12 de diciembre de 2013
Tenemos delante la elección de la presidenta de Chile. Bien vale preguntarse por quién votar, y también si votar o no. Dado que se nos da la posibilidad legal de no acudir a las urnas, queda entregado a nuestra responsabilidad, ahora más que antes, el futuro político del país.
Avanzo algunas razones que abierta o subterráneamente nos mueven a NO VOTAR:
- El país seguirá más o menos el mismo curso con esta o aquella candidata. No debiera haber alteraciones mayores en la organización de la economía; los ajustes políticos por hacer no parecen decisivos como para cambiar la orientación del crecimiento de Chile. Uno voto más, un voto menos, da igual.
- Bachelet ganará de todas maneras. Sería una pérdida de tiempo ir a darle el voto. En este caso sería entretenido, al menos, participar y ganar. ¡Pero hay tantas entretenciones! Basta el teléfono, el I-pod… Sería aun más pérdida de tiempo votar por Matthei.
- Alguien puede pensar que el “sistema” no da para más. La mejor manera de hacerlo saltar, es saboteando el mecanismo más característico de su reproducción; el voto. El pensamiento anárquico está en alza. ¿A qué aspira? A algo así como a una sociedad sin instituciones o a una reconstitución de las instituciones después de haber dinamitado el sistema anterior. En muchos chilenos hay rabia contra la democracia chilena neoliberal. En algunos hay tanta rabia como para sacrificarla a un tirano parecido a Pinochet, por puro ver en qué se ganarían la vida algunos políticos que nos tienen agotados con sus sonrisas electorales.
- Votar da lata: vamos de elección en elección, la ciudad lleva meses y años en campaña, la cablería está llena de carteles y lo muros de grafitis; ir a votar son dos pasajes de locomoción; el domingo es para descansar, y este sería el segundo domingo en poco tiempo destinado a lo mismo. El país exige mucho, ¿y “qué me da”?
La razón para VOTAR, me parece, es esta:
Las personas hemos de ser responsables con nosotros mismos, con nuestros connacionales y con el país en su conjunto. El primer paso para asumir estas tres responsabilidades, es plantearse como adulto la pregunta por el valor de la Democracia. No sólo la pregunta por esta democracia chilena nuestra, por cierto imperfecta e incompleta, sino por la Democracia como régimen de gobierno que no funciona sin el voto de los ciudadanos.
¿Dictadura, Anarquía o Democracia? No soy experto en politología. Pero no veo otras alternativas. Votar significa apostar por la Democracia en contra de la nunca despreciable posibilidad de la Dictadura y de la Anarquía. Es decir, dos formas de organización social que normalmente acarrean violaciones espantosas de los derechos humanos, comenzando por el menosprecio de los más débiles. Pues debe quedar claro que nada protege más a los pobres, los frágiles, los quebrados, los insignificantes, los que nunca merecen nada, que una regulación jurídica de derechos y obligaciones, lo cual sólo las democracias pretenden garantizar.
¿Democracia, Dictadura o Anarquía? En la Dictadura prevalece la fuerza de uno o de algunos: los demás son aplastados. La Anarquía, mientras predomina, mientras la Dictadura no le arrebata el poder con la bayoneta, acarrea la lucha de todos contra todos. En esta lucha siempre ganan los más ricos, los más influyentes, los más relacionados, los más poderosos.
¿Anarquía, Democracia, Dictadura? Se comience por esta, esa o aquella, es de adultos parar y reflexionar en serio sobre estas posibilidades. Es responsable preguntarse con el corazón; ¿quién de nosotros se merece el país que tenemos? ¿No es Chile un regalo que, si de merecimientos se trata, debiéramos cuidar?
Por mi parte espero que el domingo próximo los chilenos se laven la cara en la mañana como lo hacen todos los días para trabajar por las personas que aman, agradezcan el país que recibieron y que los aguanta, y voten.
Cristo en Construcción
El autor, Jorge Costadoat, es sacerdote jesuita
*Fuente: Reflexión y Liberación
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Jesuita!!!!!!!!!!!!! sobran los comentarios
Sin ser de ningun credo religioso, digo que los jesuitas, como toda
organizacion humana tiene sus blancos y sus negros de alma.
Han recorrido el mundo, y han creado ayuda para la gente donde han ido.
Ya se que con la pretencion «civilizar», pero han ayudado.
Otros han llegado, han despojado y se han ido dejando solo dolor, muerte y ruina.
La anarquia como todo sistema violento ha dejado mucho menos que los jesuitas.
Hasta ahora nadie ha ganado la paz con la violencia.
Habría que decir que nunca la anarquía ha pretendido tomar el poder. La visión que la gente tiene, es una deformación del sistema dominante.
este señor deberìa leer a Produhon antes de hablar de anarquìa..
La respuesta: solo participaron en las
elecciones el 42,07% de los electores.
6696229 en la primera vuelta, y solo
5695764, en la segunda vuelta.
Es decir se sumaron a los abstencionistas más de
un millón de ciudadanos. Una pregunta en consecuencia ¿Cuál es la legitimidad
de una democracia, donde la mayoría de los ciudadanos decide no participar?