5 de octubre de 1988-2005: un NO con nuevas razones
por Hernán Narbona Véliz (Chile)
21 años atrás 3 min lectura
Más allá de esgrimir nostalgias, es preciso preguntarnos como chilenos porqué hemos llegado al desencanto presente. Cuando miramos en el entorno, no brilla la luz de la esperanza, más bien campean la abulia y la resignación.
En el Chile de hoy no caben todos
Con la mediocridad instalada como medio ambiente, apagados los sueños, sobreviviendo quienes persistieron en sostenerlos a flote, Chile es hoy un gran mercado, con grandes mayorías que se han convertido en consumidores pasivos de un modelo implantado en el egoísmo individual; con grupos que esgrimen, desde la marginalidad y la droga, el vandalismo y la violencia para pertenecer a este gran mall en que nos hemos convertido.
En el Chile de hoy no caben todos. Para pertenecer es necesario comprar la entrada, lo cual no alcanzan muchos, y quienes lo hacen ingresan a las galerías, dándose de codazos. Funcionando todos en un sistema alienante, que casi no deja espacios para imaginar siquiera un mundo diferente.
La libertad anhelada fue transformada a su exigua expresión neoliberal
Cuando los chilenos veinte años atrás enfrentábamos la dictadura, era la libertad nuestra mayor bandera. Libertad para poder instalar en la Patria herida una sociedad equitativa, donde el miedo fuese erradicado. Pero no fue así. La libertad anhelada fue transformada a su exigua expresión neoliberal, a la capacidad para elegir entre tal o cual oligopolio, libertad para consumir diferentes marcas, pero no libertad para decidir sobre la ciudad, el barrio, la educación.
Una libertad a medias, donde las políticas públicas se deciden de manera cupular y centralista. Una libertad limitada por el derecho a propiedad de los grupos corporativos. Una sociedad donde se teme a la asociatividad, donde el sindicalismo ha sido llevado a una mínima expresión, donde no existe un Defensor del Pueblo, donde no tenemos los ciudadanos derecho a elegir representantes en los directorios de las AFP que manejan nuestros ahorros previsionales.
La libertad mejor, la de los grupos… lo mismos que han logrado en forma impecable birlarle a la civilidad su triunfo del NO para instalar con mayores seguridades un sistema que les favorece plenamente. Desmovilizados los ciudadanos, esto nos ha significado que la vida cotidiana sea avasallada por la prepotencia de los poderosos. Los bosques, las costaneras, la vista el mar, el barrio, nuestra forma de vida, todo es apetitoso para la voracidad económica.
Existen múltiples razones para decirle NO a lo que ha resultado
En el Chile de hoy, consolidado precisamente este año por una Constitución remozada que mantiene la esencia de un sistema asentado en la propiedad privada, con políticos que se dicen progresistas, resignados a no tocar ni con el pétalo de una rosa los pilares financieros del sistema, nadie ha querido celebrar ese triunfo del NO.
Porque ahora, existiendo múltiples razones para decirle NO a lo que ha resultado 18 años después de ese esfuerzo de la civilidad, estamos todos dispersos, entrampados en el mismo individualismo que criticamos, desconfiados, con las confianzas trizadas, sin casi fuerzas para volver a empezar, sin que vislumbremos una generación de recambio, generando muchos sus propios ghetos para realizar terapias de nostalgia y vino, sin pancartas, afónicos de cantos y de sueños, enmudecidos por una sociedad mediática que es la nueva dictadura en la que nos movemos, increpando, puteando, pateando piedras y esquivando eventos, reclamando por la bencina, endeudados y pertenecientes, querámoslo o no, a este circo, y pidiendo sólo el pan nuestro de cada día, los demás, que se jodan…
LIBERTAD
Te agobiaban.
Traías los pies del sueño
La plañidera inquietud
De nocturnidades desérticas
Caminaba de tu mano
sin valorarte,
eras tan sólo mi aire visceral,
la mágica raíz de mi materia.
Yo había comulgado contigo
en la greda de mi padre,
en la penúltima campana,
en el manantial indemne
de Artigas, Bolívar o Carrera,
en la osadía azul de Manuel inclaudicable.
Pero, en un áspero portal
Te dejaron maniatada
Y se extendió lacerante
tu ausencia.
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