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Celulosas: Destrucción desde el río al mar 

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Hace un año fuimos testigos del desastre que ocasionaron los vertidos de la planta de celulosa en Valdivia de la empresa CELCO en el río Cruces, en particular, en el humedal Carlos Anwandter. En esa ocasión se comprobó lo dañino que puede ser la celulosa si no hace un tratamiento de sus aguas con tecnología de primera y lo débil que es nuestra institucionalidad ambiental para fiscalizar proyectos de este estilo.

La historia continúa, luego del desastre en Valdivia, se decidió construir un emisario submarino con el apoyo del gobierno de Ricardo Lagos. Pues bien, acaban de aplazar por un año la presentación del Estudio de Impacto Ambiental para evaluar este ducto al mar y la empresa puede seguir tranquilamente contaminando las aguas del río. Da la impresión que la autoridad está convencida que la gran masa de agua que constituye el mar va a diluir lo suficiente los contaminantes orgánicos persistentes que descarga la celulosa sin ocasionar similares daños al ocurrido en el río Cruces.

Esta vez en lugar de cisnes serán peces. Los COPs o contaminantes orgánicos persistentes corresponden a un grupo de contaminantes que han sido creados por nosotros los seres humanos y nuestras actividades industriales. Los más conocidos para todos son los últimamente famosos dioxinas y furanos presentes en descargas de plantas de celulosa o en procesos de incineración. Estos compuestos son conocidos cancerígenos que debemos evitar que se generen

Por ello, denunciar que la autoridad ambiental en reiteradas ocasiones no cumple con su deber de asegurar un mediambiente libre de contaminación, tal como esta consagrado en la Constitución chilena, no se trata, como se suele decirse, de una oposición al desarrollo de los proyectos de inversión en el país.

Muy por el contrario, al exigir a los industriales las mejorar tecnológicas acordes con las inversiones que ellos realizan, lo que se busca es que implementen tecnologías que están al alcance de sus bolsillos y de que asuman los costos ambientales que de otro modo tiene que asumir los afectados al pagar sus cuentas en salud.

Esto también corre para la planta CELCO Nueva Aldea y Constitución, donde también se van a descargar sus residuos industriales líquidos al mar, afectando seriamente la actividad pesquera, la recolección de mariscos y algas, y obviamente la actividad turística de cada uno de los lugares donde piensan descargarlos.

Es momento que se legisle de manera seria los ductos o emisarios submarinos, el mar no es un basurero y las personas que se alimentan de él no pueden ser los filtros que faltaron en el tratamiento de las aguas sucias.

La autora es Ingeniera Ambiental
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