Evangélicos fanáticos
por Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo (Chile)
8 años atrás 4 min lectura
12.09.2017
Una piedra conmemorativa recuerda a los exiliados del cielo y de la tierra, al referirse a los protestantes, que eran sepultados en un sector del cementerio destinado a los disidentes. Los llamados protestantes, perseguidos por la dominante iglesia católica, hegemónica durante el siglo XIX, pertenecían a los movimientos más progresistas de la sociedad chilena. A los fieles de las iglesias disidentes se les denominaba “canutos” por el famoso predicador callejero, Juan Bautista Canut Debon.
Durante el siglo XX, las iglesias llamadas protestantes, que responden a distintas denominaciones y tendencias, penetraron poderosamente dentro del mundo popular compitiendo con la poderosa iglesia católica. Según un sociólogo, el protestantismo se constituyó en un refugio de las masas, que requerían soluciones más sencillas y maniqueas frente a su desamparo de los avatares de la vida. Las iglesias protestantes, por ejemplo, hoy por hoy, juegan un papel muy importante en la conversión y acompañamiento de los reos en las cárceles del país.
Sabemos que el mundo protestante es tan variado, por consiguiente, no hay que confundir algunas iglesias históricas de los progresistas con los fanáticos, que han venido apropiándose de los actos de acción de gracias, que se celebran con motivo de las fiestas patrias, actos instaurados por el dictador Augusto Pinochet, a raíz de una de las tantas peleas que sostuvo con la iglesia católica por la defensa de los derechos humanos – hay que recordar que la iglesia luterana fue muy importante en la formación del Comité Pro Paz, predecesor de la Vicaría de la Solidaridad -.
Durante varios años los diputados católicos se constituyeron en el principal obstáculo para aprobar leyes progresistas – entre ellas el divorcio –, sin embargo, a un Presidente socialcristiano, Eduardo Frei Montalva, le debemos una de las legislaciones más progresistas en la historia, referida a los métodos contraceptivos.
En el último Te Deum, oficiado por el conjunto de las iglesias protestantes en Chile, un sector de fanáticos religiosos se dio el lujo de proferir gritos procaces contra la Presidenta de la República, acusándola de asesina por el solo hecho de haber presentado un proyecto de ley, luego aprobado por las dos Cámaras y, además, con el pronunciamiento a su favor del Tribunal Constitucional, mediante el cual se elimina la pena de cárcel para la práctica del aborto sobre la base de tres causales – peligro de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación -. Es tan moderada esta ley que hasta un país tan católico como Colombia, ya lo había aprobado.
Este sector fanático y troglodita, que aún en pleno siglo XXI es vigente en Chile, no sólo rechaza el aborto, sino también el matrimonio igualitario y cualquier legislación que favorezca el progreso en las relaciones humanas.
La interpretación de la biblia es tan ridícula y reaccionaria que se quedan con la letra de textos escritos por pueblos primitivos, varios siglos antes de Cristo; a tal punto llega su estupidez que repiten el contenido del documente de Sodoma y Gomorra, ignorando su carácter simbólico y, lo que es peor, sin ninguna exégesis bíblica que empleo métodos científicos para comprender el pasado histórico.
Vivimos en Chile una época de monstruosa reacción hacia siglos pasados: los sectores trogloditas se derechizan cada día más; es muy triste comprobar que en la última encuesta CEP un alto porcentaje de los ciudadanos requeridos para tal fin consideran a Sebastián Piñera Echeñique como el más honesto de los candidatos a la presidencia de la república, que demuestra cuál imbécil y desinformado pueden ser los votantes, lo cual incide en una concepción de la sociedad, mediante la cual mientras más corrupta sea la élite y los que van a dirigir el país, de seguro, van a elegir al más pillo y corrupto, (así ocurrió en España, en Italia, en Perú y Argentina, por ejemplo).
Nada más abominable que las teocracias: entender la política como salvación del alma es la estupidez por excelencia y, como decía Max Weber, “el poder consiste en vender el alma al diablo”, siempre es fuerza, coerción y dominación. Ya es tiempo para sacudirnos de estos fanáticos religiosos, que quieren imponer a la sociedad su visión troglodita del mundo.
El Te Deum, hoy por hoy, es una ceremonia ridícula y sin sentido para un país laico que desde 1925 se dio la separación entre la Iglesia y el Estado, a pesar de que el entonces cardenal Crecente Errázuriz dijera que “el Estado había decidido separarse de la Iglesia, no así la Iglesia del Estado”.
Afortunadamente ya pasó la época de aquellos canticos fanáticos – “…A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en el hogar…” – y aquel tan “caritativo” que decía “qué bueno que murió Garibaldi Pum”-.
Antes, en el Congreso coexistían bancadas y partidos católicos, hoy están siendo reemplazadas por los fanáticos protestantes, entre ellos el UDI Iván Moreira. Este pobre país desde hace un tiempo está cayendo en el marasmo del fanatismo-piñerismo-canutismo y de la estupidez ilimitada.
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Según leo en El Mostrador, ahora los ofendidos son los evangélicos, porque los medios los trataron de «canutos fanáticos». El viejo truco de meter las patas ofender innecesariamente y hacerse la víctima.
Y por otro lado, una falta de previsión de los asesores de la presidencia, de no revisar el programa y darse cuenta que los oradores evangélicos eran candidatos de RN , por lo que el acto de convivencia era un mitin de los opositores del gobierno revestido de religiosidad.
La Moneda debiera dejar de meterse en temas religiosos, por su propio bien. Que cada uno cante sus aleluyas en privado a quien le de la gana, pero no agreguemos confusiones innecesarias en nuestra convivencia.
Bien lo sabía el Depto de Estado Norteamericano cuando para hacerle frente a la Teología de la Liberación, que cuestionaba lo que llamaba injusticia histórica, financiaron denominaciones evangélicas en Iberoamérica. Sobre todo las que creían en la Biblia al pie de la letra, y cuyos pastores generalmente, tienen muy poca formación teológica y sus seguidores confunden las creencias particulares con las leyes de una república, a semejanza del Islam y sus fanáticos.
Mal pronóstico le veo a la política con la intervención de religiosos poco informados.