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El Principito reaparece en el desierto del Sáhara Occidental 

El Principito reaparece en el desierto del Sáhara Occidental
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07 de diciembre de 2022

Relato publicado originalmente el 14 de septiembre de 2022 en «No te Olvides del Sára Occidental»

Texto de Aliyen Habib Kentaui, intelectual y diplomático de la República Saharaui. Representación Sahara Occidental en Bruselas y Unión Europea.

El Principito reaparece en el desierto del Sáhara[1]

Alrededor de una ceremonia de té en los campamentos de refugiados saharauis, Ahmed nos cuenta su extraño sueño:

“Era una noche de calor sofocante. Esa noche soñaba que en un recorrido dentro del territorio saharaui se averió mi vehículo en una zona deshabitada, justo en el momento del ocaso de un día de verano. La puesta del sol enrojecido anunciaba otro día abrasador, mala señal.

En el desamparo y antes de pensar cómo enfrentar al desastre, la oscuridad de la noche embestía la soledad del desierto. Agotado, sediento, consciente de mis exiguas provisiones mermadas por varios días de viaje, decidí prender una pequeña hoguera, preparar un té y unos austeros trozos de tishtar[2], que sabia estaban en el fondo de mi mochila, como cena y dormir hasta el día siguiente. Sabía que era una avería muy seria y mi suerte pendía del azar. Estaba tan agotado que el té se limitó a un solo vaso, lo que es un sacrilegio para un saharaui, y pronto sucumbí al mundo de los somnolientos.

Esa noche, en mi sueño, cabalgaban entremezclándose el presente, el pasado y el atisbo de un futuro del territorio saharaui. En mi profundo sopor, divisé un frig [3] de jaimas tradicionales bien erigidas, ordenadas en círculo y envueltas en una aureola. Me aproximé a las jaimas.

De súbito, y antes de saludar o pedirles auxilio, la idílica imagen se perturbó. Todo cambió. Estruendos, rayos, retumbar de tambores, una burbuja que encerraba a un diminuto ser se desintegró y una llovizna de gotas multicolores empaparon la arena. Finalmente se divisó un eclipse de sol. El día se tiñó de oscuro. Percibí que yo era el único atemorizado. Atónito, expectante, esperaba respuestas. Ningún poblador del frig se inmutaba, nadie sentía el mismo pavor. Brotes de una fauna extinguida resurgieron. Mi pánico se agudizó. Sabía que era rara la presencia de un frig en esa zona tan insegura y recóndita. Inesperadamente, volvió a reinar el silencio. Solo una estrella solitaria en el cielo iluminaba el paisaje. El misterio se ahondaba.

Armado de valor, un joven sereno dio pasos hacia un enigmático y diminuto personaje que emergía de todo ese desorden que asemejaba a un mini Big Bang. ¡Era un niño de melena áurea!

El joven preguntó al enigmático personaje:

– ¿Quién eres? – un prolongado silencio…

El joven insistió:

– ¿Quién eres, pequeño?

Sonriente, el pequeño respondió:

– Soy el pequeño Principito.

– ¿El pequeño amigo de Antoine de Saint-Exupéry? – interpeló el joven.

– ¡El mismo! – respondió El Principito.

Se miraron fijamente.

– ¿No eres un afrit [4]? – insistió el joven.

– ¡No! En realidad, soy el mismísimo pequeño Principito.

Y alzando su dedo índice al cielo susurró:

– Estaba predestinado que apareciera bajo esa estrella

Y continuó:

– Desde la creación del universo, no he evolucionado, vivo en un pequeño planeta, en otra galaxia… Peregrino entre planetas, pero tengo un profundo apego a esta parte del planeta tierra… ¡Me aflige su continuo tormento! Soy testigo de las fechorías de los humanos, y especialmente de los mayores – prosiguió El Principito.

– Yo soy Basiri [5] – respondió el joven.

El Principito asintió, dando a entender que ya conocía a Basiri.

– He seguido siempre tu destino, esta es una cita excepcional. Quería que encontraras y saludaras a otro amante de esta tierra, un héroe como tú, un viejo amigo mío. Antaño la fortuna entrecruzó nuestros caminos en este rincón del universo. Él también luchó y se sacrificó por su país.

De nuevo se escucharon ruidos y el aterrizaje de una avioneta. El piloto descendió. Era Antoine Saint-Exupéry. El Principito irradiaba alegría mientras saludaba a su viejo amigo.

– ¡Esta vez no le pediré que me dibuje un cordero! – bromeó el principito con su amigo, recordándole su primer encuentro durante su avería en el Sahara – ¡Hoy quiero que encuentres a Basiri!

Saint-Exupéry entusiasmado, fijó su mirada en Basiri… y exclamó:

– ¡Ah! ¡El gran héroe saharaui! ¡Por fin!, ¡por fin! Y añadió:

– En Europa se habla mucho de vuestra causa, pero poco hacen por ella.

El pequeño Principito, dolorido, agregó:

-Sí, observo desde mi pequeño planeta lo que se hace y no se debería hacer, y lo que no se hace y se debería hacer. Pero así actúan las personas mayores, ¡las personas mayores son así!

Y sin más, el Principito presentó a sus dos héroes:

– Creo que tenéis mucho de qué hablar.

Y se apartó, para dejarles hablar en la intimidad.

Deslumbrado, observé desde cierta distancia. Perdí el miedo y la extrañeza al asegurarme de que el joven no era otro que nuestro héroe Basiri, el extraño personaje era el legendario Principito. Él y su entrañable amigo Antoine Saint-Exupéry descendían para infundir ánimo y amistad.

Pregunté al Principito:

– ¿Por qué este cónclave?

-Esta vez quería que Antoine Saint-Exupéry y Basiri se abrazasen y sintiesen la afinidad que une a todos sus congéneres – contestó el pequeño Principito.

Boquiabierto, dije:

– Pero, Principito, ¿cómo pudiste resucitarlos?

El Principito me miró como ofendido por mi ignorancia. Respetuoso, le mire encogido.

El principito filosofó:

– ¡Los que mueren para ser libres no mueren!  Yo conozco el lugar de la morada de Antoine Saint-Exupéry y la de Basiri. Sus asesinos creen que nadie conoce sus moradas. Yo soy el único que las conoce. Yo observo desde ángulos diferentes… Desde tiempo atrás, ya lo dijo Antoine Saint-Exupéry: “Las personas mayores, siempre necesitan explicaciones, nunca comprenden nada por si solas”.

Embelesado, continué preguntando.

-Principito, ¿y por qué Basiri y sus compañeros en el frig no se atemorizaron por el ambiente apocalíptico creado a tu llegada? ¡Yo estaba aterrorizado!

– Basiri y sus compañeros no temen. Son vuestros mártires, viven en otra dimensión…. Ya superaron el umbral del miedo y el de la muerte tanto en esta vida como en la anterior. ¡Son impávidos, son inmortales! – respondió el Principito hondamente conmovido.

– En realidad, no era un ambiente apocalíptico.

Prosiguió el Principito:

– Era a la vez una escena solemne y jubilosa:  el ruido, la llovizna, los colores, los rayos y la explosión de la burbuja, eran cánticos e himnos a los héroes del frig.

-Principito, ¿por qué no visitas conmigo a los refugiados saharauis en el desierto de la hamada? [6]

– Me entristece visitar a los saharauis fuera de su tierra. Los visitaré cuando regresen al lugar donde Antoine Saint-Exupéry tuvo su avería que le llevó a aterrizar en el Sáhara Occidental – respondió el Principito.

El Principito y su amigo Antoine Saint-Exupéry vieron un Sáhara diferente en ese segundo viaje.

Entristecido, el Principito aseveró:

– El Sáhara ya no es tan hermoso como antes. El agua impoluta de sus pozos de la que bebí junto a Antoine Saint-Exupéry, ya no sacia la sed. Foráneas criaturas devoran lo que crece y lo que se descubre. ¡Pero lo voy a resolver! – gritó eufórico el Principito.

Prosiguió:

– ¡Pediré a Antoine Saint-Exupéry que a su regreso a Europa me dibuje un bozal para estas criaturas! ¡Como el bozal que me dibujo para que el cordero no se comiese mi flor! Ya ni siquiera la melancolía te invita a contemplar la puesta del sol en esta tierra, donde las leyes humanas y divinas son profanadas y lo evidente se tuerce en esotérico.

Jadeante enfatizó:

– ¡Y tanto silencio cómplice… y lenguas bifurcadas! Ya dijo Saint-Exupéry que las personas mayores nunca comprenden nada por sí solas y es cansador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones.

Juicioso, el Principito añadió:

– Las personas mayores se comportan como airados dioses del Olimpo. Impiden el retorno de vuestros refugiados a su Itaca, sin haber cometido crimen alguno.

Reflexivo, el Principito ensartó el espíritu de varias de sus citas desveladas a su amigo Antoine Saint-Exupéry durante su primera visita al Sáhara en los años 30 del siglo pasado:

– Quieren plantar en vuestro país un baobab [7] cuyas raíces harán estallar a la delicada región, tan sensible como mi pequeño planeta. ¡Las personas mayores siguen sin comprender! Ya aconsejé realizar un auténtico dibujo del baobab para que los mayores comprendieran el peligro. “A veces no hay inconveniente en dejar para un poco más tarde el trabajo; pero tratándose de un baobab, el retraso es siempre fatal. También mi pequeño planeta solo puede acomodar una delicada flor. Ya Antoine Saint-Exupéry en su primer viaje también dio el grito de alarma: «¡Niños, atención a los baobabs!”

Vino a mi mente el constante zarandeo político del Sáhara Occidental a manos de los mayores. Conmovido por la sinceridad del pequeño Principito, mi fe en la humanidad se tambaleó por un momento. ¡Nunca había imaginado que los humanos podríamos ser tan desalmados o tan crueles con los de nuestra misma especie! Absorto, perdí la noción del tiempo.

El Principito, afligido apareció de nuevo. Lagrimoso tartamudeó:

– Estaba despidiendo a Basiri y a Antoine… ¡Regresen a sus moradas!

No quería atormentar aún más al pequeño Principito. Solo insistí:

– Principito, si no vas a visitar a los refugiados esta vez, ¿qué mensaje quieres enviarles?

El Principito, sin titubeo, sentenció:

– No te apenes, después de la sequía lloverá… después de la sequía lloverá

Después de esta revelación, el Principito se dispuso a regresar a su pequeño planeta. Una suave brisa arenosa enrareció el ambiente. El cuerpo del Principito comenzó a desvanecerse. Se fundió gradualmente en luminosos destellos, formándose de nuevo la misma burbuja en la que había descendido. Lentamente en su burbuja, se elevó y se alejó, poco a poco, hasta su total desaparición. Solo quedaba una estela de luz en el espacio y el eco de su voz: “Después de la sequía lloverá… después de la sequía lloverá… después de la … des…”.

Me desperté sobresaltado y miré alrededor. Estaba en mi tienda en los campamentos de refugiados saharauis. Impaciente, pensé en la hora de la tertulia del té para contar mi sueño. Y este fue mi extraño sueño.

¿Será un sueño profético? ¿Qué dirán los videntes, los intérpretes de los sueños? Y, sobre todo, ¿qué dirán los mayores?

El autor, Aliyen Habib Kentaui, es intelectual y diplomático de la República Saharaui. Representación Sahara Occidental en Bruselas y Unión Europea.

*Fuente: No Te Olvide del Sáhara Occidental

Notas:

[1] Relato inspirado en El Principito, Le Petit Prince, novela corta escrita por el famoso escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, quien luchó contra la ocupación de su país por la Alemania nazi. Murió al ser derribado su avión el 31 de Julio de 1944. El lugar de su derribo es todavía motivo de controversia.

[2] Carne de dromedario secada al estilo tradicional para su duradera conservación.

[3] Campamento nómada compuesto por un conjunto de jaimas.

[4] Demonio.

[5] Líder nacionalista y anticolonial saharaui, quien lideró el primer movimiento contra el colonialismo español precursor del Frente Polisario. El 17 de junio de 1970 fue preso y torturado por las autoridades colonialistas españolas. Desde entonces continúa desaparecido, aunque diversas fuentes aseguran que fue fusilado.

[6] Meseta desértica en el sur de Argelia donde están instalados los Campamentos de Refugiados Saharauis.

[7] Árbol autóctono de grandes dimensiones que se encuentra en varios países del África negra. Es referencia de muchas leyendas en la narrativa oral africana.

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