El capitán garfio es un narciso
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
17 años atrás 4 min lectura
En la mitología griega, Narciso, era hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope y fue castigado por la diosa de la venganza Némesis, a enamorarse de si mismo por rechazar a la ninfa Eco. Su mito representa el amor excesivo a uno mismo.
Para Freud, que bien sabía de esas cosas, se originaba por el estancamiento de toda la energía de la libido en el yo, distinguiendo dos tipos de narcisismo, uno primitivo o primario vinculado al periodo infantil, en la cual el niño presa de su omnipotencia, no diferencia claramente su propio ser de los objetos del mundo y es él su propio objeto de amor. Por el contrario, reconoce el narcisismo secundario como un estado patológico posterior, de carácter permanente e inflexible que suele darse en adolescentes, artistas y personas que se repliegan sobre sí mismas.
La psiquiatría actual, describe a las personas narciscistas como aquellas que poseen un exagerado sentido de autoimportancia, fantasías de éxito, belleza o poder ilimitados y una falta de empatía grave con el restos de las personas. En general, son seres que se sienten especiales o únicos, y exigen una admiración excesiva, son pretenciosos y explotadores, sacando provecho de los demás para alcanzar sus propias metas, pues son incapaces de reconocer o identificar los sentimientos de los demás. Por lo mismo, son arrogantes o soberbios.
Y esas, son las características, que observo al ver la imagen de Sebastián Piñera en la televisión. Un hombre incapaz de ponerle freno a su búsqueda de poder y riqueza, incapaz de sacrificar sus enormes ganancias por su carrera política, como cuando fue sorprendido invirtiendo en Blanco y Negro S. A. a los días siguientes de haber declarado que renunciaba a todas sus acciones, las que hasta hoy mantiene, fideicomiso de por medio.
También es la misma impresión que tengo cuando lo veo en una actitud explotadora, asistiendo al funeral de una niña baleada y sacando provecho del sufrimiento ajeno, para su propio beneficio político. Y esa impresión se repite, cuando defensivamente (ó aloplásticamente, según la psiquiatría) inculpa a sus asesores del error cometido. Y nuevamente la observo cuando lo veo lleno de tics, hablando de “ Yo hice”, Yo soy”, “Yo tengo”, “Yo”, “Yo”, “Yo” e innumerables “Yo” en una misma frase, como si él fuera el centro del mundo y nadie más importara.
Su arrogancia la veo, cuando compra Chilevisión y la periodista que lo entrevista, le dice, señalándole en lenguaje televisivo que mire hacia la cámara 3 “ Sebastián, es tuya la cámara 3” y él con soberbia, le responde “ Es también mía la cámara 1, la 2 ..” y sigue el inventario. Es una arrogancia sin límites.
Piñera, no sólo busca el poder sino el poder ilimitado. Otro no le sirve, no le sacia y eso explica el rechazo que en gran parte de la Derecha evoca su presencia, y la que solo convoca acomodaticia adhesión en virtud de una encuesta, de un marketing que le señaló como posible…Nada más.
Él es incapaz de manejarse con pares, porque en su fantasía de omnipotencia él no los tiene. O son súbditos y lacayos o son enemigos y detractores. Él no comete errores, y sólo debe ser adorado.
Veo con horror, que esa impresión es demasiado cercana a la de otro latinoamericano peligrosamente parecido. Un millonario, empresario de derecha y un recién llegado a los sectores más conservadores de su país como él, y que con abismante arrogancia declara que “El salvó al Perú” y no reconoce su responsabilidad en la matanza de La Cantuta. Me refiero a Alberto Fujimori.
Sí, Piñera parece ser la versión chilena de Fujimori y eso es demasiado peligroso. Cuando personas como él llegan al poder, ya es demasiado tarde y la libertad se ha perdido. Si no, acordémonos del autogolpe que se dio “El chino” el 15 de abril de 1992.
Nadie es un demócrata si es incapaz de ponerse en el lugar de otros y el evento de La Pintana nos lo recuerda.
Esa es una advertencia, un llamado a la reflexión, tanto a sus opositores, como a aquellos que lo apoyan. Después será demasiado tarde…
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