«Attenti al lupo» del fascismo
por Manuel Cabieses Donoso (Chile)
4 años atrás 4 min lectura
29 de octubre 2021
Cortemos el chacoteo electoral y enfrentemos de una buena vez la amenaza de la extrema derecha que se cierne sobre Chile. Asistimos a una escalada del fascismo –en versión 2021- que en nombre del “orden” intenta apoderarse del gobierno y frustrar la misión que la historia asigna a la Convención Constitucional.
Los sectores democráticos, sin embargo, están pajareando. Sumidos en disputas insignificantes que exacerban odiosidades y rencores. Lo mismo sucede con las organizaciones de trabajadores, pobladores y estudiantes que serán las primeras víctimas de un régimen fascistoide. Unos y otros brillan por su ausencia en momentos decisivos para levantar un muro que impida el ascenso del Partido Republicano y su candidato presidencial, José Antonio Kast.
La maniobra fascista necesita sembrar el miedo y lo está consiguiendo. El desorden y la violencia, la corrupción y la delincuencia, el reinado de la droga, harán que las capas medias pidan a gritos una mano dura que imponga la paz de los cementerios.
La última ratio del capitalismo se apoya en esas condiciones de pánico, creadas por las injusticias del sistema económico-social vigente. Capta simpatía mediante demagogia, anticomunismo y campañas del terror. Se vale de la anarquía y la delincuencia como fermentos reactivos de acumulación de fuerza. Sus cantos de sirenas atraen no solo a los sectores más conservadores y chovinistas de la sociedad, civiles, militares y religiosos. También manipula las capas más castigadas por el sistema y se valen del lumpen como rabiosa fuerza de choque para sembrar el pánico.
El fascismo histórico llega al poder mediante instrumentos “democráticos”. Así lo hicieron el creador de la doctrina, el italiano Benito Mussolini, y su discípulo alemán Adolfo Hitler con su Partido Nacional Socialista de Trabajadores. Una vez en el gobierno y Parlamento, el fascismo persigue los partidos democráticos y revolucionarios, subordina o prohibe los sindicatos, suprime la libertad de expresión y emplea suma violencia política y racial para aplastar a opositores.
Esa es la experiencia histórica. En el siglo pasado el fascismo y el nazismo, desencadenaron la segunda guerra mundial y crearon campos de prisioneros para matar de hambre o en las cámaras de gas a comunistas, socialistas, judíos, gitanos, homosexuales, etc.
Chile no estuvo ajeno al fascismo de esa época. En 1932 surgió el Movimiento Nacional Socialista acaudillado por el abogado y parlamentario Jorge González von Marées. El 5 de septiembre de 1938 el MNS intentó un golpe de estado. Alrededor de cien jóvenes armados ocuparon la casa central de la Universidad de Chile y el edificio del Seguro Obrero frente a La Moneda (que hoy ocupa el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos). Los 60 sobrevivientes del putsch fueron ejecutados a balazos y bayonetazos por orden del presidente Arturo Alessandri (1).
En los años 50 el fascismo chileno se reagrupó en torno a la revista Estanquero. Su líder fue Jorge Prat Echaurren, nieto del héroe naval y ex militante del MNS. Prat creó el Partido Acción Nacional que tuvo cierta influencia en el gobierno de Carlos Ibáñez (1952-1958). Prat ocupó la cartera de Hacienda e intentó una candidatura presidencial que fracasó.
En los 70 otro grupo fascista asesinó al general René Schneider, comandante en jefe del Ejército. El objetivo era provocar caos social y político mediante el secuestro de Schneider e impedir así que el Congreso Nacional ratificara la victoria de Salvador Allende.
Otro movimiento fascista, Patria y Libertad, surgió en esa época. Su objetivo: derrocar al presidente Allende. Su líder, el abogado Pablo Rodríguez Grez, dirigió sabotajes, crímenes, atentados y escaramuzas callejeras destinadas a provocar caos y desorden. Patria y Libertad recibía financiamiento empresarial y de la CIA. Oficiales de la Marina le proporcionaron instrucción, armas y explosivos.
Este es un breve repaso de la historia del fascismo en Chile. Está destinado a los que no creen que “eso” pueda ocurrir en nuestro país. Son los mismos candorosos que en 1973 aseguraban que un golpe de estado no podía suceder porque las FF.AA. acataban la Constitución.
Las candidaturas presidenciales democráticas que competirán el 21 de noviembre, deberían levantar un frente antifascista y sellar el compromiso de unirse en segunda vuelta. Los programas de los candidatos Boric, Provoste y Enríquez-Ominami no se diferencian tanto que les impida conformar un solo bloque para cerrar el paso al fascismo. El futuro gobierno democrático y el nuevo Parlamento tendrán un carácter transitorio. La nueva Constitución Política seguramente cambiará radicalmente estructuras y atribuciones de las actuales instituciones.
El entendimiento antifascista permitiría proteger la Convención y su propuesta constitucional. La Convención es la conquista democrática más importante de este siglo.
Las organizaciones sociales están llamadas a jugar un rol fundamental en el esfuerzo unitario anti fascista ante el peligro que las asecha.
Nota:
(1) Carlos Droguett, “Sesenta muertos en la escalera”, Editorial Nascimento, 1953.
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