En la iglesia católica “el proceso para acabar la cultura del abuso terminó antes de haber comenzado”

  MANIFIESTO 

1. El Papa no ha iniciado ningún proceso serio en materia de abusos. Posicionó Chile como el basurero de la pederastia pues, a diferencia de otros países, el episcopado chileno es insignificante para la sociedad y genera pocos dividendos económicos en Roma. Así, aparentar para el mundo ser el defensor de los débiles tiene ínfimos costos asociados frente a toda la ganancia propagandística. La mejor demostración, es que ha sacado a un puñado de obispos a través de un espectáculo innecesario para que todos ellos pongan sus cargos a disposición, cuando canónicamente siempre los ha tenido a su merced… por eso los obispos son trasladados de diócesis. Asimismo, otra demostración de este maquineo son las portadas que obtiene al sacar por gotera a los obispos rehusándose explicar las razones de sus salidas sin siquiera iniciarles procesos, ni entregar los antecedentes para que podamos iniciar acciones legales. Irónico: la carga probatoria y la sobre exposición queda en las víctimas cuyos testimonios se los confiaron a Roma, pero, ¿no era que Francisco iba a ayudar a hacer justicia?
2. Las preguntas claves y que tanto el Papa como sus paladines no responden son ¿por qué quiso sacar a los obispos de Karadima en 2014 y por qué no los sacó en ese momento? ¿Cuál fue la acusación desacreditada por la Corte Judicial en contra de Barros? y ¿Por qué lo sacó en 2018?
3. El proceso para acabar la cultura del abuso terminó antes de haber comenzado. Y sucedió el mismo día que los llamados a hacer protagonistas, las comunidades, se pusieron ciegamente del lado del Papado como si fuera la panacea. Esto ha llegado a niveles tan absurdos que, y hagan el ejercicio, si uno pregunta en las comunidades qué debemos hacer para salir de la crisis, la respuesta tipo es “combatir el clericalismo” y si se pregunta por qué hay que hacerlo, se dice “porque el Papa lo dice”. Lo cierto es que el Papado, cualquiera sea el Pontífice, es causa del problema, pues la membresía que deben pagar las personas para ser parte de la jerarquía eclesial es obligarse a ser criminal. Es cosa de revisar el Código de Derecho Canónico. Dicho de otra forma, no es posible ser obispo, incluso el de Roma, sin hacer un horrocrux en el proceso. Los abusos son una consecuencia de un problema precedente y mayor: la jerarquización de la experiencia de fe y los casi nulos espacios de confianza lúcida en su interior. Y esto no es un problema puntual o circunscrito a un país determinado, es un problema global, una pandemia católica, toda vez que el abuso y su encubrimiento es producto de un mecanismo estructural que fue orquestado ideológicamente, y por lo mismo, se puede desmontar. Esto significa que no se puede salir de esta crisis si la Iglesia Católica no está dispuesta a desmantelarse institucionalmente. Pero esta discusión no se está dando y no creo que se dé pues estamos acostumbrados a que las cosas sean así, y si uno hace uso de las acciones que el Derecho nos posibilita, es mal visto pues el barómetro con el que se mide al papado es increíblemente más bajo que con el que se mide a cualquier otra persona con cargo de responsabilidad mucho menor. A él se le justifica todo. Por ejemplo, se nos presenta como una gran innovación la cumbre a realizarse en Roma en febrero de 2019 donde los obispos aprenderán que está mal abusar. ¿Really? ¿De verdad esta es la gran innovación? ¿Qué opinaríamos si el Presidente hiciera una cumbre con sus ministros para explicarles que está mal abusar de menores? Sin duda hablaríamos de la obviedad del tema por parte baja. Con esto no quiero decir que la cumbre romana no se haga, pues prefiero que sume a que reste, pero seamos lúcidos y no nos compremos el cuento de que es un tremendo paso. Supongo que Interpol estará en las puertas del Vaticano para que no se colen aquellos que podrían hacer de la cumbre, una de muchos criminales.
4. Generalmente me dicen que tengo una bronca personal con el Papa, pero él no es mi enemigo. Sí lo es el Papado como una monarquía absoluta. Que para ser católico tenga que aceptar jerarquizar mi experiencia de fe es antievangélico. Por eso me entristeció ver a tanta gente aplaudiendo al Papa porque sacó a Karadima y a Precht pues, y lo dice el comunicado, el Monarca puede hacer lo que quiera, con quién quiera y cuando quiera. Pero, ¿no se ve que esa es la causa del problema? Irónicamente, al mismo tiempo que usa su poder absoluto, él mismo nos dice que hay que combatir el clericalismo. Con esto no estoy diciendo que la Iglesia deba ser una democracia, pero no porque no lo sea, significa que necesariamente deba ser una monarquía absoluta. Hay mecanismos y valores que la humanidad ha conquistado, que son propias de las democracias modernas, y que la Iglesia debe escrutar: transparencia, información, frenos y contrapesos, por decir algunos. Y esto no es un discurso trasnochado, es una deuda histórica, pues si la Iglesia lo hubiese asumido en su momento, muchas víctimas no lo hubiesen sido. Pero como la obstinación católica es grande, ahora deberemos hacer los cambios con una mochila mucho más pesada por tantas vidas crucificadas por capricho.
5. En ese sentido, a mí me da pena el Papa pues cualquiera que sea, está cautivo de su propio poder. Cuando estuve en Roma y lo vi en el rezo del Ángelus me recordó a la reinterpretación que Francis Bacon hizo del retrato de Inocencio X de Velázquez: un espectro cautivo. Ese día, cerca de mí había un grupo de jóvenes pelolais, de esas que cantan “esta es la juventud del Papa”, y cuando Francisco se asomó por el balcón, lloraban. Les pregunté si entendían algo de lo que el Romano Monarca decía y sucede que no tenían idea… lloraban por verlo solamente, aunque sea un punto blanco a lo lejos. Lo que me dejó ese rezo del Angelus es que así debió haber sido en la Alemania hitleriana. Y con lo que sucede en Chile, lo confirmé: todos perdieron la cabeza porque el Pontífice dijo que le habían mentido, sin preguntarse si aquello corresponde con la verdad. Lo importante era que el monarca estuviera bien informado, sin preguntarse si es sensato que en él recaigan las decisiones relevantes en más de 5 mil diócesis dispersas por el mundo con todos las particularidades culturales. Cómo nadie se cuestiona esto, cagazos como los de Osorno van a seguir ocurriendo a un costo altísimo.
6. Encuentro genial que hayan curas y víctimas que tengan línea directa con el Papa para baipasearse al embustero de Scapolo. Sin embargo, de los curas no vendrá la solución y no sólo por su miedosa deformación sino por su general incomunicación con la vulnerabilidad humana. Creo más probable que el abuso de poder que ejercen tienda a desaparecer en la medida que trabajen como cualquiera, más que con el fin del celibato. En el caso de las víctimas, bacán que tengan comunicación con Francisco pero de las tres de Karadima dos ya no son creyentes y el que queda no está inserto en las comunidades de Chile. En consecuencia, ¿qué le informan al Papa sobre la Iglesia Chilena? Cuando fueron a Roma, agradezco el gesto de Murillo de llamar para decirme que en el rato que iba a estar con el Papa no iba a hablar ni de Osorno ni de la Iglesia porque no es su tema. Además, convengamos que era peligroso… cuando a quien le gusta que recen por él supo que una comunidad de tontos y zurdos lo hacía, se sinceró de la manera que todos lo hacemos cuando se cree que no hay una cámara grabando y dejó la escoba. Irónicamente, tres años después nos manda a decir que reza por nosotros, sin mediar cámara de por medio. Pero volviendo a la médula, ¿A quiénes se les está consultando por los temas que esas tres víctimas no conocen desde la base? ¡A ninguna comunidad se le está consultando! ¿Les han preguntado a los de La Legua y Villa Francia? ¿A los de Antofagasta, Chillán, Concepción, Iquique, La Serena, Valparaíso, Aysén y Magallanes donde las comunidades están dando pasos importantes a raíz de los mismos problemas pero expresados en sus particulares realidades? Como se aprecia, a esta mesa le falta una pata fundamental.
7. El proceso de empoderamiento laical y de víctimas que comenzó a principiar este año es un proceso fracasado. Aisladamente, las iniciativas funcionan bien, pero en común, es una bolsa de gatos. En el caso de las víctimas, veo víctimas ricas y víctimas pobres. Las primeras son aquellas por las que todos nos preocupamos y hasta nos organizamos, sostienen encuentros privados con el Romano Pontífice y desde entonces lo llaman “su santidad”, y hablan a nombre de todos sin preguntar a todos. Las segundas, son las que a nadie les importa, las que no tienen a quien los contenga y ayuden en sus adicciones. Ante esta soledad, los obispos se presentan como gente buena onda y le ofrecen un terapeuta que lo único que hace es sacarle información para articular la defensa de los curas. También hay otros obispos, recientemente nombrados administradores apostólicos, que usan las denuncias escritas de estas víctimas como mofa en las reuniones de las comunidades que visitan.
8. En el caso de los laicos, el fracaso llegó cuando las comunidades comenzaron a distinguir entre los encubridores malos y los encubridores buenos, que son aquellos curas conocidos, buena ondas y “progres”. Cuando un cura es progre, los intentos de revelar sus maldades siempre serán intentos maquiavélicos del integrismo para hacerlo caer. Tan patético es esto, que si los curas son investigados se arman funas laicales para evitar que se avance en ella; y quienes están de acuerdo con las diligencias, esgrimen su postura favorable en que quién inició la investigación es alguien nombrado por el Papa. Esto refleja que pese a todos estos intentos de organización, el laicado no ha superado la mentalidad de archipiélago. En vez de tender puentes para encontrarnos, he visto las zancadillas para intentar destruirlos o hacer de esas islas una pangea. No he perdido la esperanza en el Sínodo Autoconvocado por un buen grupo de laicos y laicas, pero un laicado muy “compañero” intenta hacerlo fracasar: si no se está en todas las luchas sociales prefieren que no se haga nada, que llenan de spam los grupos de whatsapp por lo que terminan saturando; o un laicado cínico que recibe premios a nombre de todas las víctimas pero cuando un pequeño grupo se reúne para formarse y ayudarlas de manera más profesional, ellos se lamentan diciendo “qué lata que ahí no estén los verdaderos católicos”. O sea, incluso entre el laicado hay estratificación. ¿Qué es un verdadero católico? Y más aún, ¿qué han hecho los que se dicen católicos por las víctimas? Más bien, a esos que se dicen verdaderos católicos se les soltaron las amalgamas para ponerse al servicio de los nuevos administradores que reemplazaron a los obispos por los que lucharon sacar.
9. Por eso mismo no quise más ser vocero de mi comunidad en Osorno, pues en lugar de ponernos al servicio de nuevas iniciativas se pusieron a pelear quién se quedaba con la medalla de haber sacado a Barros. Así, cualquier otro intento laical comenzó a ser visto como una amenaza. Razón tenía Frank Underwood cuando dijo que el poder es como las inmobiliarias… Mientras más cerca de una fuente de riqueza esté el bien raíz, más plusvalía adquiere. Lo mismo pasa con la Iglesia y en Osorno también. Cómo hay un espejismo de que estamos siendo escuchados por el Papa, todos quieren estar cerca suyo pues da plusvalía y si surgen nuevas voces que arriesgan estar igual de cerca de la fuente, defendemos ese aparente privilegio con argumentos propios del establishment: ¿de dónde salieron? ¿Se han convocado por las vías oficiales? Etc. En contra de otras comunidades he escuchado usar en la de Osorno los mismos argumentos que durante años se usaron en nuestra contra. Tengo esperanza de que esta etapa sea transitoria y de aprendizaje, tal y como lo han sido otros momentos difíciles de la vida comunitaria de los que me siento honroso de hablar, pues es el laicado en general el que hace la pega, llora la cebolla, ejercita el muslo pasando virutilla y, como era de esperar, se lleva la peor parte. Por eso, si me preguntan dónde apuesto mis fichas en el camino de solución a la crisis, ¡en ellas y ellos! Porque, a pesar de todo, es mucho más probable que hallen el camino al tener más clara la película. Por eso, a pesar de alcanzar el hastío muchas veces, amo la hora de estos intentos que no brillan casi nada.
10. Es difícil ser joven en la Iglesia. Mi edad ha sido lo más complejo a sortear frente a la jerarquía tanto clerical como laical. Para los obispos, que un simple laico de unos veinte tantos años les haga preguntas correctas es mal visto, es un arrebato de juventud, es inmadurez… ¿se imaginan si a parte de joven y laico hubiese sido mujer? no me cabe duda que la violencia de estos tipos hubiese sido mayor. Pero entre el laicado también hay problemas con los que se sienten jerarquía: para los voceros-presidentes, los directores ejecutivos, etc., un joven no tiene nada nuevo que aportar.
11. Pese a todo esto, tengo la convicción de que el Evangelio es tanto para víctimas como para victimarios, pero cuando veo el episcopado chileno, ¡pucha que se me hace difícil mantener mi fidelidad a esa convicción! De los obispos chilenos espero conversión, pues tengo la certeza de que no creen en el Dios que pregonan. Si creyeran en el Dios amor, sus actitudes serían distintas. Dicho sea de paso, esa es la diferencia entre saber algo y creer en algo. Ellos no aman a la gente porque ni son capaces de amar a su propia gente… si no se ama a los que se conoce, ¿es esperable que amen a la sociedad que desconocen? Por lo mismo, cortos se quedan los que dicen que los obispos nos han ideologizado en la fe, pues a decir verdad, ellos también nos han infantilizado en ella. Es su mecanismo de defensa para no ser descubiertos. ¿Qué sería de ellos si la regla general en las diócesis fueran los espacios de fortalecimiento de la autonomía? Serían servidores, ya no mandamases. Entonces, ¿por qué la jerarquía querría desmantelar la fuente de su posición asimétrica y privilegiada? La otra vez hubo ordenaciones sacerdotales en Villarrica. Como ubico a algunos de los ahora señores feudales, vi las fotos de la celebración y me sentí tan ajeno a todo: hombres homofóbicos usando faldas y obispos con cara de funeral usando gorros de cumpleaños. Pero todo eso rociado con agüita bendita. Como una vez escuché en la serie The Crown, ¿qué obtienes si sacas todo eso a aquellas personas? Hombres subnormales, intelectualmente incompetentes, de falsa modestia; pero si le pones trajes dorados, palabras rebuscadas y un rito arcano, tienes un dios. En suma, si los obispos se dicen los sucesores de los apóstoles, no me cabe duda que los obispos chilenos son los sucesores de Judas, quien también fue apóstol aunque duró poco.
12. Pese a mi desdén por el clero y asumiendo que ellos tienen sus propios problemas que tienen que solucionar, no comparto la postura posmo que dice “para qué tanta preocupación en asuntos de sacristía si la experiencia de fe de la gente humilde, el cura y el obispo es sólo un sucedáneo”. En primer lugar, no lo comparto porque precisamente confiar en el Laissez Faire del clero nos metió en este escándalo que ha damnificado los buenos testimonios de, mayoritariamente, tantas mujeres que hacen la pega. Y en segundo lugar, porque desentenderse de las decisiones de aquellos que las toman nos afectan a todos, toda vez que es equivalente a decir que da lo mismo quién sea Presidente de la República pues mañana hay que seguir trabajando. Decir que da lo mismo quien sea el mini monarca absoluto es desconocer que él toma decisiones que afectan la vida de fe de toda una diócesis y también la vida de las víctimas.
13. Si algún sentido tiene para mí la palabra religión, es su etimología, que aunque está discutida es muy pedagógica: religión viene del latín re-ligare, o sea, volver a unir. Creo en ese Cristo, que formó una comunidad de vida en la que se conectaron distintas realidades entonces desconectadas entre sí. Pero, y aunque no me he cansado de intentarlo, parafraseo a Gabriela Mistral orando: Señor, ¿es posible tu Evangelio en mí tiempo?
Juan Carlos S. Claret Pool 
Diciembre 14, 2018
Fuente: Enviado a piensaChile por
Enrique Orellana F.
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