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Mariaazul 

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(escribí esta carta el 9 de abril del año 2006, Maria Azul murió en el norte del mundo el 13 de abril, a los 51 años)
Me llamó tu hija, Mariaazul, pidió que te escribiera, solo dijo que estabas muriendo de cáncer y me insistió que escribiera.
¿Y qué te escribo MARIAAZUL?
¿De tu ternura increíble e infinita? ¿De la Mariaazul de acero que resistió en Grimaldi? ¿De esa mujer valiente desde los pies al cielo?
La que desde la otra celda de ese infierno nos decía: ¡”Resistan”, “Resiste compañero”!
La preciosa Mariaazul de venda celeste, soy testigo de tu calvario, soy testigo, Mariaazul, cien veces violada, de tu enorme silencio, ningún grito, no distes una sola pista, nos ayudaste para siempre.
Tengo tu voz, pegada a la sangre a mis huesos, para siempre, tendré tu RESISTE en la piel y en los oídos, para siempre, la tengo como una oración que se dice al pie de un volcán.
Allí en Grimaldi
Mariaazul
de mirada verde
de mirada dulce
torturada
una y cien veces torturada
Teníamos miedo, Mariaazul, ese miedo profundo que se cuela en tu espalda, que genera temblores, MENOS TU, tu solías silbar, ¿te acuerdas?, enfurecías a esos canallas de uniforme, a Contreras, Moren Brito, al Loco Krasnoff o al canalla de Romo.
Te vas muriendo Mariaazul, creí que eras inmortal, en realidad serás inmortal.

Tu dignidad desafió a esas bestias, tú sabías que ellos ensayarían algo peor que la muerte y en medio de las sombras en medio de esas nadas, sola, Mariaazul a orilla de la muerte presa y cautiva del horror te ponías por sobre las cadenas, en la demencia que había en cada esquina de Grimaldi
ni un grito
ni un gemido
y nosotros
agotados
cansados
asustados
En cada pliegue de mi cuerpo, en cada rincón de mi espíritu, tu susurro era confortante.
Tu “resiste
tu “resistan camaradas
era alentador y acariciaba.
Tú, pequeña,
morena de ojos verdes,
reina de la ternura,
nos conversabas, ¿te acuerdas? hablabas de la luna, de las estrellas, de
mañana, allí en el centro del infierno.
Resiste, resistan, allí en medio de ese temporal de odio, en que la muerte aparecía invencible y poderosa, estabas tu MARIAAZUL sola y única, agredida y siempre tierna.
Serena y segura y nosotros, temiendo que nuestra dignidad se rindiera, respiramos tu coraje, tu silencio nos acorazó,                             
                                                                                                   no
olvidaré tu mirada Mariaazul, tu aliento para la vida nueva.
De sobra lo sabes, mi silencio lo creó tu SILENCIO, que alejaste de mi la tentación de la queja y la derrota, que desde entonces aprendí a amar al pueblo, como pocos.
Estás muriendo,
contigo
esa ternura infinita
Me cuesta no estar desolado, me cuesta hablar en este silencio largo
sin estrella, cómo soñamos ser como tú, sencillos y coherentes, lejos de toda
pose, de toda ambición.            No sabes como soñamos!
En tu última carta me pides que cuente sobre Grimaldi, cuéntenlo para
que NUNCA MAS, NUNCA MAS.
¿Y que cuento Mariaazul?

¿Que tu coraje deshizo mis miedos? ¿Que tu ternura me asombraba y me
hizo renacer?
¿Que cuento?
¿De mi asombro, cuando mis lágrimas se aguantaban, observando tu entereza?
la tuya, de Isidora, de la gran Adriana, de la Chica Adriana, que
derrotaron a Romo y Contreras en Grimaldi.
¿Que cuento?
¿Del profundo dolor al saber que te violaban? ¿Que el aliento
nauseabundo del terror estaba aquí y allá ? ¿Que hasta pensé en rezar
para pedir a los espíritus que muriéramos?.
¿Que fue Grimaldi, querida compañera? ese lugar abyecto, ese lugar del
deshonor y de la cobardía militar, ese lugar en que SóLO LA MUERTE
TENíA AMABLE LA MIRADA.
En medio de ese infierno presencié tu coraje, tu suavidad, no imaginé
que tu alma pudiera dar tan gigantescas batallas, nunca imaginé que tu
dignidad podía brillar como astilla de luna en el infierno.
¡Tú no gritaste, Mariaazul!

Yo en cambio, quiero gritar: que nos marcaste para siempre, para el
infinito,             recuerda que en Grimaldi nuestros gritos, eran el
respirar de lo humano y el FUTURO
Entre tanta humillación
tu dignidad
entre tanto temor
tu rebeldía
entre tanta cobardía
tu coraje
Años después, CUANDO POR FIN PUDE LLORAR, me asomé a las preguntas
eternas de los sobrevivientes:
¿Porque estoy vivo?
¿Porque yo y no ellos?
¿Valió la pena?
Tuve de nuevo angustia, Mariaazul, y de nuevo, se me apareció tu
sonrisa y el arco iris, todas mis heridas se volvieron fuerzas, todos
mis dolores solidaridad.
TE QUISIMOS TANTO, Mariaazul, que desde entonces amamos, como pocos
saben amar, ABSOLUTAMENTE, desde entonces buscamos transparencia,
fraternidad, claridad y coherencia, como no, después de esa clase
magistral que nos distes en ese infierno.
Perdí Mariaazul, lo digo sin soberbia, el miedo a la muerte y cada vez
que tengo dudas, o temo a las sombras, a las traiciones, aparece tu
energía, tu humildad ytu grandeza.       
Me pides que me ocupe de la ROJAS, era tu última carta
y otra estaba primero,     
                                     Mariaazul, lo haremos!
No partas, Mariaazul, necesitamos seguir tu estrecha ruta, volveremos
sobre la memoria que encendiste entre nosotros, esa confianza distinta,
esa búsqueda eterna, esa victoria tuya en Grimaldi, compañeraza,
significó
tanto para nosotros.                                                       
                          &nbsp
;              Ya no soy el mismo, me rodea
la fuerza, la alegría de vivir, la confianza; siempre nos morderá tu
recuerdo; si me pongo blando o frívolo, tu y Miguel GAVIOTEARAN sobre mi vida.
Te encontraremos Mariaazul, te encontraremos en la voz de los vientos
chilenos y escucharemos con alegría tu RESISTAN.                            
                                                                      Y escribiremos
la otra historia, la de esos pueblos que amamos juntos, de los pobres
del campo, de los pobres de la ciudad, de los milicos democráticos, de
los mapuche, de los poetas, de los retornos, de los hogares de
combatientes, de los exilios, de la juventud rebelde, en fin todas las historias y gracias,
Mariaazul, por tu fortaleza,                                No te olvidaré
encadenada y tranquila, vendada y lúcida, tu presencia humanizaba
muchos rincones de GRIMALDI.
Te vimos
resistir en el centro del infierno
te vimos
ensangrentada y atrevida
te vimos
en el vientre de la muerte
digna y humilde
digna y entera
con tu honor de ojos verde
con tu olor a madrugada
y mientras te torturaban
pensábamos
rogábamos
que volvieras.
un abrazo grande Mariaazul
Claudio
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