El sueño colectivo y la catástrofe

23 de mayo 2020

El filósofo español Jose Ortega y Gasset, nos entregó en su libro” Meditaciones de la técnica” en 1939, la noción de que lo específicamente humano, lo que nos diferencia de la mayoría de los animales, parte del hecho de que los animales se adaptan a la naturaleza para sobrevivir y el hombre hace todo lo contrario, modifica la naturaleza para acomodarla a su bienestar.

Para modificar la naturaleza, el ser humano, inventa la Técnica.  Inventa herramientas específicas para satisfacer sus necesidades p.ej. martillos, arcos y flechas, vestuario, raspadores, etc

Pero las necesidades que el ser humano desea satisfacer van mucho más allá de las del mamífero que simplemente come, duerme, se aparea, caza y juega en forma simple con lo que hay a su alrededor, además de acicalarse para mantener su pelaje.  El ser humano convierte sus necesidades básicas en entretenciones, placeres y bienestar revistiéndolas a través de su imaginación de distintas formas que exaltan sus sentidos.

Así comer, ya no es comer un pedazo de carne cruda a mordiscos, sino un placer sensual y estético haciéndolo sobre una mesa con tenedor y cuchillo, con la carne guisada con especies, ablandada por la cocción, con un vino que ayude a saborearla, y con amigos con quién comentar lo que está comiendo.  Con servilletas y un mantel limpio y si es posible con un entorno grato y de buen olor.

Y si no tiene algunas de estas cosas, no come hasta que el hambre le retuerza el estómago.

La moda para un adolescente, no es cuidar su pelaje, es lo que cree que le da seguridad en sí misma, pertenencia y atractivo sexual. Y no sale a la calle si no anda a la moda.

Así el ser humano es un soñador de bienestar, y el desarrollo de la sociedad humana se ha hecho en torno al comercio y manufactura que le proporcione este bienestar.

También le provoca bienestar llenar su tiempo libre jugando, o husmeando con curiosidad el entorno igual que un gato o un perro.

Los que husmean el entorno jugando con sus neuronas que tratan de comprender, se convierten en científicos o filósofos que desentrañan el misterio de la naturaleza.

Los que juegan juegos de azar, que son los más, están todo el tiempo inventando juegos  que tengan riesgo, lo que los hace más excitantes,  porque saben que los jugadores humanos, que son muchos, tendrán avidez por estos juegos y pasarán horas delante del computador luchando batallas contra enemigos que los asaltan por aire, mar y tierra.

Para perfeccionar su nivel de bienestar el ser humano descubrió el intercambio con otros, de objetos, manufacturas o técnicas y esto se llamó comercio.

Y como era muy difícil comerciar con trueque, se inventó el dinero a partir de algo que ambos amaban con fervor y querían tener, pues servía de adorno y de señal de status en un grupo debido a su escasez. Y esto fueron los metales, especialmente el oro.

Además  descubrió en la naturaleza drogas que le permitían subir su estado de bienestar, ver mundos fantásticos o pasar el dolor de las heridas.

Hace unos 10.000 años comenzamos a practicar todas estos quehaceres, pero igual la gente moría muy joven, y los aluviones e inundaciones y pestes no tenían explicación causa efecto, para lo cual se comenzó a buscar la causa en el mundo de lo invisible y de lo mágico, de las fuerzas de la naturaleza que con el tiempo se transformaron en deidades a las que había que aplacar, y estas comenzaron a representar fuerzas específicas y se convirtieron en el Panteón de Dioses del Olimpo Griego .

Otros pueblos agregaron a alguno de estos dioses la cualidad de reyes y legisladores, con una ideología que era la propia de ellos, y de ahí nació el Jehová de la Biblia.  Padre del Judaísmo y de su retoño, el Cristianismo.

El desarrollo de la imaginación en los humanos, les ha permitido concebir en su cabeza, los caminos para la búsqueda de soluciones de los obstáculos que encontraba en la vida.  Le ha permitido crear cosas inexistentes en la naturaleza, tales como el dinero, las religiones, las ideologías.

Le ha permitido crear cosas delirantes, que no existen en natura con la que llenan sus vidas.

Los comerciantes, no solo crearon el dinero sino que comenzaron a jugar con él, a apostar con riesgo, a crear un mundo financiero mundial que es un gran esquema Ponzi.  Es decir, una vez que todos se metieron en el juego, no se puede salir y, es más, hay que meter nuevos recursos, para que el sueño no se caiga.

Esta burbuja de dinero y apuestas ha acelerado al extremo la creación de tecnología que permite al ser humano hacer cosas impensables como estar todo el tiempo entretenido en algún juego, con comida accesible en la esquina de la casa o por entrega, poniéndose de acuerdo para acciones colectivas, o declarándole la guerra a alguien por Twitter.

Pero si algo ralentiza este juego, como ser un virus, o los rendimientos decrecientes de los materiales, léase saturación de la naturaleza, o el descontento de muchos que puede tomar variadas formas como aceptar a un líder mundial autoritario, después de haber desahogado la ira sobre ciudades y personas, porque aquí no solo se trata de hambre, sino de la pérdida del sueño de la entretención permanente, la cosa se pone peligrosa.

Es el fin del sueño al cual solo se alcanzó a llegar a la lavadora, al televisor y el auto, pero no a la casa ni al estudio del hijo que iba a traer prosperidad a la familia e iba a ser un triunfador en el esquema de negocios.

El juego se cae, la burbuja se rompe,  y quedamos sin saber que hacer.

Por supuesto que existe otro sector que ni siquiera llegó al televisor, y que pasa hambre, pero en ambos sectores la frustración es igual, aunque me parece que las soluciones con las que sueñan, son distintas.

Este destrozo del sueño colectivo, la detención brusca del carrusel de aspiraciones, no solo por la pandemia, sino también por la fragilidad del esquema comercial y de acuerdos internacionales, que llegan en un momento que nuestra institucionalidad sigue cuestionada, convierte esto en un puzzle muy difícil de resolver.

Los sistemas históricos de resolución de estos problemas, no creo que sirvan.  Revoluciones, represiones, líderes autoritarios tipo Hitler o Stalin dejarían un reguero de sangre y el sueño sigue roto.

Mi conclusión es que la situación va a ser muy inmanejable tanto por las izquierdas como por las derechas, porque la estructura no está preparada para el desempleo ni el hambre de algunos, y en el caso nuestro no tenemos industrias que absorban el desempleo de la población.

Y esto está pasando en diversos grados en todo el mundo.

Además el próximo sueño del esquema Ponzi es el 5 G y la robotización que va a dejar más desempleados que el virus y la actual recesión.

Esto es una catástrofe a nivel especie humana donde no sirven las ideologías porque ellas dan cuenta parcial de los problemas, no cuenta global y sistémica. Y se ha visto con creces lo que no sirve.

No se puede privar a la masa de todos sus sueños, porque eso es lo que les da vida y es parte de la naturaleza humana, pero tampoco se le puede dar chipe libre a las burbujas tramposas de la economía financiera, ni a los matonajes a nivel internacional.

Y lo que es válido para un país, quizás no es válido ni deseable para otro, y es mejor tener una cadena respetuosa de acuerdos que una globalización a ultranza.

Espero que la cosa no sea así y encontremos vías de reorganización antes de entrar en guerras fraternas.

Pero eso queda a la imaginación delirante y a la vez admirable del ser humano, que tiene que aprender realmente a ser humano cuando corresponde ateniéndose a sus derechos y deberes con honestidad, realismo y prudencia y sin ideologías y prejuicios, por favor.

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