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Reconstruir la República

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14 de agosto de 2026

La República del cansancio: cruzar el abismo, montar los rieles y fundar la insularidad inteligente

El viento helado del Pacífico que golpea las rocas de la bahía y el desafío titánico de Joseph Strauss al levantar el Golden Gate comparten una misma premisa: la convicción de que lo imposible es simplemente un desafío que aún no tiene los planos correctos. Construir sobre el abismo exigió audacia, redes de seguridad y la disposición de arriesgarlo todo para unir orillas que la naturaleza había declarado inconectables. Hoy, sin embargo, Chile observa su propio abismo desde la orilla opuesta: la parálisis, el agotamiento crónico y una profunda falta de entusiasmo colectivo donde la conversación republicana ha quedado reducida a un eco lejano.

En otra latitud y bajo cielos igualmente inclementes, la historia de aquellas legendarias diligencias que cruzaron el oeste americano demostró que el territorio se conquista domesticando la distancia. Cuando en 1852 la compañía fundada por Henry Wells y William Fargo asumió la tarea titánica de transportar valores y esperanzas a través de desiertos implacables y pasos cordilleranos, entendió que el movimiento era la única garantía de vida para una nación en ciernes. Y cuando el advenimiento del ferrocarril transcontinental amenazó con sepultar sus carruajes bajo el peso del progreso, la empresa no se rindió a la obsolescencia: mutó, tendió puentes con los rieles y transformó sus estaciones en el motor logístico de un continente entero. Esa misma audacia mutativa es la que hoy yace sepultada bajo el peso de un Estado capturado por la inercia, incapaz de comprender que las naciones no se salvan administrando la decadencia, sino inventando los caminos que aún no existen.

Chile, en cambio, observa su propio abismo desde la modorra de un presente inerte. La crisis que atraviesa el país no es meramente económica ni electoral; es una fractura instalada en la base misma de la vida social. Como detalla el análisis del malestar contemporáneo, la población vive bajo el imperio de la poda y el disgusto. Desde el nacimiento —donde se escamotea sistemáticamente el contacto piel con piel y se ignora la evidencia científica en favor de una rotación fría de camas— hasta las jornadas extenuantes que provocan insomnio en el cuarenta por ciento de los trabajadores, el cuerpo social ha sido sometido a una atrofia sistemática. Con la corteza prefrontal funcionando a media máquina debido al cansancio permanente, la ciudadanía ha transitado del miedo al rechazo visceral: una ostra cerrada que ya no cree en las promesas de la clase política.

El resultado es la ausencia absoluta de una conversación republicana genuina.

Los liderazgos políticos, atrapados en la economía de la atención y en la performance digital, ofrecen espectáculos vacíos mientras los problemas reales de la ciudadanía se postergan indefinidamente. La fatiga colectiva ha vaciado de contenido las instituciones intermedias, dejando a la sociedad sin espacios físicos de deliberación, reducida al triste murmullo de pantallas que anestesian sin consolar.

La insularidad inteligente y los rieles del futuro: el suelo material de un nuevo proyecto país

Para superar el desánimo y dotar a la República de un horizonte tangible, no basta con la catarsis del malestar ni con la apelación abstracta a la concordia. Así como el tendido ferroviario obligó a cruzar fronteras geográficas impensables, Chile necesita fundar un nuevo pacto material anclado en nuestra condición insular y en nuestra tradición técnica: proyectos de insularización e industrialización estratégica que transformen nuestra riqueza natural en soberanía tecnológica y bienestar social.

Chile posee una combinación geológica y humana única que ha sido desperdiciada bajo el dogma del mero extractivismo. La ingeniería chilena actual —formada en las bregas de la alta cordillera y la minería compleja— tiene la capacidad histórica de tender los nuevos rieles de la soberanía:

  1. La Ruta del Litio y el Hidrógeno Verde con Valor Agregado: Dejar de exportar materias primas en bruto para consolidar una industria nacional de almacenamiento energético, baterías y electromovilidad. La insularización económica exige que el ciclo del valor tecnológico ocurra en el territorio, generando empleos de alta complejidad que dignifiquen el trabajo y rompan con la precariedad estructural.
  2. Soberanía del Agua y Tecnología Desaladora Pública: Frente a la crisis hídrica, articular una red nacional de plantas desaladoras de alta eficiencia energética basadas en energías renovables (solar y eólica del norte), administradas como infraestructura crítica del Estado para garantizar tanto el consumo humano como la soberanía alimentaria de los valles transversales.
  3. Biotecnología Oceánica y Acuicultura del Conocimiento: Aprovechar los miles de kilómetros de costa del Pacífico para estructurar una industria nacional de investigación marina, farmacéutica y alimentaria, superando el modelo primario-exportador por uno de alta densidad científica.

Hacia la reconstrucción republicana

La falta de entusiasmo y el repliegue ciudadano no se resolverán con llamados a la moderación tecnocrática, sino devolviendo a los chilenos un propósito común que merezca ser habitado.

Así como los pioneros del ferrocarril entendieron que un país se une tendiendo vías sobre lo imposible, la reconstrucción de Chile exige abandonar la resignación y recuperar el enthousiasmós: esa fuerza comunitaria capaz de articular un destino compartido. Para ello, es imperativo garantizar las condiciones biológicas desde la cuna —asegurando la primera hora de vida y el descanso— y respaldarlas con un proyecto de insularización económica que dé sustento material al trabajo y al ingenio nacional.

Solo al levantar un nuevo puente entre la presencia real, la justicia social y el desarrollo soberano, la República dejará de ser una promesa postergada para convertirse, por fin, en el hogar común que nos atrevamos a construir.

-El autor, Humberto Del Pozo, es psicoanalista relacional, cientista social y escritor. Facilitador y Director del Centro Bert Hellinger desde 1999.

*Fuente: ElDesenfoque
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