Nada peor que la derecha pechoña

En el tema de los derechos civiles las candidaturas de Andrés Allamand y Laurence Golborne piensan, prácticamente,  lo mismo. Aquello de la derecha liberal no existe y si alguna vez hubo un intento – con la “patrulla juvenil” o “la nueva derecha”, se redujo a mera pirotecnia y un vago conjunto de ideas que fueron absorbidas con la misma celeridad por los sectores conservadores de Renovación Nacional que, con Carlos Larraín, han hegemonizado ese Partido.

En Chile tenemos una de las peores derechas del mundo,  heredera del criminal y tirano Francisco, promovida por la iglesia española, una de las más reaccionarias de la historia de la humanidad que, durante la guerra civil, bendecían los fusilamientos de los luchadores republicanos. Esta mezcla de catolicismo, corporativismo y fascismo que constituyó el franquismo, ha sido heredada por la UDI, con el aditamento del neoliberalismo y la idolatría del mercado. Mientras no reduzcamos a este partido a su más mínima expresión política, en Chile serán imposibles los cambios y seguirá siendo el país más conservador de América Latina.

El proyecto de reforma constitucional, firmado por cuatro diputados de la UDI, constituye una de las mejores expresiones de lo funesta que es la derecha católica, que termina por corromper el carácter laico de la república. Estos diputados pretenden, nada menos, que en el artículo 1º de la  Constitución se incluya, taxativamente, el que nos niños sólo pertenecer a una pareja conformada por un hombre y una mujer; de esta manera pretenden evitar que en el Parlamento se discuta los derechos del matrimonio igualitario – ya en vigencia, recientemente, en países como Argentina y Uruguay y  en Francia.

En el rechazo del matrimonio igualitario coinciden las candidaturas  de Golborn y Allamand – aunque los dos no se atreven a dar un paso tan audaz como los cuatro diputados de la UDI – además de un sector conservador de la Democracia cristiana que apoya la misma idea.

No sólo en el tema del matrimonio igualitario se encuentra unida la derecha católica, sino también en el rechazo a los derechos reproductivos de la mujer, fundamentalmente el aborto terapéutico. Chile, junto al Vaticano, siguen siendo unos de los pocos Estados que rechazan toda forma de aborto, incluso el destinado a salvar la vida de la madre o la decisión de la mujer  violada.

En España, el Partido Popular, heredero de Francisco Franco, ha encabezado una campaña para tratar de derogar la ley de aborto, aprobada durante el gobierno de Rodríguez Zapatero que, no se refiere a un aborto terapéutico solamente, sino al derecho de la mujer de decidir sobre su propio cuerpo, a determinados meses de embarazo.

En cuanto a los derechos civiles, hasta el momento lo único que está dispuesto a aceptar un sector de la derecha es el Acuerdo de Vida en Pareja, cuya aprobación ha sido dilatada en el tiempo, por el Congreso.

Ni hablar de la muerte dulce, propuesta por el senador Fulvio Rossi, mucho menos por la legalización de la marihuana, que se ha comprobado su beneficio terapéutico para disminuir el dolor, y que es mucho menos dañina que el alcohol y el tabaco. Incluso, la candidata Michelle Bachelet, que está en una verdadera feria de propuestas demagógicas, al ser consultada sobre la legalización de la marihuana,  respondió: “no está en mi programa”, como si fuera una biblia católica o el Corán.

Por desgracia para Chile, tenemos partidos de inspiración cristiana –UDI y DC especialmente, cuyos diputados son digitados por la jerarquía conservadora de la iglesia para detener todo avance en los derechos civiles – antes ocurrió con el divorcio, hoy con el aborto terapéutico y el matrimonio igualitario -. Como bien dijo  Crecenté  Errázuriz en 1925, “el Estado abandonó a la iglesia, pero no ésta al Estado”; en el fondo, nunca entendieron que la república de Chile es laica y que debe tratar con igualdad y respecto a todas las religiones y a quienes no profesan ninguna.

22/04/2013

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