articuló el pacto entre capital, trabajo y Estado. El neoliberalismo lo rompió con la ofensiva contra el trabajo (reducción del sueldo real, desregulación, aumento del desempleo) y el Estado (privatizaciones y corrupción). Y fortaleció el capital a través de la mercantilización de la naturaleza y de los seres humanos. Hoy todo es fuente de lucro: mass media y educación, salud y cultura, deporte y religión. Hasta la anatomía individual, sometida a las exigencias del perenne rejuvenecimiento. En 2003 las mujeres brasileñas gastaron R$ 17 mil millones de reales en productos de belleza! “Fuera del mercado no hay salvación”, es el nuevo mandamiento de esa sociedad que pretende reducir la ciudadanía al “consumo, luego existo”.
Se trata, pues, de operar cambios estructurales en la sociedad, tarea a largo plazo que exige organización y movilización de la sociedad civil, tanto para presionar al gobierno y los dueños del dinero, cuanto para ocupar instancias de poder.
En Brasil, una puerta se abre: la reforma política. Será decepcionante si se la entrega a la elite y a los políticos interesados tan sólo en retoques cosméticos. Los movimientos sociales necesitan profundizar ese debate y popularizarlo lo más ampliamente posible. ¿Qué reforma se quiere? ¿Cómo pasar de la democracia representativa a la participativa? ¿Cómo dotar a la sociedad civil de instrumentos efectivos de participación política?
No basta elegir hombres y mujeres comprobadamente éticos y competentes para perfeccionar nuestra democracia. Es preciso volver ética la institucionalidad brasileña, sellando los agujeros -legales y culturales- que facilitan la corrupción, el nepotismo, la malversación.
El ser humano tiene defecto de fabricación y plazo de validez. Es lo que la Biblia llama como ‘pecado original‘. Nunca habremos de extirpar de la especie humana la ambición desmedida y, en consecuencia, la intención de transgredir la ética que rige la convivencia social. Por eso, es preciso crear instituciones que impidan la tentación de transformarse en acción. De ahí la importancia, por ejemplo, que la reforma política determine que toda la vida contable del político, así como el patrimonio de sus familiares, sean transparentes a la opinión pública.
La 7 de septiembre, fecha de nuestra independencia, habrá movilizaciones en todos los rincones del país para que el Grito de los Excluidos sea oído por los incluidos. No es suficiente gritar. Hay que sobre todo actuar, articulando a la sociedad civil en movimientos sociales y creando conexiones entre ellos, pues el movimiento de los sin-tierra no debe quedar ajeno a lo que hace el movimiento indígena, ni el de los negros indiferente a las luchas de las mujeres. Cuánto más fuertes los vínculos de solidaridad entre ellos, tanto más rápido las semillas de transformación habrán de dar frutos.
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