Los obispos australianos admiten una “historia vergonzosa de abuso y ocultamiento”

Philip Wilson no quiso dimitir. Agencias

El Gobierno australiano tiene previsto en octubre pedir perdón en nombre del país a las víctimas de pederastia mientras se encontraban bajo el cuidado de las instituciones

El arzobispo de Adelaida, Philip Wilson, considerado culpable de encubrimiento de abusos a menores en Australia, ha sido condenado a un año de prisión por el tribunal de Newcastle. El prelado, apartado hace un mes por el Papa Francisco al no presentar su renuncia al cargo, podría no entrar en prisión, pues sus abogados han alegado que sufre Alzheimer, diabetes y problemas de corazón.

La de Wilson supone la condena del mayor alto cargo de la Iglesia católica en el mundo por delitos relacionados con la pederastia. El prelado, sostiene la sentencia, encubrió varios casos de abusos a menorespor parte de clérigos de su diócesis a dos monaguillos en la década de los 70.

El sistema penal australiano, a diferencia del español (en el que el reo evita la cárcel si es primera condena, y si ésta no supera los dos años), sí obliga a cualquier condenado a entrar en la cárcel desde el primer momento. Sin embargo, distintos medios apuntan la posibilidad de que el prelado pueda evitar los barrotes al estar enfermo aunque, en condiciones normales, ni siquiera podría solicitar libertad condicional hasta cumplir la mitad de la condena.

Fuentes judiciales, no obstante, no aclararon si entrará en prisión. De hecho, el juez se pronunciará en agosto sobre la solicitud de la defensa para que Wilson cumpla su sentencia bajo arresto domiciliario.

Philip Wilson, entrando en el tribunal

Un día después de ser hallado culpable, Wilson se apartó de su cargo de arzobispo de la ciudad de Adelaida, pero no dimitió, motivo por el cual Francisco designó un administrador apostólico.

Una comisión que investigó la respuesta institucional a la pederastia en Australia encontró que la Iglesia Católica, con fuerte arraigo en el país, recibió quejas de 4.500 personas por presuntos abusos de unos 1.880 hermanos y sacerdotes entre 1980 y 2015.

El Gobierno australiano tiene previsto en octubre pedir perdón en nombre del país a las víctimas de pederastia mientras se encontraban bajo el cuidado de las instituciones.

Asimismo el cardenal George Pell, “número tres” del Vaticano, afronta un juicio cuyos detalles no pueden ser divulgados hasta que concluya el proceso por orden judicial, pese a que ya se habían dado a conocer en la presentación de los cargos y en la fase de instrucción.

Nada más conocerse la sentencia, los obispos australianos emitieron un comunicado en el que esperan que la sentencia dé “paz y salud” a las víctimas de los abusos de James Fletcher. “Se necesita mucho coraje para que los supervivientes de los abusos se decidan a contar su historia”, añade la nota, que apunta cómo las víctimas “nos ayudan a aprender la lección de una historia vergonzosa de abuso y ocultamiento“.

“La Iglesia ha realizado cambios sustanciales para asegurar que los abusos y encubrimientos no formen parte de la vida católica, y que los niños estén seguros en nuestras comunidades” añade el texto, que se compromete a “continuar trabajando” para generar “normas de protección sólidas y consistentes” en todo el país. Finalmente la Conferencia de Obispos anuncia que no hará más comentarios sobre la condena.

*Fuente: Periodista Digital

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