Infamia

Conocí desde muy pequeña a Daniel Viglietti, después vino la dictadura y con ella las distancias, pero tuve la enorme suerte de contarlo entre nuestros amigos hasta el día de su muerte. El Daniel que conocí era un hombre tremendamente solidario, un luchador por los Derechos Humanos, amigo de sus amigos, inteligente, desinteresado y talentoso. Jorge (Zabalza) y yo compartimos muchos momentos con él, con Lourdes, con mi padre, Inger y otras/os amigos.

En el acuerdo o la discrepancia siempre existió respeto y su proceder honesto amerita que se abra un espacio de duda frente a lo que hoy sucede. Lo respetamos, admiramos y queremos, por eso me duele tanto la rapidez de mucha gente en apoyar acusaciones que hasta el momento no tiene fundamentos sólidos.

Si Daniel Viglietti estuviera vivo habría cumplido 81 años el pasado 24 de julio. A raíz de la acusación del periodista Nelson Díaz, posteriormente reafirmada en un posteo por Lucía Viglietti Forner, se responsabiliza a Daniel de violar a una niña de 10 años cuando él tenía 27, o sea en 1966. 54 años más tarde y sin que él pueda defenderse, la sobrina tira una piedra y esconde la mano. No sé qué edad tenía ella en ese entonces, ni tampoco entiendo por qué casi tres años después de la muerte de su tío publica ese post y luego desaparece. Es una acusación muy seria que realizada de esta manera no le hace ningún favor a la supuesta víctima, le quita seriedad, la convierte en circo. Además pone en evidencia la responsabilidad de toda una familia por haber callado en lugar de hacer la denuncia. Intenté entrar a la página de Facebook de la denunciante, pero no lo logré, parece que la cerró. Les pido que, si no les importa la memoria de Daniel, respeten a Trilce y a Lourdes cuando suelten juicios de valor basados en lo que hasta ahora parece ser una campaña de desacreditación.

Leo con asombro que mucha gente postea afirmando: “Yo le creo a la víctima”. Les recuerdo que hasta ahora la supuesta víctima no se manifestó ni sabemos quién es, lo que resta credibilidad a todo esto. Lo que creen es lo que dice un periodista y los post de Lucía Viglietti.

Me apena reconocer entre la gente que insulta y replica la “noticia” a quienes otrora levantaron a Daniel como digno representante de la integridad y los valores morales. Resulta que ahora, en macabra fiesta de impunidad de las redes, varias personas manifiestan que lo sabían. Hipócritas y cómplices, ¿si lo sabían, por qué no hicieron nada?

El periodista no deja en ningún momento claro en que pruebas se basa para acusarlo y la sobrina tira la bomba y luego se retira. Comencemos con Nelson Diaz, que escribe en su muro de Facebook:

“Sabían que este miserable, abyecto, que cantaba para el pueblo violó menores? La muerte no redime. Viglietti violador. Hablen con la familia y lo sabrán.”

Al decir que “violó menores”, ¿lo acusa de más casos? No me queda claro. También publica en su muro:

“Fin de la discusión. Daniel Viglietti violó una menor. En mi ética, más allá de su obra, es un miserable. Un hijo de puta. Este pedófilo podría haber violado a tu hija. Cantá a desalambrar.”

Claramente induce al odio y a la violencia verbal, intenta (y en muchos casos lo logra), manejar la opinión de quien lo lee, lo hace personal:

“Este pedófilo podría haber violado a tu hija.”,

lo coloca en tu casa, junto a tus hijas. para despertar alarma ¿No se dan cuenta de lo tendencioso que es y cómo intenta que tomemos partido por una víctima que es hasta ahora inexistente? La ética profesional del señor Nelson Díaz ofrece serias dudas, como periodista tiene la obligación moral de investigar los hechos antes de hacerlos públicos y de presentar algo más que insultos categóricos, deslindándose de la responsabilidad con la frase:

“iHablen con la familia y lo sabrán.”

Por otro lado, la sobrina escribe:

“Hay mucha gente que lo sabe, de hecho quien era su esposa en ese momento lo supo por boca de él y se separó de inmediato”.

Evidentemente el “periodista” no se contactó con la ex esposa para confirmarlo, pero hoy lo hizo una persona de mi total confianza y comprobó de boca de la ex esposa de Viglietti que no era cierto. Entonces, la señora Lucía miente en eso, lo que a mi entender pone en tela de juicio toda la afirmación. Lucía involucra a una persona que ni siquiera estaba enterada de lo que sucedía y que quedó muy asombrada en el momento de saber sobre la acusación.

También escribe:

«Tampoco voy a aclarar y explicar más nada. Entiendo que fue una figura pública y un referente importante para muchos, pero eso no quita que, así como tuvo sus luces, tuvo sus sombras. El que quiera creerlo bien y el que no, en su derecho está».

Como verán se lava las manos, tiró eso y hasta luego…

Asusta pensar que podemos escribir y acusar a cualquier persona de lo que queramos y que la opinión pública, lejos de pedir que se demuestren los hechos y analizarlos, nos va a incinerar como en tiempos de caza de brujas. Hoy somos los verdugos de las redes sociales, me tocó vivirlo con personas muy cercanas, los vi ser admirados hasta el furor y condenados tras un audio o algún disparate en redes con mentiras muy burdas y fácilmente desechables. Por eso me debo y les debo respeto antes de actuar como la inquisidora que lleva la antorcha. Un tema tan serio no se puede manejar con supuestos. A pesar de la poca claridad de las acusaciones, arremetieron sin abrir el más mínimo paréntesis de duda. Un tema muy mal manejado y con mucha falta de respeto. No me queda duda de que quien comete una violación, en el año y en el momento que sea, debe ser repudiado y si está vivo castigado, pero no nos hagamos eco de todas las campañas de enchastre que escuchamos, hay que investigar y corroborar antes de sentenciar.

Fuente: https://www.facebook.com/veronika.engler

Una información más, en el muro de Veronika Engler, que escribe “Fernando Garcia”

 

Periodismo basura, que pongan las pruebas

“Gracias Veronika Engler por tu testimonio, valiente si los hay. Personalmente esperaba no tener que contestarle al cerdo de Nelson Díaz, pero no pude quedarme callado: «A ver, mientras esperamos la prueba de semejante afirmación permítame presentar las mías.
Es cierto que Daniel Viglietti y su primera esposa, la mezzosoprano uruguaya Nelly Pacheco, se separaron al volver éste de Cuba, en enero de 1968, pero también es cierto que pese a no compartir matrimonio la relación entre ambos fue, si no fluída, por lo menos de respeto y solidaridad, tanto que estando Daniel ya exiliado, el 26 de noviembre de 1973, el comité de amigos de Marcha organizó un espectáculo artístico en el Platense, donde, entre otros artistas, participó Nelly Pacheco… y cantó temas de Daniel. Mal podría haberlo hecho si la causa de la separación hubiese sido la que aquí se invoca.
Es cierto que su hermano Cédar y Daniel están distanciados, pero hasta donde supe esas diferencias no se sustanciaron hasta entrada la década del 80 y fue por razones políticas acerca de diferentes enfoques de izquierda, tanto es así, que durante buena parte del exilio político de ambos mantuvieron contacto fluído e incluso actuaron juntos (Cédar es guitarrista) en lugares como algunas ciudades de México en noviembre de 1978 y en Berlín en febrero de 1980.
Desconozco si es cierto el presunto ocultamiento de los hechos por parte de los abuelos mencionados, a saber, el padre de Daniel, el coronel constitucionalista Cédar Viglietti y su segunda esposa, María “Chola” Ledesma. De lo que sí doy fe es que en abril de 2001 se emitió por Canal 7 argentino un programa con Daniel como invitado, donde Chola Ledesma brindó su testimonio con palabras elogiosas sobre Daniel (“Historias debidas” conducido por Ana Cacopardo, Canal 7, Buenos Aires).
Por último, doy fe y tengo pruebas de que la presunta víctima (a la cual no voy a mencionar) y Daniel, mantuvieron una relación familiar fluída y en buenos términos hasta la muerte de él, afecto que la llevó incluso a participar activamente en un homenaje póstumo a Daniel en Uruguay en el año 2018.
Por lo tanto, si lo que usted afirma es verdad, esta familia es de un cinismo extraordinario. Por mi parte, y hasta que no me demuestre lo contrario, permítame seguir ubicando a Daniel Viglietti en las antípodas de lo que usted denuncia y permítame objetar su sensacionalismo y falta de ética profesional.
Lo que sí, lamento el daño hecho públicamente a una persona que no puede defenderse porque ha fallecido, y mientras todo lo que le he presentado no sea desmentido por una denuncia e investigación real, considero este hecho un enchastre mediático con fines electoralistas, émulo de la sentencia “un traidor puede con mil valientes”.
Paso.»

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