“Finalmente me di de baja y me niego a pertenecer a un club que me acepte a mí como socio” (Groucho Marx)

Esta expresión del cómico me identifica a la perfección: me he dado de baja de los partidos políticos y me niego a pertenecer a cualquier club que me acepte. En mi vida, milité en la Democracia Cristiana, en el Mapu, en la Izquierda Cristiana y en el Partido Socialista; la verdad es que todos estos centros o  mafias, hoy son una realidad vergonzosa. La Democracia Cristiana está a punto de perimir, pues no es ni la sombra de lo que fue; el Mapu se transformó en una bolsa de lobistas y empresarios, cuya única meta es el poder y el dinero; la mayoría de los de la IC pasaron al Partido Socialista para integrarse a las filas de seguidores de Camilo Escalona; el Partido Socialista se ha transformado, de revolucionario latinoamericano, al más desnudo neoliberalismo y al culto del poder.

Reconozco que durante un tiempo creí, de buena fe, que eran importantes los  partidos políticos de inspiración cristiana, sobre todo si rompían con el integrismo católico y, posteriormente, avanzaban hacia el diálogo con los ateos y los marxistas. Una época de mi vida estuvo marcada por la teología de la liberación, el Concilio Vaticano II y las Conferencias Latinoamericanas (CELAM), procesos de los cuales no me arrepiento en absoluto, al contrario, aún me siento muy honrado de haber actuado en consecuencia.

Pienso, sin embargo, que los partidos políticos de inspiración cristiana son funestos cuando mezclan la fe y la política, intentando influir en una república que, necesariamente, tiene que ser laica; el clericalismo ha hecho mucho daño también a nuestro sistema educacional, sobre todo, cuando se confunde a Cristo con Mamón, o cuando los colegios católicos segregan a las clases  sociales y, peor aún, cuando buscan el lucro – claro que hay que distinguir entre los Legionarios de Cristo y el Opus Dei de las Congregaciones más avanzadas, como los Jesuitas, sin embargo, la mayoría es formadora de niños que “nacen con estrella”, dejando de lado a los “estrellados”.

En el caso del Mapu, se produjo un rápido proceso de abandono de la inspiración para adoptar “un marxismo para gente bien”, ideas surgidas en Francia del  filósofo francés, Louis Althusser, quien negaba el humanismo del marxismo, especialmente en los escritos de juventud de Karl Marx – Althusser terminó tan loco que asesinó a su mujer y, según he leído, era más sectaria que su marido -. La filosofía  Mapu consiste en un pragmatismo extremo y un gran facilidad para pasar del marxismo más dogmático, al neoliberalismo más cruel y sectario; al fin, en sus mentes se confunde a  Marx con von Hayek. Es sorprendente cómo estos personajes pasaron a formar parte de la élite socialista, convirtiendo ese Partido en “una empresa” y  en “agencia de empleos”.

El Presidente Salvador Allende no podía entender esta fe marxista de los antiguos “sacristanes”, y con buen sentido político, comprendía que debía existir un Partido, dentro de la Unidad Popular, capaz de captar los sectores progresistas que aún quedaban de la Democracia Cristiana. Posteriormente, el Mapu  se dividió en un sector pro comunista – Mapu-Oc -, que aprovechó muy bien el reconocimiento, por parte de URSS, como tercer Partido proletario, y otro casi MIR, Mapu – entonces dirigido por el ahora empresario Óscar Guillermo Garretón -.

La IC, que comenzó con nueve diputados,  terminó siendo minoritaria y, en 1973, apenas eligió un diputado  y, como todos los “sacristanes”, algunos pasaron del reformismo democratacristiano a la ultra-izquierda. Actualmente están divididos entre aquellos que pasaron a formar las filas del PPD y los seguidores de Luis Maira, que pasaron al Partido Socialista. Aún subsiste un pequeño sector que pasó a llamarse Izquierda Ciudadana”, cambiando el nombre histórico.

Milité en la DC, en su época de gloria, a partir de año 1957 y hasta el 69, y me sirvió mucho para conocer a filósofos como Emmanuel Mounier, a poetas, Charles Péguy y otros inspiradores cristianos, de mucha influencia en la relación entre ética y política, como también sobre el diálogo  entre  marxistas y cristianos.

Como se puede comprobar, estos partidos donde milité actualmente son regresivos y obsoletos, por consiguiente adopto el pensamiento de Groucho Marx: me declaro de baja y me niego a atraer a ninguna persona – de los  Partidos de antaño – a mis actuales convicciones, cada vez más cercanas a un escepticismo libertario.

Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo

04.10.2015

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