Mi dulce patria

Mi dulce patria, pequeño espacio del mundo nuestro,

hilo trenzado por manos de arena, de nieves eternas,

de estepas agrestes y vientos de hielos antárticos,

por manos de fértiles valles en donde sol y lluvia

nos dan vida, esperanzas y desesperanzas.

Tierra mía, que tiemblas como ninguna, acurrucando

la esperanza y la fortaleza en las angustias

de los pobres, los niños, los ancianos

 y los postergados de siempre.

Mi dulce patria, con su mar extenso y generoso,

que en oportunidades, como mucosa maligna,

arrasa el esfuerzo del tesonero costino,

del pescador humilde y del poblado bucólico.

Mi dulce patria, pequeño espacio de este mundo nuestro, como hilo trenzado

por manos humildes,

encallecidas por el sol del desierto,

por la tierra labrada del campo verde,

por la roca terca, fría y esquiva que guarda

el metal y que sube hacia los cielos,

con sus nieves eternas,

por la estepa extensa, que con sus vientos

australes dan cuidado y vida al ganado sumiso;

manos de hombres y mujeres con anhelos sin fin

y esperanzas idas;

manos que trenzan esta patria querida, dulce

y veleidosa;

manos que nos forjan con identidad propia en este mundo nuestro, tan diverso como diverso es mi norte,

mi valle central y mi sur austral.

pero manos que tienen la misma fuerza para trenzar esta dulce patria, en su tierra y en su mar,

en su desgracia y en sus tormentos

manos nuestras con fortalezas asombrosas,

 manos con esperanzas inimaginadas,

manos solidarias, manos tuyas que aprieto

con las mías y las sumo a todas,

con un corazón y una estrella,

para hacer de esta tierra mía,

 una dulce patria, libre, digna

y tumba de toda la opresión.

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